“No pienso entrar en mucho tiempo”

Una veintena de personas contempla con expectación sentada en las vallas del metro de Carabanchel situadas frente al Hospital Gómez Ulla la llegada del autobús con los pasajeros del Hondius.

En el barrio no se comenta otra cosa: «Espero que no haya una nueva pandemia» murmura una vecina, mientras que otras se preguntan mientras hablan con EL ESPAÑOL, «¿por qué los han traído a Madrid, si los podían atender en Canarias?».

La Policía Nacional custodia la comitiva de llegada de los pasajeros afectados por hantavirus que acapara todas las miradas de la gente del barrio que se ha acercado hasta las puertas del hospital.


Una mujer entra dentro del recinto del Hospital Gómez Ulla de Madrid.

E.E.

Tras entrar el autobús y abandonar la policía la escena, poco a poco, las inmediaciones del hospital quedan teñidas de una gran normalidad. Personas que entran y salen para ver a sus seres queridos ingresados, pacientes que acuden a consulta o trabajadores que acuden a sus puestos.

Justo en la puerta hay un cartel que reza: «Entra usted en un recinto militar, respete las indicaciones del personal del centro y del personal de seguridad».

Dentro del Gómez Ulla

El tema del hantavirus ha colonizado todos los espacios y eclipsado todas las conversaciones. En la entrada una pareja de jóvenes bromeaba al entrar: «¿Por qué no voy a poder entrar por el virus? Anda, pasa».

Precisamente en la puerta, con un cigarro en la mano tienen su reunión habitual dos sanitarios de este hospital militar. Bromean ante el gran número de medios que hay en las puertas y la expectación de los vecinos que este tema va a hacer que se deje de hablar de otras cosas como «de Koldo y Ábalos».

Aunque, entre calada y calada, comentan que el hantavirus va a hacer que «haya más listas de espera«, al menos en ese hospital, porque «habrá más médicos que tengan que centrarse en los pacientes que están en cuarentena».

Eso sí, estos sanitarios auguran que «pedirán voluntarios para atenderlos y personal militar para que les acompañe«.

Una vez dentro del hospital la normalidad invade el ambiente, no hay medidas extras de seguridad y se respira la normalidad de un domingo más en un hospital. El trasiego de pacientes y sanitarios que se cruzan en los pasillos o en la cafetería de la segunda planta.

Algunos al cruzar las puertas se ponen automáticamente la mascarilla como si hubiesen retrocedido en el tiempo a la pandemia del coronavirus. Eso sí, suelen ser personas mayores los que se la ponen aunque, de momento, son pocos los que lo hacen.

Precisamente ahí un celador no puede evitar hacer un comentario al respecto con EL ESPAÑOL: «Mira lo barato que está el menú, aprovechando esto querrán venir más médicos».

En los pasillos la conversación no para de resonar. Una paciente al encontrarse con unos conocidos que van a visitarla sostiene que «ojalá no ocurra una nueva pandemia«, una afirmación que asiente el resto.

Sin medidas especiales

En la puerta del Gómez Ulla no paran de entrar y salir pacientes y familiares.

«No hay ninguna medida de refuerzo, no hay seguridad ni nada, está todo normal y corriente como todos los días», asegura una mujer que sale del Hospital a ver a sus padres. Además, añade que «los enfermeros van todos vestidos igual».

Una mujer acude a visitar a sus padres al Hospital Gómez Ulla.


Una mujer acude a visitar a sus padres al Hospital Gómez Ulla.

E.E.

De forma general no hay miedo de que se propague el virus, la duda siempre queda. Eso sí, la mayoría deja que el destino decida y «que pase lo que tenga que pasar». Aunque, el deseo de la mayor parte de vecinos es que «no haya una nueva pandemia, ni se propague el virus».

Judith sale de urgencias junto a su hijo y cuenta a EL ESPAÑOL que «la gente está asustada, pero este hospital es lo más seguro para los pacientes».

Compartir hospital con estos pasajeros parece no inquietar a los pacientes del Gómez Ulla al «estar solamente en la planta número 22 y haber muchas medidas de seguridad».

Unos sanitarios en prácticas que entran a su turno también cuentan que «no hay medidas extra, ni protocolos a seguir para los trabajadores» porque «no van asiduamente a esa planta». Eso sí, aseguran que «las medidas de prevención y control están funcionando muy bien», también la «simulación» que han realizado.

«Hay que ponerse mascarilla»

En la calle el tema de conversación de los vecinos no es otro que este. Los vecinos se sientan en los bancos de las inmediaciones del hospital y lo único que comentan es el tema del hantavirus y de los pacientes.

«¿Ya están dentro?», pregunta un vecino despistado que está paseando al perro a unas vecinas que están sentadas en un banco.

Margarita apoyada en su bastón ríe con sus amigas y sentencia: «No pienso pisar el hospital en mucho tiempo«. Algo que Rocío no puede cumplir porque tiene cita este próximo miércoles. Pero, tampoco le preocupa tener que acceder al interior del hospital.

«Me pondré mascarilla y estaré todo el día con el gel hidroalcohólico», son las medidas que tomará el día que acuda a la visita con su médico.

Anunciación pasea tranquilamente con su marido, pasan de los 80 años, y este matrimonio curtido por la edad y la experiencia del coronavirus se resigna a «que pase lo que tenga que pasar«, aunque este hantavirus no está entre sus preocupaciones.

Además, confían totalmente en el hospital de su barrio al que van «de toda la vida y tiene unos grandes profesionales», aseguran.

Por eso, confían en que es lo «mejor para todos los pasajeros que les den todos los cuidados en este hospital porque está preparado para ello».

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