Para Kylian Mbappé, como bien describió Luis Enrique, el fútbol es un asunto personal. Fue campeón del mundo en 2018, pero entonces solo era un prometedor adolescente. Su Mundial debía ser el de 2022, trigoleador en la final, pero el destino reservaba su sonrisa para Messi. Y en esta cita, de nuevo rutilante estrella pero con la sombra del Balón de Oro Dembélé acechándole, anhela que la tercera estrella de Francia se conjugue con su apellido. El primer episodio cumplió con la misión.
Prometía ser Senegal un hueso para la subcampeona del mundo en el debut y lo fue. Más de una hora de resistencia y amenaza hasta que Mbappé se aprovechó del inmenso talento de Olise para desatascar el enredo, marcando el primero de sus dos goles de la tarde neoyorquina. A partir de ahí, todo fue muy sencillo para una de las grandes favoritas al título, si no la mayor de todas ellas.
Cuatro delanteros en el once
A Deschamps, impecable curriculum con un Mundial, otra final y una más de Eurocopa, le sigue persiguiendo la fama de ser un seleccionador ‘amarrategui’. Bien ganada, a decir verdad. En su torneo de despedida después de 14 años, sin embargo, se presentó con cuatro delanteros en la alineación, acumulando la totalidad del abundante talento a su disposición.
Mbappé, Dembélé, Doué y Olise juntos sobre el césped, un ataque incomparable al de cualquier otra selección. El peaje era disponer un centro del campo raquítico, con Tchouaméni y su gran jugador fetiche, Rabiot, sosteniendo el andamiaje. Una invitación clara a que Senegal hiciera lo que hizo, lo que tan bien se le da: defensa replegada y salir al contragolpe como si no existiera un mañana.
Barcola bate a Mendy para meter el segundo gol del Francia-Senegal. / DARRIAN TRAYNOR / Getty Images via AFP
Francia no disparó a puerta en toda la primera mitad, mientras los africanos se apuntaron un disparo al palo de Nico Jackson y otro franco a las nubes de Sarr cuando el árbitro ya miraba a su reloj para señalar el descanso. En él, Deschamps aleccionó a los suyos para que se buscaran más entre líneas, incrementando la velocidad del balón para sorprender a la defensa senegalesa.
Y obedecieron sus hombres, con Olise y Doué buscando más posiciones interiores para desordenar la zaga rival. Ambos lo probaron en los minutos iniciales y después Mbappé reclamó un penalti que el árbitro no señaló pese a que el VAR le solicitó que revisara su decisión inicial de no concederlo.
Pase de fantasía de Olise
La frustración, sin embargo, le duró apenas cinco minutos a la estrella del Madrid. Porque en el 66, Olise se inventó una pase de fantasía entre líneas que Mbappé aprovechó en el área con su voracidad y efectividad habituales, esas que parecía haber olvidado en los últimos meses de la temporada con el equipo blanco.
A partir de entonces, tras un golazo anulado a Nico Jackson por claro fuera de juego, todo fue más sencillo para Francia, forzada Senegal a arriesgar y dejar más espacios para los gallos de Deschamps. Barcola, dos minutos después de sustituir a Dembélé, fue quien llevó la calma a la selección francesa, reforzada en su condición de favorita en el Mundial derrotando a la selección que ganó, al menos sobre el campo, la última Copa de África.
El tanto de la joya Mbaye en el descuento les sirvió de justo consuelo. Lástima para los senegaleses que todavía quedara un gol de Mbappé, para mayor gloria propia. Ya se verá si este es o no su Mundial. De momento, la cosa tiene buena pinta para el astro del Madrid.
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