El descenso del Mallorca a Segunda División es un golpe duro. Durísimo. Y la herida se irá haciendo más grande a medida que determinados jugadores se vayan marchando del club. Teniendo en cuenta el nivel de la plantilla y de varios futbolistas, será algo inevitable. Martín Demichelis, que también dejó en el aire su continuidad en el banquillo, ya lo anticipó tras consumarse la debacle: «Cuando termina una temporada los grupos se suelen desarmar, y en un cambio de categoría, mucho más. Todo el mundo intentará pescar en el Mallorca. Hay jugadores como Muriqi o Samu que no son de Segunda».
Alfonso Díaz, el CEO de Negocio, salió a dar explicaciones y dijo que el club «está mucho mejor que hace cinco años». Tiene su parte de razón. La diferencia es que en el descenso que se produjo en la temporada 2019/20 hubo una base de jugadores que no tenían el mismo cartel que el que tienen los de ahora. La columna vertebral del equipo se mantuvo y se logró el ascenso inmediatamente. Ahora, en cambio, se prevé complicado que varios quieran o incluso puedan quedarse. Cada uno tiene sus ambiciones personales en su carrera futbolística, y para muchos, estar en Segunda División no es una de ellas. La pérdida de reputación es importante.
El Mallorca tiene a internacionales y mundialistas en su plantilla, como Samu Costa y Mojica. También Muriqi, que con sus 23 goles se ha quedado a tan solo dos del ‘pichichi’, Kylian Mbappé. El nombre del kosovar, además de haberse relacionado con grandes clubes de Turquía, se ha llegado a vincular con el Barcelona. Otro de los que ya ha sonado para marcharse es Jan Virgili. El extremo ha sido ofrecido al Betis por sus representantes, según apuntan en Diario de Sevilla. Y cabe recordar a los que terminan contrato, como Omar Mascarell.
Otro aspecto fundamental a tener en cuenta es el económico. El Límite de Coste de Plantilla Deportiva (LCPD) del Mallorca ha rondado este curso los 61 millones de euros, una cifra imposible de sostener en Segunda División. El descenso obliga a reducir drásticamente la masa salarial y activa cláusulas que rebajan automáticamente muchos sueldos, algo que, lógicamente, aleja a algunos jugadores de querer quedarse.
La pérdida de ingresos que supone el descenso es otra arista, quizá la más importante. El cartel, a ojos de los patrocinadores, no es el mismo al haber caído a la Liga Hypermotion y el dinero obtenido por el reparto televisivo desciende drásticamente. Esto, unido a que la entidad acumula 18 millones de euros de pérdidas en las dos últimas campañas, puede obligar a desprenderse de algunos futbolistas por mucho que ellos quieran quedarse.
En este contexto, no viene mal recordar lo que dijo Muriqi cuando se le preguntaba por su futuro en enero: «Yo no puedo hablar porque renové el contrato, quería asegurar aquí mi vida. Si ven que el club se puede salvar con el dinero que saque por venderme, no puedo decir nada. Y si quieren seguir conmigo, encantadísimo».
Y a todo esto hay que añadirle la pérdida de poder negociador que supone el descenso para el club en las ventas que tendrá que realizar. Y también todas las plusvalías y porcentajes de futbolistas que pertenecen a otros clubes. La Lazio obtendría un 45 % del beneficio que saque el Mallorca con la posible venta de Muriqi. El conjunto balear pagó ocho millones de euros a los italianos por el kosovar.
En el caso de Samu Costa, el Almería recibiría un 20% de la plusvalía que logre el club bermellón, que abonó tres millones más Baba por el centrocampista portugués. En el de Jan Virgili, el Barcelona posee el 50 % de los derechos del extremo, por lo que la entidad balear tan solo ingresaría la mitad si vende al de Vilassar de Mar.
Si el lavado de cara ya era urgente permaneciendo en Primera División, el descenso acelera notablemente la necesidad de hacer una limpieza, ya sea por razones deportivas o económicas.
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