por qué siguen llenos los refugios de perros en Cantabria

Adoptar un perro se ha convertido en una decisión cada vez más frecuente en los hogares españoles, pero este gesto, a menudo emocional, esconde una realidad compleja. Aunque las adopciones están en auge, no son suficientes. Los datos de Cantabria muestran una verdad incómoda: siguen entrando más perros en los refugios de los que encuentran una nueva familia, lo que mantiene a las protectoras en una situación límite.

Las cifras de uno de los principales centros de recogida de la región, el refugio de Asproan, son un claro reflejo de esta tendencia. En 2025, el centro recogió a 167 perros y solo se adoptaron 108. La situación ha sido similar en años anteriores: en 2024, se registraron 146 entradas frente a 104 adopciones, y en 2023, llegaron 179 perros mientras que 135 encontraron un hogar. El patrón es constante: el número de animales que ingresan supera al de los que salen.

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Un perro mira el horizonte

El desequilibrio en las cifras

El proceso de adopción no comienza en la puerta de una protectora, sino mucho antes, en el momento en que una persona o familia decide incorporar un perro a su vida. Esta decisión suele estar cargada de dudas sobre qué tipo de perro elegir, si será el adecuado o si se podrá asumir la responsabilidad a largo plazo. Tener un perro implica una dedicación de tiempo y cambios en la rutina que no todo el mundo puede afrontar.

Desde los refugios se insiste en que no se trata solo de querer adoptar, sino de «hacerlo bien». Uno de los errores más comunes es elegir un perro basándose únicamente en su apariencia. Cada animal tiene sus propias necesidades, un carácter y una historia, y la compatibilidad con el adoptante es fundamental para que la relación funcione. Cuando esta no existe, la convivencia se complica y, en algunos casos, el animal acaba regresando al refugio.

Para evitar las adopciones fallidas, en centros como Asproan el proceso comienza conociendo a fondo al futuro dueño: su estilo de vida, sus horarios o su experiencia previa con animales. Una vez que el perro llega a su nuevo hogar, se inicia un periodo de adaptación que requiere tiempo y paciencia, durante el cual el adoptante cuenta con el apoyo del centro para asegurar que la convivencia sea un éxito.

Lo que se busca y lo que hay

Otro factor clave que explica por qué los refugios no se vacían es el desajuste entre la demanda de los adoptantes y la oferta real de las protectoras. La mayoría de las personas buscan cachorros o perros con características muy específicas. Sin embargo, los refugios están llenos de perros adultos, de mayor tamaño o con historias complicadas que dificultan su adopción.

Este desequilibrio provoca que, mientras algunos animales encuentran familia rápidamente, otros pasan meses o incluso años esperando una oportunidad. En Asproan, con capacidad para más de 300 perros, esta situación es el día a día. Muchos de los animales que acogen son considerados de «adopción complicada«, lo que reduce drásticamente sus posibilidades de encontrar un hogar.

Por ello, desde el propio refugio se hace un llamamiento a otro tipo de adopción, centrada no tanto en la cantidad, sino en el impacto. Como señalan, «dar una oportunidad a un perro que lo tiene difícil cambia completamente su situación».

Los errores más comunes al juntar un cachorro con un perro adulto

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Dos perros juegan juntos

Adoptar para liberar espacio

Un aspecto que a menudo pasa desapercibido es que cada adopción tiene un efecto dominó. Cuando un perro es adoptado, no solo se salva su vida, sino que también se libera un espacio vital en el refugio. Ese hueco permite que la protectora pueda rescatar a otro animal que lo necesite. Sin un flujo constante de adopciones, el sistema se bloquea y los centros se ven obligados a reducir su capacidad de acogida.

Frente al debate de adoptar o comprar, los expertos insisten en la responsabilidad. Aunque la adopción es la vía recomendada, si se opta por la compra, es crucial informarse sobre el origen del animal. Precios excesivamente bajos pueden esconder criaderos ilegales en pésimas condiciones, lo que a menudo deriva en problemas de salud y comportamiento para el perro y su nuevo dueño.

En definitiva, los datos demuestran que, aunque se avanza, el reto principal ya no es solo adoptar más, sino adoptar mejor. Mientras sigan entrando más perros de los que salen, los refugios de Cantabria seguirán llenos, esperando una solución que depende de decisiones meditadas y responsables.

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