Indra llegará a la junta general ordinaria de accionistas del 25 de junio con dos grandes asuntos sobre la mesa: ratificar la nueva estructura de poder, encabezada por el presidente Ángel Simón y el consejero delegado José Vicente de los Mozos, y ratificar también si reabre o no la negociación para integrar Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). La operación, considerada estratégica por el consejo, quedó paralizada por el conflicto de interés, ‘descubierto’ a última hora por el Gobierno, derivado de la presencia de Ángel Escribano en la presidencia de Indra y de su familia como primer accionista privado de la cotizada. Además, la compañía espera conocer a lo largo de este mes los nuevos Programas Especiales de Modernización (PEM) del Ministerio de Defensa para 2026, es decir los grandes contratos armamentísticos del Gobierno para cumplir con el 2% del PIB del gasto militar como exige la OTAN.
La venta del 14,3% de Indra que mantenían los hermanos Escribano este martes abre una nueva etapa en la tecnológica. La participación, valorada en más de 1.300 millones de euros, deja a la familia fuera del capital y del consejo apenas unas semanas después de la dimisión de Ángel Escribano, forzada por la presión del Gobierno, principal accionista de Indra a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), con cerca del 28%. Con la desinversión y la salida de Javier Escribano del consejo, desaparecen en teoría los principales obstáculos formales que habían bloqueado la operación.
Sin embargo, la retirada de los Escribano no implica que la compra o fusión con EM&E vaya a reactivarse de forma automática. La Oficina Económica de Moncloa, dirigida por Manuel de la Rocha, sigue mostrando dudas sobre la idoneidad de la operación. En el Gobierno pesa la resistencia de Ángel Escribano a abandonar la presidencia desde febrero hasta Semana Santa, cuando finalmente dimitió. Ese pulso ha dejado recelos sobre una integración que, aunque mantiene lógica industrial, quedó marcada por una grave crisis de gobernanza. Moncloa no solo comprobó que Escribano no es un empresario dispuesto a aplicar las opiniones del Ejecutivo, sino que temía que si se hubiera formalizado la compra de EM&E, y con un paquete similar o mayor al de la Sepi en el capital, Escribano podía ser ingobernable.
No obstante, la salida accionarial puede interpretarse también como un intento de despejar el camino para una futura negociación. Sin el 14,3% en manos de los Escribano y sin representantes de la familia en el consejo, el conflicto de interés queda desactivado al menos formalmente. La decisión por tanto queda ahora en manos del nuevo equipo gestor, del consejo y, sobre todo, de Moncloa.
División entre los accionistas
El debate divide a los accionistas relevantes. SAPA, que controla el 7,94% de Indra, también habría mostrado recelos ante la operación con EM&E. Su cautela contrasta con la posición de los fondos de inversión y de Amber Capital, el vehículo controlado por Joseph Oughourlian, presidente de Prisa, que cuenta con el 6,2% de las acciones y vería con mejores ojos retomar una integración capaz de reforzar el tamaño y la capacidad industrial de Indra.
La junta prevista para el 25 de junio en Alcobendas será el primer examen público de esta nueva etapa. Simón, exconsejero delegado de Criteria Caixa, asumió la presidencia con el mandato de estabilizar la compañía y recomponer equilibrios entre el Gobierno, los accionistas privados y el equipo ejecutivo. De los Mozos llega reforzado por los resultados y por el papel que le otorgó el consejo para negociar la integración con EM&E.
El atractivo industrial de la transacción sigue intacto. Indra aspira a consolidarse como el gran campeón español de la defensa y EM&E aportaría capacidades complementarias en sistemas terrestres, torretas, blindados y fabricación militar. La principal fricción será el precio: la valoración de EM&E podría situarse en torno a los 2.300 millones de euros, importe que obligaría a Indra a justificar ante los accionistas el encaje estratégico y la rentabilidad financiera. Al mismo tiempo, la fuerte revalorización bursátil de Indra ha convertido la salida de los Escribano en una operación extraordinariamente rentable, con una plusvalía estimada próxima a los 900 millones.
La actualización del plan estratégico ‘Leading the Future’, prevista ahora para finales de septiembre o principios de octubre, será el siguiente hito. Antes de esa presentación, Indra deberá resolver si incorpora o no a EM&E a su relato de crecimiento. La junta de junio será, por tanto, el primer termómetro de confianza en Ángel Simón y José Vicente de los Mozos, el cierre formal de la etapa Escribano en el capital de Indra y el punto de partida de una decisión estratégica aún pendiente: volver a sentarse con EM&E o pasar página de la operación que ha marcado la mayor crisis reciente de gobierno corporativo de la compañía.
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