La cena que cambió el rumbo del Sporting de Gijón y de Borja Jiménez: intrahistoria de un desencuentro inesperado

Último fin de semana de abril. Al Sporting de Gijón le toca rendir visita al Córdoba en la que se valora como la última oportunidad para desafiar la lógica y apurar las escasas opciones que le restan ya al equipo para mantener vivo el play-off. De puertas para adentro, en el club se trabaja desde hace semanas en la próxima temporada con el escenario de repetir en Segunda División. Es lo más realista. Las conversaciones van en torno a cómo componer la plantilla, cómo construir un equipo que tenga aspiraciones reales de pelear por la promoción de ascenso. José Riestra, presidente ejecutivo, y Borja Jiménez, entrenador, se citan para cenar. Lo que empezó siendo un encuentro informal para hablar de todo de manera más distendida, acaba precipitando el anuncio de la marcha del abulense tres semanas después.

Borja Jiménez confesó a José Riestra sus dudas deportivas sobre el nuevo proyecto. Hay algunas diferencias en cuanto a configuración de la próxima plantilla, a cómo el límite salarial acabará de configurarse y dar margen para ser candidatos realmente a terminar entre los seis primeros. También hay alguna duda sobre qué jugadores deben ser protagonistas y cuáles es mejor ofrecerles una salida. Lo que puede entenderse como un debate lógico a estas alturas de la temporada entre un club y su entrenador, inicia una fractura más profunda. Las dudas de Borja llevan al club a invitarle a meditar si realmente quiere continuar al frente del equipo, más allá de que su contrato se firmase el pasado mes de octubre hasta 2027. El abulense, que vivió una experiencia similar en el Deportivo de La Coruña que terminó con su despido al poco de iniciarse la siguiente temporada, se lo piensa. No quiere volver a repetir ese episodio. Saltan las alarmas en Mareo. De la incertidumbre, a un problema real.

Parte del entorno de Borja Jiménez le aconseja seguir en el Sporting y atribuye las diferencias con el club o sus dudas deportivas, a algo natural, propio de su carácter. El Sporting, por su parte, activa alternativas y empieza a moverse en el mercado para si, llegado el caso, hubiera que firmar un entrenador de cara al próximo curso. Las partes se dan un tiempo para conocer una postura definitiva. Todo va cogiendo velocidad, añadiendo distancias hasta pactarse, el pasado jueves, una salida. El acuerdo definitivo no estuvo exento de algún momento de cierta tensión.

Borja comunica al Sporting que lo mejor es separar los caminos a partir de junio. La decisión es firme tras hablarlo con su cuerpo técnico y su entorno más cercano. El club rojiblanco le plantea entonces su salida inmediata, es decir, que no dirija ya al equipo en la visita al Málaga del pasado sábado. El entrenador piensa diferente y quiere terminar la campaña al frente del equipo. Lo contrario lo valora como si se tratara de un despido. Más diferencias.

El Sporting y su entrenador acuerdan, entonces, acabar la campaña juntos, pero el club apremia a comunicarlo antes de que trascienda. El cómo y el cuándo inicia otro debate. Israel Villaseñor, director de gestión deportiva, y Borja Jiménez tienen posturas encontradas. Pactan que el entrenador se lo diga primero a sus jugadores y después, emitir un comunicado. Todo, en ese orden y en la mañana del pasado viernes. Poco después, el abulense saldrá a la habitual rueda de prensa de antes de cada partido. Podrá explicar su postura.

Lo que vino después, aumentó la distancia. Más decepción entre la afición, derrota y el propio entrenador insistiendo en la sala de prensa de La Rosaleda que no se va por tener una oferta mejor. Lo hace valiéndose de una frase demoledora para la sensibilidad de un sportinguismo que solo ha llevado palos este año: «Tengo a mi agente loco para que me encuentre equipo». Por delante, tres semanas de Liga, una, con parada en El Molinón.

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