La muerte de los guardias civiles en Huelva ante los narcos no fue un accidente laboral, fue un asesinato

Lucía Llano (1972) recibe a EL ESPAÑOL en su nueva casa, un bonito adosado de Benaguasil (Valencia) con vistas a la Sierra Calderona. «Faltan cosas, apenas he comenzado a instalarme», se excusa. No obstante, ya ha tenido tiempo de decorar la vitrina donde aglutina multitud de abalorios sobre la Guardia Civil.

Nos enseña con entusiasmo sus figuritas, tazas, playmobils, pins, bolis, parches… y, por descontado, los reconocimientos recibidos durante su carrera y como presidenta de Retirados Asociados de la Guardia Civil de España.

La artrosis la obligó a retirarse mucho antes de lo que hubiera querido, y decidió volcar su pasión por el cuerpo en la defensa de este importante colectivo de agentes, demasiadas veces olvidado.

Dicho perfil, el de representante de guardias civiles que ya han dejado el servicio por circunstancias diversas, la hace especialmente sensible a tragedias como la recientemente sufrida por los fallecidos en Huelva.

¿Qué sintió al conocer la muerte de los agentes Jerónimo y Germán persiguiendo a narcos en las costas de Huelva?

Toda la familia de la Guardia Civil sentimos dolor, vacío e incomprensión de por qué ha vuelto a suceder. Hace no mucho resultaron heridos en circunstancias parecidas y volvieron a hacer su trabajo sin miedo, enfrentándose a delincuentes más preparados que ellos. Eran unos valientes.

Duele ver esa inferioridad de medios repetida solo dos años después de la tragedia de Barbate. Este mismo viernes embistió una narcolancha en Almería a una patrullera de Aduanas. ¿Qué puede hacer más el Estado para reducir la distancia frente al poderío de los narcos? ¿Por qué no lo hace?

Entiendo que los representantes institucionales están dolidos. Yo creo al ministro Marlaska cuando dice que está rabioso. Pero las soluciones no se pueden dilatar en el tiempo, no puede demorarlas más. Los hechos tienen que darse ya. No podemos seguir perdiendo compañeros en circunstancias dolorosas que se podían evitar.

Hay vidas en juego. Se trata de trabajar unidos para mejorar la seguridad que demandan los ciudadanos. Faltan efectivos, medios marítimos, tecnología, sistemas de inteligencia y protección jurídica. En pleno siglo XXI, con los avances tecnológicos actuales, deberíamos estar muy por encima de los delincuentes.

«Quiero pensar que ninguna muerte ha sido en vano y que las instituciones dotarán a los agentes de los medios necesarios. La mejor manera de honrar a nuestros caídos es con hechos»

La madre de uno de los fallecidos de Barbate, al conocer la nueva tragedia, lamentó que la muerte de su hijo “no había servido para nada”. ¿Comparte ese sentimiento?

Como guardia civil, entiendo profundamente su dolor. Perder un hijo es lo peor que pueden sufrir unos padres. Pero quiero pensar que ninguna muerte ha sido en vano y que las instituciones dotarán a los agentes de los medios necesarios. La mejor manera de honrar a nuestros caídos es con hechos. Cada año asistimos al homenaje en Barbate para mantener viva su memoria; no se les puede olvidar nunca.


Lucía Llano muestra su colección de abalorios de la Guardia Civil.

Eduardo Manzana

Hace años que reclaman esa inversión que no llega. El ministro Fernando Grande-Marlaska lleva ocho al frente del Ministerio de Interior que debería hacerla posible. ¿Le falta sensibilidad? ¿Comparte usted la desafección que genera?

Los compañeros que sufren en la calle el incremento de la delincuencia y la pérdida de autoridad se sienten desprotegidos. Es momento de mover ficha y hacer leyes contundentes. Todo se reduce a una carencia de medios. El ministro habrá hecho cosas bien y mal, como todos, pero quienes ocupan cargos tan importantes no pueden permitirse perder a miembros de las Fuerzas de Seguridad ni que los delincuentes vayan por delante.

«Creo que Marlaska es consciente de las necesidades, pero todo depende de partidas presupuestarias. No se puede escatimar en seguridad»

Yo creo que es consciente de las necesidades, pero todo depende de partidas presupuestarias. No se puede escatimar en seguridad. Esta falta de recursos es un problema de todos los gobiernos que han pasado; los políticos deben unirse para solucionarlo sin importar quién proponga la ley.

