Desde primeras horas de la mañana, cientos de fieles y vecinos se congregaron en los alrededores del muelle de Arguineguín para presenciar la llegada del papa León XIV. Muchos madrugaron para asegurarse un buen lugar desde el que saludar al pontífice y seguir de cerca un acontecimiento considerado histórico para Canarias. Entre banderas, aplausos y muestras de entusiasmo, los asistentes aguardaron durante horas la llegada del Santo Padre en un ambiente marcado por la emoción y la expectación.
Es el caso de Juani Nuez, quien ha conducido de Las Palmas a Arguineguín a las siete de la mañana para esperar a Su Santidad. En primera fila y sentada en la silla que compro ayer expresamente para el acto, reconoce ser «muy creyente». «Para mí ver al papa es ver al discípulo de Jesucristo. Significa amor, paz y esperanza, que hace mucha falta», explica. Juani asegura que le hace mucha ilusión saludar a León XIV y que va a pedirle salud, «para ella y para los suyos».
En la misma línea expresa su alegría por ver al pontífice, Maximina Santana. «Esto es lo más grande que he vivido nunca. Es para no olvidar jamás, algo precioso. Una vez estuve en el Vaticano, pero este despliegue es impresionante«, cuenta emocionada.
Maximina Santana Trujillo, una de las primeras personas en llegar para coger sitio y ver en primera fila la visita de León XIV. / LP/DLP
Fuera del recinto portuario, donde el acceso estaba restringido a los participantes acreditados, el ambiente también era de expectación. Decenas de personas siguieron el acto desde las zonas habilitadas por el Ayuntamiento, con pantallas gigantes instaladas en la plaza de Las Marañuelas y en la avenida Miguel Marrero Rodríguez. Desde allí pudieron escuchar el discurso del pontífice y presenciar uno de los momentos más simbólicos de su visita al Archipiélago.

Los asturianos, Rosa Viñuela y Jesús Virgil, con una bandera y camisetas de su comunidad autónoma esperando la llegada de León XIV en la calle José Manuel Santana García. / LP/DLP
Rosa Viñuela y Arturo Vigil, dos asturianos afincados en Arguineguín, tampoco han querido perderse la visita del papa: «Soy de una familia muy religiosa. Este es el quinto papa que veo», cuenta ella ataviada con una camiseta de su tierra y con una bandera a juego. «Esperamos que la visita traiga paz y concordia«, manifiesta. «Quiero verlo, pero sobre todo me parece muy bonito que venga a señalar la integración que este puerto de Arguineguín representa», dice él.
La expectación por la llegada de León XIV no se limitaba a los fieles católicos. Entre los asistentes también había representantes de otras confesiones y vecinos de distintos orígenes que quisieron sumarse a una jornada marcada por el mensaje de convivencia, acogida y respeto entre culturas. Con un enorme cartel en el que se podía leer «La comunidad musulmana moganera da la bienvenida al papa León XIV«, Nadia Monsif y Rasida Thelmen esperaban eufóricas al pontífice. «Soy de Marruecos, pero llevo aquí 36 años», cuenta la primera. «No dormimos de alegría, estamos esperando al mensajero de Dios».

Las integrantes de la comunidad musulmana moganera, Nadia Monsif y Rasida Thelmen, con un cartel para recibir al papa. / LP/DLP
«Esto solo pasa una vez en la vida»
Muchos de los fieles han tenido que reorganizar su jornada laboral para no faltar a la esperada cita. Alicia Adanes y Elena Naná trabajan en el Hospital Noruego. Su devoción les ha obligado a tomarse unas horas libres para no perderse la parada en canarias de este viaje apostólico. «El discurso del papa ha sido muy emotivo y muy claro», confiesa la primera. «Los de arriba tendrían que abrir los ojos«.
No solo los más devotos han querido acercarse al muelle, también aquellos, que aun no siendo creyentes, no quieren perderse «un acto histórico«. «No creo en nada, pero me parecía interesante venir a ver qué pasa», cuenta Omar Ortega. En una situación parecida se encuentra Mike Marulanda: «Esto pasa una vez en la vida, que el papa venga a nuestro pueblo significa que se acuerda de nosotros», dice.
El muelle de Arguineguín fue uno de los epicentros de la crisis migratoria de 2020, cuando un campamento provisional llegó a albergar a cerca de 3.000 personas que habían alcanzado las costas canarias a través de la ruta atlántica. Aquel espacio, convertido entonces en símbolo de la presión migratoria en las islas y de la respuesta de emergencia ante la llegada de pateras, vuelve ahora a situarse en el foco mediático con motivo de la visita del papa León XIV.
Su presencia en este enclave adquiere un fuerte valor simbólico, ya que busca poner el acento en la dignidad de las personas migrantes, visibilizar sus historias y subrayar la necesidad de una respuesta humanitaria y coordinada ante un fenómeno que sigue marcando la realidad de Canarias.
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