El PSOE andaluz se esperaba un mal resultado el 17 de mayo. Incluso peor del que se ha conseguido. De ahí que haya quien respirara aliviado con los 28 diputados. Pero hay tres circunstancias que han encendido especialmente las alarmas en distintos ámbitos del partido. La primera, que pese a lo previsto el nivel de participación subió 8,7 puntos, casi 500.000 votantes más, pero la realidad es que sólo una parte mínima de ese electorado rescatado de la abstención votó socialista, apenas 60.000 votos. Adelante Andalucía se llevó la mitad y capitalizó así toda la movilización contra el PP por el desgaste de su gestión. A esto se añade que hasta Juanma Moreno (140.000 votos más) o el partido de Alvise (100.000 sufragios) consiguieron más que los socialistas de este incremento del electorado.
En segundo lugar, que sólo en dos grandes ciudades de toda Andalucía consiguió imponerse el PSOE, en La Rinconada y en Puerto Real, lo que constata para algunas voces que la desconexión con el electorado urbano y las clases medias que viene aumentando durante los últimos años y alerta del riesgo que vuelven a correr algunos territorios consolidados. María Jesús Montero intentó reconducirlo en su estrategia de campaña apelando a las desigualdades que genera el deterioro de los servicios públicos. Pero al final, Moreno disputaba hasta el electorado de izquierda mientras que los socialistas apenas tenían capacidad de llegar al centro y se encontraron con un duro competidor en el andalucismo de Adelante.
Y, en tercer lugar, que se dejó parlamentarios en dos provincias que esperaba haber movilizado. Por un lado, Granada, donde tradicionalmente ha habido una mayor movilización por la sanidad y por donde se presentaba la portavoz sanitaria del PSOE. Allí arrancó la campaña y se celebraron algunos de los actos más numerosos. Y Huelva, epicentro de la tragedia de Adamuz, donde los socialistas aspiraban a crecer. Otras provincias, como Sevilla, sin embargo sí resistieron el empuje de Adelante, y consiguieron mantener sus cinco diputados, al mismo tiempo que se percibía un cierto desgaste de Juanma Moreno en entornos rurales que le ha arrebatado un escaño.
Aunque haya dudas internas en torno a los tiempos de la candidatura de María Jesús Montero o a determinados aspectos de su estrategia, el análisis de muchos cargos del PSOE ve el origen de este desplome mucho antes de la campaña. Si se toma como referencia el barómetro del Centra (que acabó acertando en su última encuesta) el PSOE superaba los 30 diputados que consiguió en 2022 a mediados de 2024. Con las denuncias por los contratos sanitarios y las listas de espera se atisbaba una cierta recuperación. Pero a partir de ahí fueron cayendo las estimaciones. En diciembre, 27 parlamentarios y durante 2025, incluso 24.
Hay varios elementos claves que entran en juego justo en ese periodo: la investidura de Salvador Illa en agosto de 2024 y el inicio de los acuerdos de financiación con Cataluña, la nueva crisis interna que derivó en relevo entre Juan Espadas y María Jesús Montero en el último trimestre de ese mismo año, las imputaciones de José Luis Ábalos y Santos Cerdán, las investigaciones al entorno de Pedro Sánchez, la caída de Francisco Salazar y las denuncias de acoso sexual y, finalmente, la tragedia de Adamuz. Este marco es en el que se basa el análisis de que se han «salvado los muebles» o que se ha conseguido «frenar la sangría«. La mayoría absoluta de Juanma Moreno la ha frenado el crecimiento de Adelante Andalucía, pero también en algunas provincias que los socialistas no hayan perdido más votos.
Eso no significa que no haya autocrítica interna. Cualquier alto cargo califica el resultado como malo. Lo ha hecho María Jesús Montero y se está haciendo desde casi todas las instancias con mayor o menor contundencia. Hay un debate abierto en torno a la pérdida de conexión con una parte del electorado más moderado, con un modelo de relaciones con la ciudadanía a veces demasiado «antiguo», con un exceso de peso de las dinámicas de repartos de pesos orgánicos, con la falta de «renovación interna». Y, sobre todo, hay mucha preocupación de cara a las municipales de mayo de 2027 donde el PSOE andaluz se juega quizá más que en las elecciones generales.