Durante la jura de bandera en la Academia de Baeza, hubo abucheos al ministro. ¿Le parecieron justificados?

Entiendo la indignación y la frustración de familiares y compañeros que ven entrar a sus hijos al cuerpo y saben por la tragedia a lo que se van a enfrentar esos nuevos guardias civiles. Sin embargo, creo profundamente en el respeto institucional. La Guardia Civil representa la disciplina y la serenidad. Era un momento solemne de respeto a la bandera y no soy partidaria de los abucheos en esos actos.

«En los funerales de este tipo deben estar los máximos representantes institucionales para arroparnos, desde el Gobierno hasta la Casa Real»

Jerónimo y Germán no tuvieron en su funeral a ningún ministro ni al presidente del Gobierno. ¿Qué le parece esa ausencia?

No me corresponde juzgar las agendas políticas. Estaban sus familias, sus compañeros, la directora general y la cúpula de mandos. Pero creo que en este tipo de desgracias deben estar los máximos representantes institucionales para arroparnos, desde el Gobierno hasta la Casa Real, demostrando que valoran nuestra entrega y sacrificio. El cargo que ocupan es para lo bueno y para lo malo.

Lucía Llano, vestida de uniforme en una imagen de archivo. EE


Lucía Llano, vestida de uniforme en una imagen de archivo. EE

La exministra María Jesús Montero definió la tragedia como un «accidente laboral». ¿Qué opina de esta expresión?

No estuvo acertada. No es un accidente laboral, es una muerte en acto de servicio. Las narcolanchas saben muy bien las maniobras que realizan para provocar impactos como el que se produjo. Para nosotros es un asesinato; son dos compañeros fallecidos luchando contra el narcotráfico y las bandas organizadas. Los delincuentes volvieron a salir ganando.

«No es un accidente laboral, es una muerte en acto de servicio. Las narcolanchas saben muy bien las maniobras que realizan para provocar impactos como el que se produjo. Para nosotros es un asesinato»

La Guardia Civil ha sufrido la retirada de competencias de Tráfico, de la gestión de la inmigración… sus agentes han sufrido al ver el acercamiento de presos de ETA al País Vasco, la concesión de semilibertades. ¿Se sienten abandonados por las decisiones del actual Gobierno?

En muchas ocasiones nos sentimos abandonados. Creo que es muy sencillo lo que ocurre. Es fruto de los acuerdos existentes entre grupos parlamentarios para conseguir los apoyos necesarios para gobernar. El juego de la política nos termina perjudicando, y son las minorías las que están decidiendo en cuestiones que son de Estado.

En ocho años ha habido cuatro directores generales de la Guardia Civil. ¿Es normal esta falta de estabilidad?

Conozco a los directores y creo que tanto María Gámez como Mercedes González han sido muy buenas directoras generales, con gran empatía. Mercedes sufre la situación y quiere mejorar las cosas. Pero la estabilidad siempre da pie a que las políticas se consoliden. Si un director lleva ocho años, conoce el cuerpo, lo ama y se pelea en los despachos por los mejores recursos. Con tanto cambio, llega alguien nuevo con otra visión y es volver a empezar.

Con la despoblación actual, ¿considera viable mantener los cuarteles pequeños en los pueblos o deberían evolucionar a patrullas móviles?

Soy de la vieja escuela y creo en el cuartel del pueblo, en la cercanía al ciudadano. A la población le da una tranquilidad inmensa ver pasar al coche de la Guardia Civil. No estoy de acuerdo con el cierre de cuarteles. Si hacen falta promociones de 5.000 agentes como antes, que se hagan, pero no podemos desproteger el medio rural frente a la delincuencia o la protección de la naturaleza.

«Veo bien regularizar, pero no a delincuentes. Hay que confiar en la ardua labor de investigación de la Policía Nacional para detectar las posibles trampas y que esto no ocurra»

Sobre el proceso de regularización masiva de inmigrantes, ¿cree que entraña un riesgo para la seguridad ciudadana o un efecto llamada?

