Sobre las cuatro de la tarde, mientras muchos creen haber dejado atrás las aulas para siempre, hay quienes vuelven a sentarse en un pupitre con la misma mezcla de curiosidad y nervios que el primer día. Tienen 60, 70 u 80 años y una motivación que no entiende de jubilaciones. En la Universitat per a Majors de la Universitat Jaume I de Castelló, el tiempo no pesa: se transforma en experiencia compartida, en preguntas nuevas y en el deseo de seguir aprendiendo. Lejos de ser un simple pasatiempo, estas clases se han convertido en un espacio donde la clásica rutina se rompe.
Aquí no solo se estudia. Se conversa, se debate, se construyen amistades y, sobre todo, se recupera una sensación que muchos creían perdida: la de sentirse activos y útiles. Para estos alumnos, volver o empezar la universidad, dependiendo del caso, significa mucho más que adquirir conocimientos; se trata de una manera de cuidar la mente, de combatir la soledad y de encontrar un propósito en una etapa que a menudo está marcada por grandes cambios.
Impulsada en 1998, la Universitat per a Majors de la UJI suma más de 25 años de trayectoria y es uno de los programas de formación permanente más longevos de la Comunitat Valenciana. Tiene más de mil estudiantes cada curso y se imparte tanto en el campus de Castelló y en distintas sedes repartidas por la provincia, como Morella, VilafrancaVinaròsSant MateuSegorbe y el Camp de Morvedre en Sagunto (València). A su oferta académica se suman talleres, actividades culturales, intercambios como Erasmus, proyectos de investigación y propuestas de dinamización social que van más allá del aula, como agrupaciones culturales y musicales que refuerzan el sentimiento de comunidad entre el alumnado. Durante esta pasada semana han realizado una jornada de puertas abiertas para atraer e informar a los futuros estudiantes.
Alumnos de la Universitat per Majors de la UJI en una excursión. / Mediterráneo
Pilar Escuder, coordinadora de este programa, dice que es uno de los programas pioneros en universidades públicas con el objetivo de no discriminar a nadie por su edad en el acceso a la formación. «El estudiantado se actualiza sobre diversos temas del siglo XXI, como por ejemplo historia, filosofía, psicología, economía, medio ambiente, fórmulas jurídicas, salud y arte», comenta Escuder.
Este programa se compone de tres cursos y, al terminar, pueden seguir formándose en distintos posgrados. También trabajan competencias blandas, como cooperar y trabajar en equipo. Es una parte esencial para hacer nuevos amigos e interactuar con personas de la misma generación e intereses.
Testimonios
María Ángeles García es alumna de 1º B del grado en Humanidades. Tiene 68 años y está jubilada. Cuenta que siempre quiso hacer Medicina, pero no pudo porque empezó a trabajar con 14 años y su familia le decía que su hermano era el que tenía que estudiar, ya que en esta época pocas mujeres estudiaban. «Siempre he tenido claro que quería hacer una carrera, cuando fuera», dice la mujer.
La falta de tiempo y el trabajo son otros de los motivos por los que muchos de ellos no pudieron hacer antes una carrera universitaria, es el ejemplo de Vicente Boix (68 años), alumno de 2º A y delegado de su clase, quien no quería quedarse en casa «sentado viendo la televisión» tras jubilarse. «Tienes que mantenerte activo si quieres llevar una vida sana. Oí hablar muy bien de la universidad y los cursos y decidí inscribirme», afirma Boix .«Aquí he aprendido cosas de la historia de Castellón que no sabía, y soy de aquí», dice Javier Roig (65 años), delegado de 1º B.
Escuder asegura que, durante los 27 años que lleva existiendo este programa, el perfil ha cambiado mucho. Dice que ahora muchos rondan los 60 años y ya han sido universitarios antes, pero quieren seguir entendiendo la sociedad y mejorar su calidad de vida, tanto intelectual como emocionalmente. Es el caso de Pascual Gimeno (59 años), delegado de 3º A.
