Tenía razón Luis de la Fuente. Los jugadores estaban picados; dolidos después del tropezón inicial contra Cabo Verde. Pero también lo estaba el propio seleccionador, que enmendó sus errores. ¿El resultado? Una España mucho más reconocible, más amplia, más fluida, más natural y más eficiente. Un partido incómodo, ante una Arabia Saudí superada por el tsunami futbolístico de su rival, que se quedó sin historia en el minuto 23. Antes de la pausa de hidratación, España no sólo selló la primera victoria, sino que se reencontró con su mejor versión. O al menos una más parecida a la que acostumbraba. Lamine abrió la lata y Oyarzabal certificó la goleada con un doblete para que Cucurella la completara hasta el 4-0. Ahora, toda la presión para Uruguay, que medirá sus urgencias ante el hueso caboverdiano a las 00:00 horas de este lunes.
El once inicial ya daba pistas de que España aprendió la lección. De la Fuente intervino. Sacó a Gavi, Llorente, Fabián y Ferrán del once titular. Metió a Lamine por derecha y sorprendió con Baena como extremo izquierdo. Volvían las bandas y eso siempre es sinónimo de diversión. Dani Olmo también regresó y debutó como titular en un Mundial Pedro Porro en el lateral derecho. Retoques a los que se sumaron la corrección de la posición de Pedri, algo más retrasado que en el debut ante Cabo Verde y cediendo ese espacio en la mediapunta a Olmo. En consecuencia, un dibujo mucho más natural y acorde al historial de la Selección; con tocones en posiciones interiores, un puñal por la banda derecha y un falso extremo izquierdo al que sí le es familiar ese rol.
España – y De la Fuente – fue fiel a sí misma. Tras el pitido inicial, se vio. España no tardó en enfilar la portería saudí. Lo hizo un Lamine al que se le veía fresco y con hambre. La peor combinación posible para el rival. Encaró, pero sin mucha suerte. A medida que pasaban los primeros minutos, el fútbol fluía con mayor naturalidad. Los espacios se ocuparon con más eficacia y los jugadores ya no la querían al pie. Buscaban el espacio, la pared, la combinación rápida. Lo que favorecía una circulación de pelota acorde al estilo del combinado nacional. Baena y Yamal daban amplitud al equipo, con las incursiones de Cucurella y Porro por sus correspondientes alas, tanto por dentro como por fuera. Todo lo contrario a las escasas soluciones que ofrecía la dupla Torres-Llorente en el flanco diestro ante Cabo Verde.
Fantasmas fuera
Soluciones mil sobre el tapete, más armas y una orquesta que ya afinaba la melodía con la pelota; aunque abusando en cierto modo del centro lateral desde las botas de Yamal. El equipo no terminaba de conectar con sus rematadores e incluso tuvo una pérdida en tres cuartos del campo saudí que provocó un conato de rebeldía rival que Cubarsí solventó a las mil maravillas. A partir de ahí, el nivel de la Selección fue in crescendo. Rodri, Pedri y Olmo gobernaron el partido a su antojo, aculando al bloque árabe contra su propia portería pese a que no tener aún grandes ocasiones. Pero llegarían.
Y vaya que si llegaron. Primero avisó Porro con un disparo desde la frontal que se fue desviado, tras una circulación cambiando el sentido del juego de derecha a izquierda para agitar a la defensa. A la siguiente, llegó el primero. Lo firmó Yamal tras un gran pase entre líneas de Álex Baena para poner a correr a un Oyarzabal que sirvió un balón raso al segundo palo, donde esperaba el culé para meter el primero en la jaula. Tranquilidad y a seguir creciendo.
Los chicos de De la Fuente okuparon el campo saudí con más saña tras el primer tanto español. Ni un atisbo de rebeldía por parte de un rival al que se le empezaba a hacer largo el encuentro. España acumuló ocasiones en un breve lapso de tiempo hasta que, recién cumplido el minuto 20, Mikel Nazario Oyarzabal perforaba de nuevo la portería árabe. Sirvió la Selección desde la esquina y, tras una serie de rechaces, el ariete vasco acarició el balón con el exterior de su bota izquierda para batir a Al-Owais. Poco iba a durar ese ‘dos’ en el casillero español, pues Oyarzabal sumaría el segundo tanto a su cuenta particular para poner el 3-0 y certificar que el empate sin goles del debut fue coyuntural.
Sendos goles terminaron de resquebrajar el plan saudí antes del descanso. España convirtió su propia urgencia en contundencia y fluidez. Se marchó a vestuarios con el partido resuelto, la sensación de haber recuperado la confianza, zafarse de sus propios fantasmas y una diferencia que permitía a De la Fuente dosificar a los suyos de cara a una segunda parte que encararían con mucha más calma.
Trámite y presión para Uruguay
El regreso al terreno de juego tras el cuarto de hora de refresco fue un mero trámite para el conjunto de De la Fuente. El seleccionador no esperó ni a que el balón rodase para dar descanso a los dos goleadores – hasta el momento – del partido. Lamine Yamal y Mikel Oyarzabal no saltaron al tapete del Atlanta Stadium. Minutos para que Ferrán Torres recuperara confianza tras un primer partido discreto y premio para el debutante Yeremi Pino. Apenas agitó el esquema inicial. Jugador por jugador para amasar más goles de cara al cruce ante Uruguay del próximo fin de semana, donde se dirimirá – a priori – la primera plaza del grupo.
Ni tres minutos pasaron hasta que llegó el cuarto gol de España. Lo hizo Altambakti en propia puerta tras un remate en semifallo de Cucurella, que sorprendió por el flanco derecho para amplificar la goleada con algo de fortuna. Ya con todo el pescado vendido, el técnico riojano prosiguió con su carrusel de cambios para dosificar piernas y sumar soldados a la causa. Olmo y Baena dejaron hueco para Mikel Merino y un Nico Williams en busca de sensaciones. Pedri abandonó el terreno de juego para que el campeón de Europa Fabián subiera la nota de lo exhibido ante Cabo Verde.
No hubo mucha más historia en una segunda parte de graduar esfuerzos y minimizar riesgos. En todos los sentidos, pues los goles cuentas. España intentó aumentar su casillero goleador, pero sin mucha suerte. Lo tuvo Ferrán en un mano a mano frente al meta saudí que se le marchó lamiendo el palo derecho. El Tiburón no conseguía el premio. Tampoco se lo concedió el VAR, que anuló su primer gol por un fuera de juego que parecía menos claro a medida que pasaban las repeticiones. Sin suerte para el delantero, pero victoria contundente para trasladar toda la presión a Uruguay y mandar un mensaje al resto de favoritas: España no estaba muerta… Ya saben cómo termina.











