Tres semanas ha estado fuera del ojo público Elvira Sajipzádovna Nabiúlina, presidenta del Banco Central de Rusia. Calificada como «tecnócrata» y hasta «liberal» por medios occidentales, a esta alta funcionaria rusa se le atribuye el relativo buen funcionamiento de la economía rusa en los últimos años pese al aluvión de sanciones internacionales que se han cernido sobre ella, una posición que, pese a todo, le ha valido las críticas de ciertos sectores dentro del Kremlin que propugnan la plena militarización de la economía y la priorización del esfuerzo bélico sobre la estabilidad macroeconómica. Pese a que la justificación oficial para tan prolongada ausencia es la de hallarse de «baja médica» debido a un «severo resfriado», medios de prensa y observadores han dado a entender que muy bien podría estar motivado por un nuevo desencuentro con las políticas belicistas del Kremlin y sus defensores.
Las faltas de asistencia a eventos ya programados han sido de calado. El 4 de junio no participó en un panel de debate en el Foro Económico de San Petersburgo, una cita a la que acude habitualmente cada año. Cinco días después, canceló su participación en una conferencia de la Asociación Nacional de Participantes en el Mercado de Valores, y al día siguiente no acudió a una reunión que tenía agendada con el presidente Vladímir Putin en la que precisamente se habló de tipos de interés y de inflación. Finalmente, este lunes, el servicio de prensa del Banco Central, anunció que este viernes participaría en una rueda de prensa tras una reunión de la junta directiva de la institución, poniendo fin, al menos de forma aparente a cualquier disputa que hubiera podido surgir en estos días.
Fuera del círculo de Putin
Tal y como admite el politólogo Ruslán Aisin a la emisora Radio Svoboda, «Nabiúlina no pertenece ni al circulo de amigos de Putin, ni a la corporación» de exmiembros de los servicios secretos de los que procede el propio presidente de Rusia. «Es una figura a la que se ha encargado la estabilidad» financiera de la economía, según la valoración de este analista, quien considera que es cuestión de tiempo que abandone el cargo que en la actualidad ostenta ante la dirección del país. «Nabiúlina pidió en un informe dirigido al Kremlin que se redujera el gasto militar, a lo que Putin se ha negado», ha revelado este experto. Durante su ausencia, se realizaron nombramientos en puestos situados en el escalafón inferior inmediato al suyo.
El mandato de Nabiúlina finaliza en junio del 2027. La cadena independiente rusa TVDozhd, con sede en Ámsterdam, ha asegurado que la funcionaria ha transmitido al líder del Kremlin el mensaje de que estaba dispuesta a mantenerse en el puesto hasta el final legal de su mandato, previsto en junio del año que viene, si la guerra continúa por los derroteros actuales. En el caso de que las autoridades opten por «declarar la ley marcial» e impongan «el cierre de las fronteras», la directora del BC abandonaría su puesto inmediatamente. El caso de Nabiúlina, según el periodista de ‘Nóvaya Gazeta’, ilustra la realidad con la que tienen que lidiar los integrantes de los circulos de poder en Rusia. «Es difícil entrar, pero es más difícil incluso salir», constata el reportero. Los expertos coinciden en que el Kremlin es una estructura de poder hermética, que no está interesada en que circulen informaciones acerca de su funcionamiento interno.
En su hoja de servicios, Nabiúlina posee numerosos haberes. Evitó una masiva depreciación del rublo tras la anexión de Crimea en 2014, sorteó los problemas económicos derivados de la crisis del covid y consiguió incluso mantener tasas de crecimieto positivas de la economía rusa tras la invasión a gran escala de Ucrania ordenada por Putin en 2022. Partidaria de la ortodoxia financiera, en 2023 ordenó elevar los tipos de interés del 7,5% al 21% para frenar la inflación derivada de los enormes gastos militares en los que ha incurrido el país. «Sin una política monetaria estricta, la economía podría sufrir de estanflación», es decir, bajo crecimiento y elevada inflación, se justificó en una ocasión ante los diputados rusos.
En Moscú, muchas voces se inquietan ante la posible marcha de Nabiúlina, que de materializarse, abriría tiempos muy diferentes, no solo en la economía rusa, sino también en la vida política y en la guerra que se libra en estos momentos en Ucrania.
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