Análisis interno
La dirección del PSOE andaluz y algunas de las direcciones provinciales como la de Sevilla han iniciado ya análisis locales de los resultados del 17M con la mirada puesta en las elecciones municipales. Preocupan especialmente las diputaciones provinciales y las posibilidades de recuperar o revalidar algunas alcaldías si se toman como referencia los datos de estos comicios autonómicos y los niveles de participación. «Es nuestra prioridad ahora, no podemos perder ni un día», apuntan distintas fuentes del partido. Los socialistas están ya elaborando informes por municipios y por secciones censales.
El 27 de junio está convocado el Comité del PSOE que debe dar el pistoletazo a las primarias. El objetivo de la dirección regional es que al menos las candidaturas de las grandes ciudades puedan quedar resueltas antes de las vacaciones de agosto, aunque queden para después del verano los pequeños municipios y las listas completas aunque esto dependerá de los tiempos que determine Ferraz. Todas las direcciones provinciales, como la de Sevilla, están ya preparando sus estrategias en las grandes ciudades y en los pequeños municipios con el objetivo de conseguir mejorar o al menos revalidar los datos de 2023. El PSOE quiere defender a toda costa las diputaciones de Sevilla y Jaén y aspira a recuperar Cádiz, además de algunas alcaldías.
Nadie contempla que el calendario se pueda ver alterado por un adelanto electoral (aunque todos asuman que Ferraz siempre pueda ser imprevisible). Si había alguna posibilidad, el caso Zapatero la ha dado por cerrada. Así, sólo quedan dos opciones un ‘superdomingo’ en el que coincidan generales y municipales, posibilidad que realmente nadie ha puesto encima de la mesa. O repetir el modelo de 2023 y que vayan primero las generales y luego las municipales. Hay quién considera que lo peor sería la coincidencia. Y hay quién ve ahí una opción de movilización especialmente en determinados municipios. De hecho, eran muchos los que apostaban por haber celebrado generales y autonómicas andaluzas a la vez este mes de mayo. En cualquier caso, es una decisión que sólo depende de Pedro Sánchez.
Liderazgo de María Jesús Montero
El análisis de los datos del 17M y de la estrategia evidentemente genera tensiones y voces críticas internas. El PSOE lleva tres secretarios generales en cinco años. Susana Díaz y Juan Espadas dejaron sus puestos tras un gran desgaste interno. Ahora, es María Jesús Montero quien está en el foco. Pero hay una diferencia sustancial: es la número dos de Pedro Sánchez, es su apuesta personal, él decidió que diera el paso en Andalucía y cualquier movimiento orgánico tendría que ser directamente contra el presidente del Gobierno. Eso es complicado que ocurra antes de las generales. Andalucía ha entrado en una dinámica como la que vivió el PSOE en Madrid o en Valencia, con liderazgos efímeros sin tiempo para consolidarse. Una travesía en la que se da por hecho que habrá un nuevo capítulo a medio plazo cuando María Jesús Montero dé el siguiente relevo. Salvo que todo cambie en los próximos meses.
María Jesús Montero ha comunicado que su intención es seguir, entrar en el Parlamento y liderar la oposición hasta el próximo congreso, cuando se someterá al voto de la militancia. La fecha dependerá del resultado de las elecciones generales.Toca organizar un nuevo grupo parlamentario que tiene como principales referentes a María Márquez, Ángeles Férriz, Rafael Recio o Fernando López Gil. Y, al mismo tiempo, definir la estrategia y el marco de actuación para el inicio de esta próxima legislatura centrada principalmente en la gran ventana de oportunidad que para el PSOE ha generado las elecciones autonómicas: el pacto entre PP y Vox.
Esa es además la principal lectura del PSOE a nivel nacional de cara a las próximas generales. Por eso, el resultado no es tan negativo para la estrategia de Pedro Sánchez. Tiene al PP con Vox en la comunidad más poblada y hay una movilización en la izquierda que en las autonómicas se ha dividido entre PSOE, Adelante y Por Andalucía, pero que se podría reconducir de cara a la pelea por los escaños en el Congreso de los Diputados.















