Un estudio revela que casi el 80% de los ríos del mundo sufren una caída crónica de oxígeno disuelto. Se trata de un proceso silencioso, agravado drásticamente por las olas de calor, que amenaza con colapsar la biodiversidad y crear grandes áreas inhabitables bajo el agua en las próximas décadas.
Los ríos de todo el planeta se están asfixiando lentamente bajo el peso del aumento de las temperaturas, según un estudio que utilizó satélites e inteligencia artificial para rastrear el oxígeno disuelto en más de 21.000 tramos fluviales de todo el planeta a lo largo de casi cuatro décadas.
Aunque el estudio no ofrece datos desglosados por países, advierte sobre la vulnerabilidad de los ríos de Europa Occidental, que presentan caídas significativas en sus niveles de oxígeno durante las épocas de estiaje o caudal bajo, un factor crítico ante el aumento de las sequías prolongadas.
La investigación, publicada en Science Advances, descubrió que los niveles de oxígeno en los ríos han caído de forma generalizada desde 1985, y que casi el 63% de ese descenso se atribuye al hecho de que el agua más cálida retiene menos oxígeno, una consecuencia directa del cambio climático. En total, casi el 79% de los ríos estudiados mostraron una disminución en las concentraciones de oxígeno, a una tasa promedio de −0,045 miligramos por litro por década.
España y Europa ya sufren la asfixia de sus aguas
- La desoxigenación de la que habla esta investigación no es un fenómeno ajeno a nuestro entorno. Un estudio liderado por la Universidad de Pensilvania y publicado en Nature Climate Change advirtió en 2023 que el 70% de los ríos analizados en Europa y Estados Unidos están perdiendo oxígeno, y que se calientan a mayor velocidad que los propios océanos.
- A nivel local, investigaciones como las realizadas en el lago de Montcortès (Lleida) por la Universidad de Barcelona (2018) demuestran que el aumento de las temperaturas en la Península Ibérica desde mediados del siglo XX está provocando la intensificación de las anomalías térmicas en las aguas, favoreciendo la expansión de episodios prolongados de hipoxia y perturbando el ecosistema microbiano.
Los ríos tropicales, los más afectados
El estudio desmiente suposiciones previas que apuntaban a que los ríos de latitudes altas serían los más perjudicados por la pérdida de oxígeno debido a un calentamiento polar más pronunciado. En cambio, son los ríos tropicales (los ubicados entre los 20 grados de latitud sur y los 20 grados de latitud norte) los que están experimentando la desoxigenación más grave.
Los ríos del subcontinente indio se encuentran entre los más castigados; a principios de este siglo, el muy contaminado Ganges perdía oxígeno a una tasa que llegaba a superar con creces el promedio mundial.
Las olas de calor agravan drásticamente el problema. El estudio determinó que los eventos de temperaturas extremas son responsables del 22,7% de la desoxigenación de los ríos a nivel mundial, añadiendo un impacto negativo mucho más rápido que el del calentamiento base a largo plazo.
Referencia
Sustained deoxygenation in global flowing waters under climate warming. Qi Guan et al. Science Advances, 15 May 2026, Vol 12, Issue 20. DOI:10.1126/sciadv.aef3132
Zonas muertas en el horizonte
Si la trayectoria actual se mantiene, los investigadores proyectan que los ríos de todo el mundo podrían perder un 4,7% adicional de su oxígeno para finales de siglo en los escenarios de emisiones de carbono más altos. En estas proyecciones extremas, los ríos del sureste de Estados Unidos, la India y grandes extensiones de América del Sur (como la meseta del Paraná) podrían ver desplomarse sus niveles de oxígeno en más de un 12%.
A esos niveles, los científicos advierten que podrían surgir proliferaciones de zonas muertas en los ríos continentales, similares a las que ya se observan en entornos costeros como el Golfo de México, la bahía de Chesapeake y el lago Erie; áreas donde la vida acuática lucha por sobrevivir debido a la insuficiencia crónica de oxígeno.
La desoxigenación es un proceso a menudo invisible, pero a la larga su impacto negativo desestructurará los ecosistemas fluviales, señalan los autores del artículo. Otros factores paralelos incluyen la contaminación por nutrientes provenientes de fertilizantes y escorrentías urbanas, la construcción de presas y las alteraciones en el flujo del agua, aunque el sobrecalentamiento del agua sigue consolidándose como el principal motor de esta asfixia global.