Personalmente, veo muy bien que se regularice a quienes vienen a buscar una vida mejor y a trabajar, porque España necesita mano de obra en sectores como la construcción, la hostelería o el campo. Tienen derecho a prosperar y vivir en paz. El problema no es la regularización, es la delincuencia. Lo que no veo bien es que se regularice a delincuentes. Hay que confiar en la ardua labor de investigación de la Policía Nacional para evitarlo, para detectar las posibles trampas con la falsificación de documentación y detectar a los posibles delincuentes que quieran regularizarse.

Dar los papeles y la ciudadanía es un premio para quienes se integran. Los españoles queremos vivir tranquilos. A los delincuentes de nacionalidad española no se les puede expulsar del país, porque son ciudadanos españoles, pero no deberíamos importar delincuentes extranjeros.

Lucía Llano, en la terraza de su casa.


Lucía Llano, en la terraza de su casa.

Eduardo Manzana

¿Debe el Estado equiparar la condición profesional de todos los cuerpos policiales? ¿Tiene sentido que la Guardia Civil siga siendo un cuerpo militarizado?

Sé que muchos compañeros no estarán de acuerdo, pero soy de la vieja escuela. La Guardia Civil tiene una identidad, una historia y unos valores que forman parte de nuestra esencia. Nuestra naturaleza militar ha contribuido a estos 182 años de historia y es por lo que millones de españoles nos admiran. No estoy conforme con que se desmilitarice el Cuerpo de la Guardia Civil. Ahora bien, esto no impide que se evolucione y que avancemos en un sistema de bienestar. Seguir manteniendo nuestra esencia no está reñido con tener los derechos que hoy tiene el resto de trabajadores.

Si pudiera hacer una reforma inmediata en el cuerpo, ¿cuál sería?

Se está trabajando en mejoras, como el reciente segundo Plan de Igualdad, pero las necesidades actuales son un problema de Estado. Todos los grupos parlamentarios deben trabajar unidos, sin enfrentamientos. Hay que mejorar la Ley de Personal, la seguridad, incrementar los medios y aumentar el número de plazas en las promociones. Además, hay que acortar los tiempos. Llevamos 35 años hablando de la equiparación salarial y aún no ha llegado en los términos que debe. Y, por descontado, tienen que considerarnos profesión de riesgo.

¿Por qué cree que todavía no se les reconoce como profesión de riesgo? Resulta muy llamativo, más después de tragedias como la de Huelva

Es una reivindicación histórica. Está más que demostrado por la realidad social que sufrimos: los compañeros padecen agresiones e insultos cada año. Se ha perdido el principio de autoridad y los delincuentes van por delante de nosotros. Necesitamos leyes fuertes que protejan a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Las bandas criminales están muy bien organizadas y tienen grandes recursos económicos.

Hay que procurar adelantarnos al delincuente. Antes, una patrulla paraba a varios coches y había respeto; hoy saben que tienen impunidad. Un país rico se fundamenta en educación, sanidad, justicia y seguridad. Si no invertimos en seguridad ciudadana, el sistema falla.

Además, nuestra asociación defiende el carácter retroactivo, que se reconozca como profesión de riesgo también a los que están en la reserva, segunda actividad, jubilación o retiro. Quienes trabajaron en las duras condiciones de hace 30 años, o lucharon en la época del terrorismo, merecen ese reconocimiento porque están desgastados física y psicológicamente.

Detalle de la colección de Lucía Llano.


Detalle de la colección de Lucía Llano.

Eduardo Manzana

¿Qué reivindican los Retirados Asociados de la Guardia Civil de España (RAGCE), la organización que preside?

Nacimos en abril de 2018 porque empezamos a darnos cuenta de que había un abandono hacia la figura del guardia civil retirado, del veterano del cuerpo. Nuestra principal reivindicación era recuperar esa figura y volver a integrarla. En estos ocho años hemos conseguido muchos avances, como la Orden General número 5 del 4 de julio de 2022, que trata sobre la relación institucional del personal retirado con la Guardia Civil y está basada, en gran medida, en nuestro proyecto.

También conseguimos la Tarjeta de Retirado de la Guardia Civil (TRGC). Este jueves estuve inaugurando una placa en un cuartel de Valencia en honor a los veteranos, promoviendo que se trate al personal retirado con el cariño y respeto que merecen. Vemos que la Dirección General de la Guardia Civil está poniendo de su parte para hacer cambios. Va lento, porque cuando reivindicas, quieres que las cosas se cumplan ya, pero estamos obteniendo respuestas muy positivas.

