El Elche afrontaba el kilómetro 34 de su camino de esta temporada en Primera División sabiendo que el mismo bifurcaba en dos direcciones. La victoria le llevaría a soñar con Europa. La derrota, a seguir en la batalla con el descenso. Fuera de casa, siete días después de haber ganado por primera vez lejos de su hogar. Y la historia tantas veces vivida durante esta 2025-2026 se repitió. La lógica se impuso a la quimera. El conjunto dirigido por Eder Sarabia perdió un partido que ha perdido mil veces desde septiembre. Y que, se juegue cuando se juegue, insiste en perder. Porque el Celta no es el Oviedo.
Sin defensa es imposible pensar más allá de salvar una de las tres últimas posiciones de la tabla. Ser el cuarto peor. Más aún si se le añade la escasez de colmillo, un síntoma ya bastante habitual durante el curso, aunque ha habido momentos en los que los franjiverdes han sabido dónde y cuándo golpear a sus oponentes. Sin ir más lejos, durante su fantástico último mes, en el que encadenaban tres victorias seguidas hasta aterrizar en Vigo. No se produjo la cuarta.
Un error de tu mejor zaguero y una preocupante falta de intensidad en las acciones de los otros dos tantos locales, el último de ellos cuando tu sangre debía hervir tras haber conseguido regresar al encuentro después de un penalti transformado por André Silva que permitía al Elche sentirse con opciones de reclamar al menos un punto en Balaídos, condenaron al Elche a su realidad de la temporada. No será Europa. Será la permanencia. La distancia con el descenso, de momento, sigue a cuatro puntos, a la espera de lo que haga el Sevilla este lunes. Digan lo que digan en el vestuario franjiverde tocará estar pendientes de lo que hagan los demás.
VIGO, 03/05/2026.- El delantero del Celta de Vigo Ferran Jutglà (d) lucha por el balón con el defensa David Affengruber (c), del Elche, durante el partido de LaLiga disputado este domingo en el Estadio Abanca-Balaídos de Vigo. EFE/ Salvador Sas / Salvador Sas / EFE
Sobre todo porque lo que haces tú cada vez va quedando más claro, tanto en el Martínez Valero como en los otros 19 estadios de Primera División. El día del Elche en Balaídos, cambiando escenarios y camisetas, podría conmutarse con la mayoría de los otros días de esta campaña como visitante: empiezas bien, cometes un error, te hunden con un segundo golpe, te agarras al partido sin demasiada brillantez, te consigues meter en el mismo… y acabas perdiendo.
Jutglà, Aspas y Borja son demasiado
El inicio del Elche en Vigo, ante un Celta que llegaba con serios problemas defensivos, con una zaga conformada por Álvaro Núñez y dos canteranos, sin Starfeld ni Marcos Alonso; fue prometedor. Volvió el estilo al que se renunció en el Carlos Tartiere para atar un triunfo contra el colista. Y las primeras ocasiones fueron visitantes, no demasiado claras, para André Silva y Marc Aguado.
Cerca del cuarto de hora, mazazo. Y gordo. Sobre todo por el futbolista señalado, un Affengruber que venía de firmar actuaciones memorables, sobre todo aquella del Atlético, sin mácula, merecedora de un diez. Un balón largo, peinado por Jutglà, cayó a la posición del austriaco, presionado sin alarmismo por Rueda. Podría haber mandado el balón a la playa de Vigo. O a las islas Cíes. Saque de banda y a ordenarse atrás, juntitos. Affengruber tiene más fútbol en sus pies y en su cabeza. Decidió seguir con la posesión y ceder a Dituro. Se equivocó. Sin fuerza, la pelota se quedó a medio camino, con Rueda lanzado. El celtista solo tuvo que cedérsela a Hugo Álvarez para que marcase a placer. El mejor defensa del Elche ya no regresó al partido, al menos mentalmente.
El tanto revitalizó al Celta, que se quitó de encima el peso de sus tres derrotas consecutivas, de ser el peor local de Primera y del dominio ilicitano. Antes de la media hora dobló su ventaja, a través de su leyenda, que solo había visto portería una vez contra el Elche. Otro balón largo hacia Jutglà, que fue una pesadilla para Affengruber. Más miradas que intensidad al defender. El catalán se la deja a Iago Aspas, libre de marca en la frontal. Y el «10», evidentemente, no perdona. Duelo aparentemente finiquitado.
Porque ni Sarabia ni los futbolistas franjiverdes encontraron las teclas correctas que pulsar para convertir el dominio posicional en, al menos, ocasiones de gol. Y en el banquillo quedaba poco arsenal ofensivo, sin Rafa Mir, ausente por unas molestias en los isquiotibiales. El poco peligro llegó con dos buenos pases de Febas, uno rematado por Álvaro Rodríguez y otro por John, ambos fuera. En el segundo, el canterano tenía la opción del pase al propio Álvaro, pero decidió definir, con nulo éxito.

El delantero del Celta de Vigo Hugo Álvarez celebra con su compañero Javi Rueda tras marcarle el 1-0 al Elche / Salvador Sas / EFE
Los minutos pasaban, con el Celta deseando acercarse al 90. Y con el Elche sin completar el puzle que tanto le cuesta rellenar a Sarabia en este segundo tramo de la temporada. El de recuperar ofensivamente lo que se pierde en defensa. John salvó un contragolpe gallego yendo al suelo y Dituro, con una buena mano, el 3-0 de Jutglà.
El Elche vivía, como tantas veces. Y André Silva, tras un penalti cometido por Manu sobre él mismo, dio esperanzas. Tres minutos duraron. Hasta que la zaga ilicitana volvió a quedarse contemplando una conexión entre Williot, con un taconazo excelso, y Borja Iglesias. Ahí quedó clara la realidad de este Elche.
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