El fin de la normalidad

Coalición Canaria le pide a Pedro Sánchez que presente una cuestión de confianza o convoque elecciones. Es una solicitud muy razonable. La situación no se puede prolongar. O que lo haga en julio o que lo haga en septiembre: lo mas razonable sería inmediatamente después del verano. Pero cabe pensar que los coalicioneros han hablado con los dos grupos políticos de la cada vez más incierta mayoría del Congreso de los Diputados con los que tiene mejor relación: el Partido Nacionalista Vasco y Junts per Catalunya. Fernando Clavijo trató el asunto con el lehendakari. Se está hablando de una plataforma de acuerdo: un compromiso de las tres fuerzas -que suman 13 votos en total – para aprobar varias medidas y normativas antes del 31 de julio y que las elecciones sean convocadas a finales de agosto. En todo caso así no existen posibilidades de sacar adelante una agenda política y/o legislativa Completamente imposible y quien lo sabe mejor que nadie en el propio Gobierno. Hasta se puede detectar entre muchos socialistas un hartazgo de simulacros, como la delirante declaración de ayer de una tal Mínguez, verdadera o imaginaria portavoz del PSOE: “Hemos impedido la mayoría absoluta de Moreno Bonilla en Andalucía y al PSOE le queda por delante un año espléndido”. Primero el PSOE no le quitó la mayoría absoluta al PP, fue Adelante Andalucía. Segundo, felicitarse porque Moreno Bonilla pierda la mayoría absoluta es tanto como alegrarse porque Vox vaya a entrar en la Junta de Andalucía. Y tercero, no hay nada espléndido en el año que resta de legislatura cuando ni siquiera puedes aprobar un proyecto de presupuestos generales del Estado. Ya está bien de sandeces pueriles, de distracciones tan grotescas de la realidad. A Sánchez – y al PSOE — le ha alcanzado por fin el destino que han construido en la última década escándalo tras escándala, sinvergüenza tras sinvergüenza, mentira tras mentira, incoherencia tras incoherencia, improvisación tras improvisación.

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