A pesar de la globalización de las cadenas de suministro y la progresiva deslocalización hacia países con mano de obra más barata, Galicia es todavía el principal polo de confección de ropa del país. El negocio de lo fabricado aquí supera los 2.000 millones de euros. Se sacan más de 100.000 prendas por ejercicio. A eso se suman las importaciones, que en 2025 rozaron los 2.800 millones de euros. ¿Y cuánto se consume en la propia comunidad? El gasto en artículos de vestir, incluido el calzado, asciende a 1.655 millones de euros, unos 617 euros por persona. Es una de las principales partidas del presupuesto de los hogares, por encima de la salud (598 euros) y casi el doble que los recibos del teléfono, internet y el resto de comunicaciones (365 euros), a pesar de que hace dos décadas el desembolso era mucho mayor, con 830 euros.
No cae el consumo. Todo lo contrario. La expansión del fast fashion permite adquirir más por menos. Cada residente en España acaba generando 19 kilos de residuos textiles al año, el equivalente a 60 prendas. Un enorme problema para la sostenibilidad porque la inmensa mayoría de la ropa usada ni se recupera, ni se recicla. En Galicia, el 85% acaba en el vertedero.
La gran dependencia de la producción externa, especialmente Bangladesh, China, Turquía y Marruecos «incrementa los riesgos de trazabilidad, control de impactos ambientales y sociales en origen y vulnerabilidad ante disrupciones geopolíticas», señala Moda re- en la radiografía que acaba de elaborar sobre la situación actual del sector de la recogida y tratamiento de ropa usada en cada autonomía. El impacto va más allá de la parte industrial. «En los últimos años, Europa está asistiendo a la rápida penetración de productos de bajo coste, escasa calidad y rápida obsolescencia», señala la principal cooperativa social española dedicada a gestionar íntegramente el ciclo de la ropa usada con el impulso de Cáritas, en referencia al salto del fast fashion «al ultra-fast fashion«.
Llegan a través de las grandes plataformas online asiáticas. Bruselas estima que la entrada de este tipo de artículos en suelo comunitario se multiplicaron casi por cuatro entre 2022 y 2024, hasta alcanzar 4.600 millones de unidades. «Este modelo de distribución plantea un riesgo de trazabilidad para el sector textil, derivado de lo que el informe describe como la dificultad de las autoridades aduaneras para controlar envíos de bajo valor, lo que facilita que prendas textiles no conformes con normativas europeas de seguridad, sostenibilidad y trazabilidad lleguen al mercado sin verificación efectiva».
Esta nueva palanca de consumo en masa para el textil choca con «un contexto europeo de fuerte tensión en los sistemas de recogida, clasificación y reciclaje textil» que está afectando también a las propias entidades sociales involucradas en la actividad. El sector afronta una crisis asociada «al exceso de volúmenes, la caída de precios y el aumento de costes operativos. «A estos factores se suman tensiones políticas, la relativización del derecho internacional y cambios en las condiciones comerciales que están desestabilizando mercados tradicionales de exportación de ropa usada fuera de la UE, incluidos destinos africanos», indica Moda re-.
Tienda de Arroupa en Vilagarcía. / Iñaki Abella
Recogida en Galicia
Su análisis amplía el foco en el viaje de la ropa usada en España para concretar por primera vez quién participa, qué capacidades existen, qué destinos tienen los flujos materiales y «qué papel desempeña la economía social y solidaria en una transición circular y justa». En 2024, la recogida selectiva del textil en Galicia alcanzó las 7.703 toneladas tras un incremento del 41,3% respecto a 2021 (5.453 toneladas) y del 46,5% en comparación con 2019 (5.259 toneladas). Pasó de 1,94 kilogramos por residente entonces a 2,85 en la actualidad. En 2021, se recogió el 10,6% de todo el desecho textil generado. En 2024 creció hasta el 15%.
Por el territorio gallego hay desplegados 2.200 contenedores para depositar la ropa, el doble que en 2021.Servicios Comerciales de Inserción Laboral y Arroupa Santiago, ambas integradas en Cáritas y Moda re-, lideran la recogida de ropa usada en la comunidad con 1.882,5 y 1.836,4 toneladas, respectivamente. Les siguen Humana (1.207 toneladas), Insertega (908), Padre Rubinos (803), Air Servicios Ambientales (604), Texlimca (390), Pavegal (41) y Vivir do traballo (30).
En toda España se recogieron de forma selectiva 118.952 toneladas (2,45 kilos por habitante), un 18,7% por encima de los niveles de 2021. ¿Cuánto es eso? Algo menos del 13% del total de residuos.
Tratamiento
Galicia cuenta con una docena de tiendas donde se comercializan las prendas aptas para una segunda vida. A la espera de la planta de clasificación que Moda re- acaba de iniciar en Santiago con el apoyo de Inditex y la Xunta y de la gran factoría de reciclaje impulsada por Sogama, la comunidad se orienta al reciclaje fibra a fibra con las instalaciones de Coleo Recycling (A Laracha) e Insertega (Arteixo). «Son altamente mecanizadas y poseen equipamiento avanzado de separación de fracciones textiles», identifica el informe.
«Estamos ante un punto de inflexión para el sector y los datos muestran claramente que necesitamos acelerar la transición hacia un modelo textil verdaderamente circular», alerta Noema Paniagua, directora general de Moda re-. El sistema actual «no es aún suficiente para recoger» todo el residuo generado en el país. El buen dato es el empuje de la compra de ropa de segunda mano: seis de cada diez españoles ya lo hacen.
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