El caso de Siria, una joven de 29 años residente en Vitoria-Gasteiz, ha puesto de manifiesto las enormes dificultades que sufren muchas personas para acceder a una vivienda digna. A través de un vídeo que ha compartido públicamente, denuncia su situación: paga 700 euros al mes por una habitación en un piso compartido sin salón, mientras se enfrenta a un rechazo sistemático en su búsqueda de un piso de alquiler por su origen marroquí y por ser madre.
Vivir hacinada por 700 euros
Siria relata que vive con su pareja en una de las cinco habitaciones de un piso en el barrio de Aldesarra, donde todas están ocupadas por parejas. El propietario, según explica, decidió convertir el salón en un dormitorio más poco después de que se mudaran. ‘No es lo mismo vivir en un piso compartido con salón, que sin salón, porque entonces ya vives como una rata hacinada’, lamenta. El precio inicial de 650 euros fue aumentado a 700, un coste que considera desproporcionado para las condiciones que soporta.
La joven describe la experiencia como asfixiante. ‘Vives entre 4 paredes, literalmente’, señala, explicando la frustración de no tener un espacio común donde poder estar. La situación contractual también es precaria, ya que denuncia incumplimientos por parte del arrendador, como la falta de las dos limpiezas mensuales pactadas y la eliminación del ‘uso y disfrute de la zona común del salón’. Cuando lo reclamó por email, la respuesta fue tajante: ‘Te invitamos a que te vayas‘.
Es lo más parecido al infierno que se me ocurre»
Discriminación por origen y maternidad
El verdadero calvario para Siria comienza cuando intenta buscar un piso para dejar la habitación. A pesar de tener solvencia económica, se encuentra con una barrera invisible. ‘Todo va muy bien hasta que ven mi nombre. ¿De dónde es tu nombre? Es que soy marroquí. Y ya la cara cambia’, explica. Relata un episodio en el que, tras interesarse por una oficina habilitada como vivienda, el propietario le preguntó si cocinaba comida marroquí por la preocupación de los olores, una excusa que Siria califica de racista.

Vivienda alquiler
Pero la discriminación no termina en su origen. Recientemente, una propietaria que había aceptado alquilarle un piso por 900 euros y con un contrato de cinco años se echó atrás en el último momento al enterarse de que Siria tenía una hija. ‘Me dijo que no me alquilaba el piso porque tengo un bebé’, cuenta con impotencia. La experiencia le ha llevado a una amarga conclusión sobre el mercado del alquiler.
Decir que tienes hijos es como decir que tienes 8 perros de raza peligrosa»
Solvencia económica que no es suficiente
La frustración de Siria es aún mayor porque su situación no es un problema de dinero. ‘Ni siquiera es por precio’, afirma. Dispone de trabajo estable, referencias de pagos puntuales durante más de un año, ahorros e incluso un aval bancario. En una de las negociaciones frustradas, llegó a ofrecer hasta 14.000 euros de fianza para demostrar su fiabilidad como inquilina, pero fue inútil.
Esta paradoja la resume ella misma de forma contundente: ‘Para los propietarios soy extranjera, para el gobierno soy española’. Siente que el mercado la segrega, destinando los pisos a ‘gente de aquí’ y las habitaciones a extranjeros. ‘A la hora de alquilar no sirve con que yo tenga un aval, con que tenga trabajo, con que pueda pagarlo. Nada sirve porque tengo otro nombre‘, sentencia.
Desesperada, Siria define su vídeo como un ‘llamado de socorro‘. Pasa los días buscando sin éxito en portales inmobiliarios y se siente ‘completamente abandonada’ por las instituciones. Su caso refleja una realidad dolorosa del mercado inmobiliario, donde los prejuicios y la discriminación se convierten en un muro insalvable para muchos, incluso cuando cumplen todos los requisitos económicos y de responsabilidad. ‘Me parece completamente injusto vivir como una rata por 700 euros’, concluye.










