Adecco Outsourcing, la división del Grupo Adecco líder en externalización de procesos y servicios, acaba de presentar la quinta edición de su Barómetro sobre productividad y eficacia, en el que de destacan conclusiones como que cuanto mayor es el tamaño de la empresa, mejores son sus resultados en productividad y más importancia se da a este aspecto, que las empresas españolas han mejorado dos puntos su productividad en el último año o que los sectores que muestran un mayor nivel de eficiencia y una apuesta más clara por la productividad son IT y Audiovisual, con 65,6 puntos sobre 100, Transportes, con 63,5 puntos, y Distribución, con 63,4.
Hablamos con Raúl Cortés, director comercial de Adecco Outsourcing, sobre los resultados de este estudio.
La productividad en España sube hasta 58,6 puntos sobre 100, más de dos puntos interanuales de mejora, pero ¿es una mejora notable o seguimos lejos de donde deberíamos estar?
Es una mejora relevante y positiva, porque confirma que muchas empresas están haciendo esfuerzos reales por ser más eficientes. El V Barómetro Adecco Outsourcing sitúa la productividad en 58,6 puntos sobre 100, más de dos puntos por encima del año anterior, y eso no es casualidad: responde a cambios que ya están en marcha en la organización del trabajo, en los procesos y en la adopción de tecnología.
Ahora bien, también es importante ser realistas. Seguimos lejos de donde deberíamos estar si hablamos de productividad estructural. España ha crecido históricamente apoyándose más en el empleo que en la eficiencia, y eso hace que los avances, aunque constantes, sean más lentos. El dato es bueno, pero el verdadero reto es consolidar estas mejoras y evitar que se queden en un rebote puntual o en una mejora coyuntural.
En el barómetro, usted habla de que en ocasiones esto es un avance “por inercia”. ¿Qué le falta a las empresas para dar un salto estructural en productividad?
Cuando hablamos de “avance por inercia” nos referimos a mejoras que llegan sin un cambio profundo del modelo operativo. Muchas organizaciones mejoran porque el mercado aprieta, porque hay más tecnología disponible o porque se ajustan pequeños procesos, pero no porque hayan repensado de verdad cómo trabajan.
Para dar un salto estructural, las empresas tienen todavía recorrido en integración: integrar la tecnología en los procesos, la formación en la operativa diaria y los objetivos en la forma real de organizar el trabajo. El Barómetro muestra que hay iniciativas —formación, digitalización, incentivos— pero no siempre conectadas entre sí. La productividad sostenible aparece cuando esas palancas dejan de funcionar de forma aislada y pasan a formar parte de un modelo coherente de organización.
Las empresas más pequeñas se quedan atrás frente a las medianas y grandes. ¿Es el gran problema del modelo empresarial español?
Es uno de los grandes condicionantes, sin duda. Los datos del barómetro son muy claros: las empresas de 250 a 1.000 empleados alcanzan un 62,2% de productividad, mientras que las de menos de 10 empleados se quedan en el 47,9%. No es una cuestión de esfuerzo, sino de capacidad estructural.
Las empresas medianas y grandes pueden invertir más fácilmente en tecnología, estructurar procesos, profesionalizar la gestión del talento y planificar a medio plazo. En España tenemos un tejido empresarial muy atomizado, y eso limita la velocidad a la que la productividad puede crecer. El reto no es cambiar ese tejido de la noche a la mañana, sino ayudar a las empresas pequeñas a ganar escala, eficiencia o apoyo externo para no quedarse atrás.
¿Qué están haciendo mejor los sectores más productivos -como IT o transporte- que otros no consiguen replicar?
Estos sectores destacan menos por lo que hacen y más por cómo lo hacen. En actividades como IT, Audiovisual o Transportes vemos una gestión mucho más orientada a procesos, datos y planificación. Son sectores acostumbrados a medir, a anticipar la demanda y a optimizar recursos porque sus márgenes y su competitividad dependen directamente de ello.
Además, son entornos donde la tecnología no es un complemento, sino una herramienta integrada en la toma de decisiones. Esto es algo perfectamente trasladable a otros sectores. No se trata de copiar modelos, sino de incorporar esa cultura de medición, de eficiencia operativa y de mejora continua que estos sectores tienen muy interiorizada.
Siete de cada diez empresas dicen que la digitalización mejora la productividad. ¿Estamos aprovechando realmente el potencial de las nuevas tecnologías?
Estamos aprovechando una parte importante, pero todavía no todo su potencial. El Barómetro muestra que el 71,9% de las empresas reconoce mejoras gracias a la digitalización, lo cual es un gran avance. Sin embargo, cuando miramos el grado de implantación de tecnologías más avanzadas, como la inteligencia artificial, vemos que solo una de cada cuatro empresas la tiene realmente integrada.
Esto nos indica que la digitalización ha llegado, pero en la mayoría de los casos, todavía no ha transformado el modelo de trabajo. Muchas veces mejora tareas concretas, pero no redefine procesos completos. El verdadero salto llegará cuando la tecnología se utilice para replantear cómo se organiza el trabajo, cómo se planifica y cómo se toman decisiones, siempre con las personas en el centro.
¿Se puede mejorar la productividad sin mejorar el clima laboral y el compromiso de los equipos?
Nuestra experiencia y los datos del barómetro indican claramente que no de forma sostenible. Factores como la insatisfacción laboral o la falta de estímulos tienen un peso muy relevante en el absentismo o en la rotación de recursos humanos, y eso impacta directamente en la productividad.
Además, aunque más de la mitad de las empresas ya mide el clima laboral, todavía hay muchas que no lo hacen de forma sistemática. Mejorar procesos o implantar tecnología sin contar con el compromiso de los equipos genera mejoras a corto plazo, pero difíciles de mantener. La productividad real aparece cuando las personas entienden el porqué de los cambios, se sienten parte del proyecto y ven coherencia entre lo que se les pide y cómo se trabaja.
Si una empresa quiere ser más productiva mañana, ¿cuál es la primera decisión que debería tomar hoy?
La primera decisión que tiene que tomar una empresa que quiere ser más productiva es la de pararse a analizar cómo está trabajando realmente en la actualidad. Antes de incorporar nuevas herramientas o exigir más esfuerzo, es clave identificar dónde se desperdician tiempos, qué tareas no aportan valor y cómo se están gestionando los recursos humanos y los recursos técnicos. El barómetro muestra que todavía no todas las empresas aplican metodologías claras para eliminar ineficiencias.
Empezar por ahí —ordenando procesos, planificando mejor y alineando personas, tecnología y objetivos— es la forma más efectiva de dar el primer paso. La productividad no se improvisa: se construye desde decisiones muy concretas que empiezan hoy mismo.