Estudió Económicas hace 40 años en la Universidad de Barcelona. «Esto es muy distinto. Aquello era una competición como si fuera una oposición, ahora es a la inversa. Es un placer venir. Entre compañeros, aunque no tengamos la misma edad, hacemos piña», comenta Gimeno. «Ya hemos trabajado y ganado dinero durante años, no venimos para prepararnos para el mundo laboral. No es la misma presión», expone la delegada de 2º A Amparo Valero (66 años).

Algunos alumnos de la Universitat per Majors de la UJI de izquierda a derecha: Vicente Boix, María Ángeles García, Javier Roig, Amparo Valero y Pascual Gimeno. / MANOLO NEBOT ROCHERA
Visión de familiares
Volver a las aulas después de muchos años es algo que suele impactar a quien se lo dicen. Y opiniones, cada uno tiene la suya. Pascual Gimeno explica que casi coincide con su hija en esta etapa universitaria, ya que cuando ella terminó sus estudios, él los empezaba: «Ella alucinaba, pero como sabe que soy una persona curiosa y me encanta aprender y socializar, le pareció genial».
«A mí me dicen que me ven menos ahora que antes que trabajaba. Y trabajaba de ocho de la mañana a ocho de la tarde. ¡Imagínate!», cuenta Valero. «Te pasas todo el día ocupado, entre clases, excursiones y extraescolares», manifiesta Boix. «Mi familia al ver el panorama tan divertido y educativo que tenemos, decidió apuntarse también», asegura Roig.
En el caso de María Ángeles García, ella es de Madrid y lleva dos años viviendo en Cabanes. Vendió su casa de la capital y se vino a Castellón sin conocer a nadie. «He tenido una gran variedad de opiniones. Mi hija se alegró mucho, pero a mi hermano no le hizo mucha gracia. También me han preguntado con retintín si me iba a dar tiempo a ejercer la carrera», cuenta García.

Los futuros alumnos de la Universitat per Majors en la jornada de puertas abiertas. / Manolo Nebot
En algunas excursiones que han hecho por la provincia y alrededores les han ocurrido anécdotas curiosas con aquellos que se sorprenden porque son universitarios, y no del IMSERSO, como se suele pensar. «Visitando el museo de Alcañiz, unos chicos se quedaron con cara de espasmo cuando dijimos que éramos universitarios. Yo les dije que la universidad era muy dura y no conseguíamos aprobar», dice Roig entre risas.
Beneficios para la salud
«Desde que venimos aquí somos más jóvenes de pensamiento», concuerdan los estudiantes. «Voy menos veces al médico y me han quitado pastillas», dicen María Ángeles García y Amparo Valero. Esta primera destaca que sus profesores Rafa y Raquel les han enseñado a cómo gestionar la ansiedad y eso le ha ayudado en su día a día.
Los alumnos cuentan que han hecho mucha amistad entre ellos. Afirman que este programa es una salida para quien se ha quedado viudo o sin trabajo. Entre ellos se sienten parte de una familia que se ayuda en todo lo que necesiten. Además, la coordinadora Pilar Escuder confirma que este programa combate al 100 % la soledad: «Desde el primer día les digo que abran los brazos porque el compañero de al lado hará que ya no estén solos; pasan a formar parte de un grupo inmediatamente».
Se sienten muy agradecidos con las personas que forman parte del programa, tanto con la coordinadora Pilar Escuder, profesores, directora y las compañeras de administración. Pascual Gimeno afirma que desde hace dos años y medio ha aumentado un 50 % el número de alumnos, antes eran 1000 alumnos y ahora son 1500.
Estos programas, como la Universitat per a Majors de la UJI, hacen una labor social con los sénior de Castellón. Aprenden, se divierten y socializan. Han mejorado notablemente en su salud y se sienten menos solos. Y, mientras avanzan entre apuntes, risas y nuevas amistades, demuestran que nunca es tarde para empezar, o continuar, una historia con el aprendizaje como motor.
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