Keiko Fujimori y Roberto Sánchez cerraron sus campañas electorales en la noche del jueves con un mismo llamamiento a los peruanos: ambos candidatos se presentaron como la única solución posible para sacar al país de la severa crisis institucional que arrastra especialmente desde 2018. La abanderada de Fuerza Popular fue aclamada por sus seguidores en un estadio de Lima. No muy lejos de ahí se reunieron los que fueron a escuchar al candidato de centroizquierda. «En mis recorridos durante años, en cada rincón, comprendimos que lo importante no es hablar sino escuchar. Hay necesidades postergadas desde hace décadas. Es lo que he podido observar. Nos debe doler en el alma que durante tantos años pasaron los gobiernos y se hizo tan poco. Me indigno. Por eso estoy aquí y todo esto va a cambiar«. Fujimori llamó también a la «reconciliación» de los peruanos. «En la costa, sierra y selva, Keiko presidenta», le gritaron. Y ella prometió «tender la mano» los que quieran colaborar. Fujimori agradeció el respaldo de Álvaro Vargas Llosa y su familia. Mario Vargas Llosa había sido un pertinaz opositor de su padre. «Esta elección nos va a permitir elegir el rumbo, si queremos avanzar o retroceder, si queremos unidad o quedarnos atrapados en el odio, el insulto y la venganza. Nosotros representamos progreso, ellos, retroceso».
Sánchez hizo también su apelación a seguidores e indecisos. «Esta noche bendita en la que el pueblo nos trajo hasta acá, estamos seguros que será el fin del caos«, arengó el candidato de Juntos por Perú. «Viene una nueva época, una época de esperanza. Se lo digo a los dos millones de peruanos que eran de clase media y ahora son parte de los pobres de Perú. ¿Cómo es posible que un millón de niños tengan desnutrición crónica? ¿Acaso no tenemos riqueza? Tenemos oro, has, cobre, pero el pueblo nada»
Fujimori y Sánchez pasaron al segundo turno después de un escrutinio que parecía no concluir nunca: el recuento duró casi un mes. Debatieron ante las cámaras y no se sacaron ventaja. Los dos llegan a esta instancia en condiciones de cierta paridad. El último sondeo de la consultora Ipsos le otorga a la hija del ex autócrata Alberto Fujimori un 51,4%, frente a 48,6% de Sánchez. La escasa diferencia es muy parecida al margen de error contemplado por la encuestadora. La situación de empate técnico podría ser un nuevo error de las mediciones y el resultado del domingo deparar sorpresas, teniendo además en cuenta de que un 21,3% de los ciudadanos ha decidido rechazar a los dos competidores y ni siquiera parece contemplar la posibilidad de elegir al mal menor.
Un país dividido
Las cifras de otras consultoras arrojan conclusiones relativamente similares. Y todas coinciden en un hecho incontrastable: la fractura política. Fujimori se impone de manera ajustada en Lima y en varios centros urbanos, mientras que su rival logra ventajas superiores a 30 puntos en zonas rurales. Además de representar a dos opciones políticas enfrentadas, sus posiciones expresas las profundas diferencias regionales que existen en Perú.
La primera vuelta de abril tuvo más de 30 candidaturas, un signo evidente de la fragmentación y los problemas de gobernabilidad que se vienen repitiendo desde hace años debido a que los candidatos que pasan al segundo turno lo hacen con un escaso caudal de voto. En este caso, Fujimori apenas cosechó un 17%, cuatro puntos más que su rival.
La campaña estuvo lejos de conmover a una sociedad cansada de las sucesivas crisis institucionales, con ocho presidentes en los últimos diez años. Antes del cierre se terminaron de definir las posiciones de los competidores que habían quedado en el camino. El ultraderechista Rafael López Aliaga se volcó con decisión a favor de la abanderada de Fuerza Popular. «No somos indiferentes, vemos que está muy empatada esta segunda vuelta y entonces no podemos dejar el país al garete, responsablemente pedimos el voto por la única opción democrática, que en estos momentos se llama Keiko Fujimori». Para el ex alcalde limeño se trata de «cerrar filas» frente a la amenaza «comunista».
Sánchez, el aspirante presidencial de Juntos por el Perú, hizo a su vez pública su alianza con los excandidatos George Forsyth y Ricardo Belmont Cassinelli. El destituido presidente provisional, Martín Vizcarra, también decidió apoyarlo. La última palabra la tendrán los indecisos.
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