Las claves
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El pasado jueves cinco submarinistas italianos perdieron la vida durante una inmersión en las islas Maldivas.
La complejidad de la operación de rescate de los cuerpos se ha cobrado la vida, este sábado de uno de los buceadores del equipo de rescate.
Los indicios preliminares apuntan a que la muerte del rescatista fue causada por un síndrome de descompresión durante la maniobra de ascenso a la superficie.
El dispositivo de emergencia continúa trabajando contrarreloj en la zona, donde por ahora solo se ha logrado localizar a uno de los fallecidos.
La nueva víctima ha sido identificada como Mohammed Mahudhee, un buceador perteneciente al ejército de Maldivas.
Según informan medios locales e italianos, Mahudhee fue evacuado de urgencia y trasladado en estado crítico a un centro hospitalario del país, donde más tarde se confirmó su fallecimiento.
Los primeros indicios apuntan a que la muerte del rescatista fue causada por una subida demasiado rápida o a un tiempo excesivo a grandes profundidades.
El accidente
La cronología del accidente sitúa el inicio de la tragedia el jueves por la tarde, cuando los cinco italianos no regresaron a la superficie tras sumergirse alrededor de las once de la mañana desde el yate Duke of York.

Imagen facilitada por la Fuerza de Defensa Nacional de Malivas que muestra la localización del accidente.
A pesar de tratarse de un grupo de profesionales con amplia experiencia, el entorno de la cueva se volvió letal.
Las víctimas han sido identificadas como Monica Montefalcone, de 51 años y profesora de Ecología en la Universidad de Génova; su hija, Giorgia Sommacal, de 23 años; Muriel Oddenino, investigadora; y los experimentados instructores de buceo Gianluca Benedetti y Federico Gualtieri.
La expedición estaba liderada por Montefalcone, una de las mayores expertas italianas en ecología marina.
El propósito de la inmersión era recoger datos biológicos, analizar el estado de los corales y estudiar la biodiversidad de la zona frente al cambio climático.
Ante las primeras informaciones, la propia universidad genovesa ha querido matizar la naturaleza oficial del viaje, aclarando posteriormente que la institución «solo financiaba a la profesora y a la investigadora para este proyecto de investigación específico», desvinculando formalmente al resto de los integrantes de la expedición académica.
Los buzos realizaban una inmersión en aguas de la isla de Alimathà, un destino internacionalmente reconocido y muy apreciado por submarinistas de todo el mundo.
La inmersión se realizó en el atolón de Vaavu, específicamente en la cueva de Thinwana Kandu.
Aunque la zona es famosa por avistamientos de fauna marina, el grupo realizó una inmersión técnica profunda, descendiendo a unos 50 metros.
Esta profundidad supera por mucho el límite del buceo recreativo estándar, habitualmente limitado a 30 metros en Maldivas.
De hecho, se ha sabido que en la zona costera había una alerta amarilla por mal tiempo, lo que generaba fuertes corrientes submarinas y reducía drásticamente la visibilidad.
Tras denunciarse la desaparición a primera hora de la mañana, los equipos de emergencia lograron localizar el cuerpo sin vida de uno de los científicos, cuya identidad aún no ha trascendido, mientras continúa la complicada búsqueda del resto del grupo.














