El testimonio de Siria, una joven de 29 años, ha visibilizado la cruda realidad del mercado del alquiler en España. A través de un vídeo en su cuenta de TikTok, ha denunciado su situación: paga 700 euros al mes por una habitación en Vitoria-Gasteiz que comparte con su pareja, en un piso donde viven otras cuatro parejas y donde se les ha privado del uso del salón.
La joven explica que su caso no se enmarca en el tensionado mercado de la capital, donde los precios están disparados, sino en el barrio de Alesarra, entre Parque Norte y el Casco Viejo de la capital alavesa. «No es lo mismo vivir en un piso compartido con salón que sin salón, porque entonces ya vives como una rata; te levantas a la mañana y no puedes irte al salón a tomarte el colacao, vives entre cuatro paredes», lamenta Siria. El alquiler inicial era de 650 euros, pero el propietario lo subió a 700 euros después de que todas las habitaciones fueran ocupadas por parejas y el salón se convirtiera en un dormitorio más.
Es lo más parecido al infierno que se me ocurre»
Paseo por el casco antiguo de Vitoria-Gasteiz
Un muro llamado racismo
Siria asegura que el principal obstáculo para acceder a una vivienda no es el precio, sino su origen marroquí. «No puedo acceder a la vivienda porque para los propietarios soy una extranjera«, afirma. Relata cómo, a pesar de tener solvencia, las visitas a pisos se frustran en cuanto los propietarios ven su nombre en el DNI. En una ocasión, le llegaron a preguntar si cocinaba comida marroquí porque «los vecinos son muy tiquismiquis con los olores».
Decir que tienes hijos es como decir que tienes ocho perros de raza peligrosa»

Vista aérea del paisaje urbano de Vitoria-Gasteiz, País Vasco, España
La discriminación no se detiene en su origen. Recientemente, estuvo a punto de alquilar un piso por 900 euros, llegando incluso a realizar la transferencia. Sin embargo, cuando comunicó a la propietaria que tenía una hija, la operación se canceló de inmediato. «Parece ser que decir que tienes hijos es como decir que tienes ocho perros de raza peligrosa«, denuncia con frustración.
Abandonada por las instituciones
La joven se siente en un callejón sin salida, atrapada en una paradoja administrativa. «Para los propietarios soy extranjera, para el gobierno soy española», resume. Esta situación le impide acceder a vivienda protegida, ya que no se construye y las ayudas de urgencia se destinan a perfiles con informes de vulnerabilidad o más hijos, un laberinto burocrático similar al que enfrentan quienes intentan optar al programa Reviva Madrid. Siria también ha intentado buscar ayuda a través de los servicios sociales, pero denuncia que le costó mucho que se le asignara una trabajadora social, sintiéndose «completamente abandonada por las instituciones«.
Un contrato incumplido y un grito de auxilio
En su piso actual, la situación se ha agravado por un contrato incumplido. Según relata, el acuerdo inicial incluía dos limpiezas mensuales y el uso del salón, condiciones que el propietario ha ignorado. Al reclamar por correo electrónico, la respuesta fue una invitación a marcharse, aprovechando su falta de alternativas. «Es un llamado de socorro«, expresa en su vídeo, dirigido a cualquier propietario de Vitoria o alrededores dispuesto a alquilar su piso a «una persona responsable».
A pesar de tener trabajo, ahorros, referencias y aval bancario, nada parece suficiente. Siria llegó a ofrecer hasta 9.000 € de fianza a la propietaria que la rechazó por tener una hija, pero la negativa fue rotunda. «Me parece injusto vivir así por 700 € cuando puedo costearme un alquiler», concluye, mientras lamenta tener que estar constantemente demostrando que es «igual de válida que otra persona» por el simple hecho de tener «otro nombre».