Ingresó en la Guardia Civil en 1991. ¿Qué ha cambiado más en el cuerpo desde que entró?

La Guardia Civil ha avanzado y mejorado sustancialmente en sintonía con cómo ha progresado la sociedad. Es un hecho indudable. Como en cualquier rama profesional, siempre quieres avanzar más, tener mejor calidad y mejores medios. Falta todavía mucho camino por recorrer, sobre todo en lo que respecta a medios y necesidades de personal.

«Ser la única mujer de diez guardias en un pueblo donde los vecinos se quedaban perplejos, era duro. Iban a poner una denuncia y no confiaban en nosotras»

En aquel entonces no había apenas mujeres. ¿Cómo ha evolucionado el papel de la mujer en el cuerpo? ¿Cómo se enfrentaron al machismo mujeres como usted?

Entré en una época distinta a la actual. Hoy en día el porcentaje de mujeres es mucho más amplio, ronda el 11%, y el Gobierno y la Dirección General buscan la paridad. Evidentemente, la mujer que ingresa hoy lo hace con menos machismo del que sufrimos las primeras promociones. Tuvimos que romper techos de cristal y enfrentarnos a situaciones muy dolorosas. Ser la única mujer en un cuartel de diez guardias, en un pueblo donde los habitantes se quedaban perplejos, era duro. Iban a poner una denuncia y no confiaban en nosotras, querían hablar con el sargento o el cabo.

Todas las de mi época hemos sufrido episodios de machismo. También había una sobreprotección por parte de los compañeros mayores, que nos veían como a sus hijas, pero nosotras no queríamos eso. Habíamos superado la academia igual que ellos y queríamos una igualdad real, el mismo trato por parte de los mandos, los compañeros y la sociedad.

Lucía Llano, durante la entrevista.


Lucía Llano, durante la entrevista.

Eduardo Manzana

¿Considera que esa mentalidad ya ha cambiado definitivamente?

La Guardia Civil como institución abre las puertas a la mujer a través de un Decreto Ley en 1988, pero los guardias de aquella época no estaban muy a favor. Había que avanzar, la Guardia Civil necesitaba a la mujer. Desde que estamos en el cuerpo, la institución ha avanzado muchísimo. Somos grandes profesionales y necesarias para resolver todo tipo de delitos, aportando otra visión y sensibilidad en investigaciones cruciales como la lucha contra ETA u otras bandas organizadas.

He encontrado grandes compañeros a lo largo de mi trayectoria que nos respetan y valoran. Lo que una mujer quiere en la Guardia Civil es que la vean como una igual, no queremos ser más ni menos que un hombre. Ese es el verdadero feminismo. Éramos guerreras buscando una igualdad real frente a los que nos consideraban el ‘sexo débil’.

Usted ha expresado públicamente que su mujer es Policía Nacional. ¿Qué evolución detecta en el cuerpo respecto al colectivo LGTBI?

En aquella época no existía la misma libertad que hoy. Había mucho miedo al qué dirán, a ser juzgado y a que te pudieran cortar las alas para acceder a determinados puestos. Hasta no hace mucho, la vida profesional de algunos compañeros ha venido determinada por su orientación sexual. Antiguamente tenías que vivir una vida paralela e inventarte un novio.

No podías hablar abiertamente de que estabas enamorada de una mujer por miedo a las represalias de los mandos. Hoy en día, afortunadamente, las instituciones han evolucionado. Se nos valora por nuestra profesionalidad y calidad humana, no por nuestra condición sexual.

«Hoy me siento orgullosa de hablar abiertamente de mi pareja, pero no pude hacerlo hasta retirarme. No podía ir a la festividad de la Patrona y presentar a mi novia»

¿En qué año se sintió completamente liberada para hablar de su condición sexual sin esconderse?

Hoy me siento orgullosa de vivir mi vida con naturalidad y hablar abiertamente de mi pareja, pero no pude hacerlo hasta después de haberme retirado. Mientras estuve en activo, me costó mucho. Lo sabían mis compañeros más cercanos, pero no podía ir a la festividad de la Patrona y presentar a mi novia a los mandos. Hoy en día, cualquier compañero puede ir acompañado de su pareja con total respeto.

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