Personajes con personalidad y una cinta marcada por su atmósfera. Que vienen los perros llega al Festival de Cine de Alicante con una ambiciosa propuesta codirigida por Iván Sánchez y David Tembleque, y protagonizada por Olivia Baglivi en el papel de Lara, una prostituta de lujo cuya vida cambia tras un hecho fortuito vivido durante su trabajo. Ese suceso la llevará a replantearse su futuro mientras descubre y rememora su pasado.
Cine independiente y sin ayudas públicas, como recalca el propio equipo de la cinta, lo que les ha permitido “hacer la película tal y como la queríamos, sin presiones externas”, explica Iván Sánchez. “La cinta ha nacido gracias a una fórmula en la que todos, de alguna manera, han sido partícipes desde el guion. Ese espíritu colaborativo, aportando ideas, ha permitido que todo el equipo sienta la película como suya y ha hecho que el proyecto siga adelante”, añade el director.
David Tembleque e Iván Sánchez, codirectores de «Que vienen los perros» / PILAR CORTES
“Siempre pensé que, si todos sentíamos la película como nuestra, iba a salir adelante”, apunta. “Porque no es fácil sacar a flote una película como esta sin ayudas públicas, pero hemos contado con un grupo de productores que ha decidido apostar económicamente por ella y nosotros mismos también hemos tenido que invertir para que pudiera ver la luz y llegar a sitios como este”, especifica el codirector.
Tembleque también destaca el hecho “de poder trabajar sin presión al ser una película nuestra”. “Es fundamental sentirte a gusto y hemos conseguido hacer la película que queríamos, sin que nadie nos delimitara de ninguna forma y sacando adelante esta cinta tan loca con mucha ilusión y muchas ganas”, subraya. Es precisamente esa locura de wéstern, con personajes muy marcados y sin límites, la que da identidad a la cinta: “un manojo de géneros que va de un lado a otro sin miedo ni pudor”, como refleja la actriz Olivia Baglivi.

Olivia Baglivi, protagonista de la película «Que vienen los perros» / PILAR CORTES
Ella da vida a Lara, una protagonista “con muchas aristas” que permite al espectador ir descubriéndola por el camino mientras ella también se conoce a sí misma, al igual que ocurre con el pueblo al que decide acudir en busca de una nueva vida. “Me ha permitido jugar con el personaje y conseguir que, de alguna manera, el público pueda empatizar con un personaje femenino rudo, que se sale un poco de los cánones históricamente creados para las mujeres”, destaca, pues la cinta tiene la intención de romper con lo visto anteriormente con una historia en la que las madres, entendiendo de diferentes formas la maternidad, tienen también un papel importante.
Por su parte, Catalina Sopelana interpreta a una joven del pueblo a la que la llegada de Lara cambiará su manera de ser, enamorándose de un perfil de persona que nada tiene que ver con lo que conocía hasta ese momento. “Como actriz, es un gusto trabajar en algo así, con un guion que supone un reto y un salto al vacío. Hay una escena con Olivia bastante potente, sin hacer spoilers, y fue un gusto ver cómo una de mis mejores amigas preparaba el personaje y, de repente, estábamos las dos, con música, interpretando. Es muy bonito compartir cosas así en esta profesión”, explica con una mirada cómplice hacia Olivia.

Catalina Sopelana, durante la presentación de la película en el Festival de Cine de Alicante / PILAR CORTES
Provocar al espectador
Pero, por encima de todo, es una cinta que busca provocar. Nada más empezar la película, se produce un cara a cara entre dos personajes femeninos, prostituta y madame, en el que la palabra “puta” aparece numerosas veces en el guion y que funciona, de alguna manera, como un aviso al público de lo que se va a encontrar durante los 95 minutos que dura el filme. “Era algo completamente buscado. Es importante marcar el tono en los primeros minutos. Esa conversación inicial es un juego de provocación entre Juana la Marrana y Lara, que acaba siendo vital para el devenir del personaje”, puntualiza Iván Sánchez.
Para dar forma a la película, además, los directores analizaron cientos de filmes, “cronometrando las secuencias, cuánto debían durar y cuánto contenido debían tener. Si queríamos que el espectador viviese la película con nosotros, debíamos aprender qué quería ver y cómo hacerlo para conseguir nuestro propósito”, apunta el codirector. “Acertásemos más o menos, hice un ejercicio muy profundo sobre qué es lo que se hace pesado y cómo salirnos de los cánones con un golpe en la cabeza desde el primer momento”.
Un esfuerzo que, no obstante, no quieren medir en premios. “Ambiciones, todas, pero estar hoy aquí, en Alicante, ya es un premio para nosotros. Somos una película sin ayudas públicas, cine indie al más puro estilo. A partir de ahí, todos los reconocimientos y selecciones en festivales son una alegría para el equipo porque vemos que nuestra película tiene recorrido. Nos sigue sorprendiendo que continúen seleccionándola; hoy mismo nos han notificado una selección en México, así que vemos que la película, a pesar de todo, tiene vida”, apuntan los directores.
Por último, Catalina Sopelana señala que el verdadero alcance de una película se descubre cuando sus charlas “permiten hablar de cine, como es el caso”. “Todos los que formamos parte de esta industria somos unos frikis de las películas y venir a este tipo de festivales a hablar sobre algo tan bonito como el cine, con otros frikis como tú, y generar esa interacción, ya es un reconocimiento a todo el trabajo que hay detrás de cada producción”.
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