A cinco meses del secuestro de Nicolás Maduro por un comando militar norteamericano, el Secretario de Estado Marco Rubio reafirmó el tutelaje de Estados Unidos sobre Venezuela al tiempo que fijó los requisitos para unas elecciones «justas y libres» en ese país en un futuro aún no definido: reforma del Consejo Nacional Electoral (CNE), garantías a los partidos políticos opositores y apertura en los medios de comunicación. Rubio se presentó ante el Senado estadounidense, donde reivindicó todo lo actuado por la administración de Donald Trump desde el pasado 3 de enero al presente. El jefe de la diplomacia puso el acento en uno de los cambios fundamentales en las relaciones bilaterales: el control de la renta derivada de la exportación de hidrocarburos que en parte abastece a EEUU. «La riqueza petrolera de Venezuela ya no está siendo robada, se destina directamente a pagar a los trabajadores del Gobierno, comprar equipo médico y está siendo auditada. Eso es un avance significativo». A partir de los cambios políticos en el país sudamericano, la Asamblea Legislativa aprobó leyes en sintonía con la prevalencia de los intereses de EEUU: una reforma de la ley de Hidrocarburos que amplía los beneficios de las empresas extranjeras y una ley de Minería que apunta en la misma dirección. Washington, a cambio, levantó las sanciones contra Delcy Rodríguez y el Banco Central. En estos cinco meses visitaron Caracas altos jefes militares de Estados Unidos. El pasado 26 de mayo, dos helicópteros militares sobrevolaron esa ciudad y aterrizaron en terreno de la embajada estadounidense. El operativo fue autorizado por el Gobierno provisional ante la sorpresa de antiguos simpatizantes del madurismo.
En lo que respecta a la «verdadera transición» que debe poner fin al ciclo interino de Delcy Rodríguez en el Palacio de Miraflores, Rubio insistió en la necesidad de un nuevo CNE que deje atrás las prácticas que permitieron la reelección de Maduro en julio de 2024 sin exhibir las actas electorales. El futuro organismo debe garantizar, de acuerdo con el secretario de Estado, un conteo de votos «preciso y transparente». Se debe a la vez dar a la oposición el tiempo y las garantías necesarias para que pueda organizarse sin persecuciones.
La líder del antimadurismo, María Corina Machado, así como los partidos agrupados en la Plataforma Democrática (PUD) habían formulado días atrás la misma petición al divulgar el llamado Manifiesto de Panamá en el que llaman a la «presidenta encargada» a un diálogo «serio» y «firme» que conduzca a un «acuerdo nacional» y elecciones que abran el camino de la transición. Hasta el momento, Rodríguez no ha contestado al convite.
Cuba y Colombia
En otro orden, Rubio repitió ante los senadores la misma línea argumental sobre el momento de las relaciones entre Washington y La Habana. «El desafío fundamental que tenemos aquí es que Cuba debe ordenarse para no seguir siendo un estado fallido». El secretario de Estado, hijo de migrantes cubanos que llegaron a EEUU antes de 1959, insistió en que la isla «necesita» una reforma «sistémica y seria» tanto en lo político como en lo económico. Sin embargo insistió en que el actual «sistema» no es «capaz» de reformarse «a menos que nuevas personas tomen el control o se imponga una nueva mentalidad». La frase invitó a ser interpretada como la posibilidad de un recambio al interior del Gobierno como requisito para avanzar en negociaciones que están completamente estancadas mientras se acentúan los efectos del cerco energético alrededor de la mayor de las Antillas.
Rubio expresó su satisfacción con las novedades electorales en Colombia, donde el ultraderechista Abelardo de la Espriella se impuso en el primer turno por unos 700.000 votos al candidato de izquierda, Iván Cepeda. Estados Unidos, dijo por último, se complace del giro político en la región. «En términos generales, se trata ahora de una región llena de aliados de Estados Unidos, de líderes afines a Estados Unidos y de una orientación favorable hacia Estados Unidos».
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