Hace ya unos años, Marcelino García Toral, antes de ser destituido como entrenador del Real Zaragoza en diciembre de 2009, aseguró estar sentenciado, pero no ejecutado en la previa de un choque ante el Athletic de Bilbao donde efectivamente llegó su cese. Esa es la misma impresión que despierta el equipo ahora, a las puertas de un desastre histórico en Las Palmas este domingo y con el grupo zaragocista viajando a la isla a última hora de este sábado a un lugar donde hace algo menos de 11 años estuvo a punto de recuperar su sitio en Primera y donde ahora puede consumar un desastre histórico, un derrumbe a la tercera categoría del fútbol español que no vivía desde finales de la década de los 40, hace casi 80 años.
En una isla donde el viernes hubo un terremoto que no se vivía desde hace varias décadas y en un Estadio de Gran Canaria ya de mal recuerdo zaragocista por aquel ascenso frustrado en la recta final de ese partido es donde está el cadalso para un equipo colista y hundido, que da todo el aspecto, mental, físico y como bloque, de ser un espectro, un Zaragoza que agoniza y que ha sufrido una lenta caída en estas últimas semanas. A esa agonía se le puede poner punto y final en Las Palmas, con una jornada por delante aún por disputarse.
No manchar más la camiseta
Aseguró David Navarro tras la derrota ante el Sporting, un rival que llegó con los deberes hechos y sin nada en juego y al que no se pudo superar, como antes había sucedido con el Granada o el Ceuta, que lo que más le preocupaba era «no manchar más la camiseta», que dicho queda está repleta de suciedad y horror, de sangre indigna de un equipo y de un club, bajo la propiedad nefasta de Real Z LLC, que han hecho todo cuanto había que hacer mal para esta situación, con la extremaunción para este Zaragoza ya impuesta.
Este Zaragoza roto y hundido no parece en absoluto capaz de la machada de regatear el descenso. Si gana a un enemigo que pelea por el ascenso y vence el Cádiz también bajará a la tercera categoría
Habló unos días después el técnico de agarrarse al hilo de vida que queda en una situación hiperlímite. Su discurso, claro está, no sonó convincente, como no lo han sido los últimos después de que su llegada supusiera una reacción cuando este Zaragoza ya tenía todo el aspecto de descender con Sellés. Sin embargo, un terrible bajón, en lo numérico, con dos puntos de 24, y en las sensaciones como bloque, ha mostrado todas las vergüenzas de un equipo limitado en lo físico, con un universo de lesiones de todo tipo, roto en lo mental y sin respuesta en el vestuario, donde la imagen de desunión es también y desde hace días más que notoria.
Hilo de vida irreal
Así llega el Zaragoza a Las Palmas, donde hasta habrá valientes de esa sufrida afición que es, de largo, lo mejor de este club y que está asistiendo a un desplome histórico del equipo que con tanto orgullo vio jugar y ganar en España y en Europa. De aquello solo quedan una camiseta y un escudo, el amor a unos colores, todo lo demás está roto y tardará mucho tiempo en poder arreglarse puesto que las heridas a todos los niveles son enormes.
El hilo de vida al que se refiere David Navarro para su Zaragoza, a cinco puntos de la permanencia que marca el Cádiz cuando restan seis por jugarse, se resume de forma sencilla. Todo lo que no sea ganar a una UD Las Palmas lanzada en su feudo, donde suma seis triunfos seguidos, supondrá dar con sus huesos en Primera RFEF, en el fútbol semiprofesional. Y, aunque logre la machada de superar a un rival que pelea por el ascenso cuando en esta horrorosa racha no ha sido capaz de doblegar a enemigos que nada ponían en juego, si el Cádiz vence en su feudo al Leganés consumará su indigno y terrible descenso. Tiene que ganar y esperar para ver si ese hilo de vida tan delgado no se rompe y aguanta a la última jornada, ante el Málaga en casa.
Errores y oportunidades
Las matemáticas conceden esa esperanza a un Zaragoza que sin embargo no anda lejos del 100% de posibilidades de bajar. Esta semana, tras la derrota ante el Sporting, ha supuesto asumir que la realidad de perder la categoría es inevitable, aunque ya desde hace tiempo que las sensaciones invitaban a pensar que ese era el único desenlace para este Zaragoza malparido desde el minuto uno del proyecto de este curso tras varios antes rozando el descenso y con terribles pasos adelante como club en la apuesta por Txema Indias, la continuidad de Gabi, no alejar a Mariano Aguilar de cualquier decisión, una confección dantesca de la plantilla, un relevo inexperto con Sellés, el drama del mercado de enero…
Muchos de los culpables de ya no están y otros viven en la sombra. Lalo llegó en marzo con la vista puesta más en Primera RFEF que en la permanencia y David Navarro, su apuesta, se quedó en el camino de la reacción para ahora estar a punto de rubricar un fracaso histórico, teniendo en cuenta que la competición le ha dado al Zaragoza en estas últimas semanas infinitas oportunidades que ha desaprovechado. El descenso se ha podido evitar de sobra y el equipo, lejos de agarrarse a la vida, se ha ido apagando, presa de sus miedos y deficiencias, para llegar aquí, a la isla, con los tambores del cadalso resonando en una calurosa tarde que se pronostica. Sentenciado, pero no ejecutado anda este colista. Aún. El tamaño del regate a ese destino es inmenso, casi un imposible. El verdugo prepara el hacha.














