Los cajeros automáticos siguen siendo uno de los puntos más sensibles para los usuarios bancarios. Aunque muchas operaciones se han trasladado al móvil y a la banca digital, retirar efectivo continúa siendo un gesto cotidiano para millones de personas. Precisamente por eso, los delincuentes aprovechan esos momentos en los que el usuario está pendiente de la pantalla, la tarjeta, el importe solicitado y las instrucciones del terminal. Una pequeña distracción puede ser suficiente para que una operación rutinaria se convierta en un robo.
Las estafas en cajeros no siempre dependen de tecnología sofisticada. Existen métodos basados en dispositivos colocados en la ranura de la tarjeta, cámaras ocultas o manipulaciones del terminal, pero también hay engaños mucho más simples. En muchos casos, el fraude se apoya en la presencia física de los ladrones, en una conversación aparentemente inocente o en una escena diseñada para que la víctima aparte la vista durante unos segundos. La clave es siempre la misma: romper la atención del usuario justo cuando tiene dinero, tarjeta o claves expuestas.
La siembra
Una de las modalidades sobre las que ha alertado la Policía es la conocida como “la siembra”. El método parte de una situación aparentemente normal: una persona se acerca al usuario que está operando en el cajero y le dice que se le ha caído algo, como unas llaves, unas monedas u otro objeto. La reacción natural de muchas personas sería mirar al suelo, girarse o agacharse para recogerlo. Esa respuesta, basada en la confianza o en el reflejo de comprobar qué ha pasado, es precisamente lo que buscan los delincuentes. Mientras la víctima desvía la atención, otro implicado puede aprovechar para retirar el dinero, coger la tarjeta, manipular la operación o hacerse con cualquier objeto que haya quedado descuidado.
El engaño suele estar preparado con varios participantes. Según el aviso policial, uno de ellos puede colocarse demasiado cerca del usuario mientras este usa el cajero, fingiendo hablar por teléfono o simulando estar esperando su turno. Su objetivo es observar y memorizar el número PIN cuando la víctima lo introduce. Al mismo tiempo, un segundo delincuente deja caer cerca un objeto que sirva como excusa para interrumpir: unas llaves, unas monedas o cualquier elemento que parezca pertenecer al usuario. Cuando la persona se gira o se agacha, el primero actúa. La Policía advierte de que tres segundos pueden ser suficientes para consumar el robo.
Cuidado en el cajero: el truco de las llaves que puede acabar en robo / EPC
Los ladrones suelen elegir momentos en los que la víctima está sola, especialmente si el cajero se encuentra en la calle, en una zona poco transitada o en un horario de menor afluencia. También se aprovechan de que quien avisa de que “se ha caído algo” parece estar prestando ayuda, no intentando engañar. Y, sobre todo, explotan que el usuario está concentrado en una tarea que exige atención: introducir el PIN, elegir una cantidad, esperar a que salga el dinero y recuperar la tarjeta.
Recomendaciones
Para reducir el riesgo, la primera recomendación es observar el entorno antes de iniciar la operación. Conviene comprobar si hay personas demasiado cerca, si alguien parece mirar la pantalla, si se producen movimientos extraños alrededor o si el cajero está situado en un lugar poco seguro. Al introducir el PIN, es importante cubrir el teclado con la mano, aunque no parezca haber nadie mirando. Este gesto sencillo evita que otra persona pueda memorizar la clave desde un lateral, desde detrás o mediante cualquier ángulo de visión. También es aconsejable mantener siempre la tarjeta, el dinero y el justificante bajo control, sin dejarlos sobre el cajero ni perderlos de vista.
La regla más importante ante una interrupción es no distraerse. Si alguien habla al usuario mientras está operando, le avisa de que se le ha caído algo o intenta iniciar una conversación, lo prudente es ignorar la distracción hasta terminar. Primero hay que finalizar la operación, recuperar la tarjeta, guardar el dinero y asegurarse de que la sesión se ha cerrado correctamente. Solo después conviene comprobar qué ocurre alrededor. Si finalmente se ha sido víctima de la “siembra”, la recomendación es denunciar cuanto antes, aportar todos los detalles posibles —hora, lugar, descripción de las personas, movimientos bancarios y cualquier testigo— y avisar a la entidad bancaria. Compartir este tipo de alertas también ayuda a que otros usuarios identifiquen el engaño antes de caer en él.
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