Las claves
Generado con IA
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El último intento de atentado contra Donald Trump refuerza un fenómeno histórico: el de aquellos líderes que sobreviven y transforman el relato a su favor. Su frase “nadie me dijo que este trabajo era tan peligroso” es política en bruto: le sitúa en un terreno de vulnerabilidad y activa un reflejo casi automático: la empatía.
A esto se suma la espectacularidad de unas imágenes de tintes hollywoodienses: una cena de gala con mucho brillo y mesas elegantemente servidas mientras irrumpen las fuerzas de seguridad para protegerle junto a su esposa Melania Trump. O, como ocurrió en el anterior intento: él, con la oreja sangrando ante miles de simpatizantes y puño en alto.
Esa imagen, que fue trascendental para su victoria en las elecciones, le confirió una consideración casi mesiánica: según un sondeo de Reuters, una tercera parte de los encuestados afirmaron que Trump había sobrevivido gracias a la protección divina.
Existe un término de origen árabe, ‘baraka’, que significa ‘bendición’ o ‘gracia divina’, por el que parecieron ungirse desde Hitler en el Plan Valkiria a Franco tras el disparo en el abdomen en la batalla de El Biutz, en Ceuta; o Fidel Castro, Charles de Gaulle, el rey Zog I de Albania, que sobrevivieron a una cantidad asombrosa de intentos de asesinato.
Lo que trasciende en estos casos es lo que ocurre después: una narrativa que, en el caso de Donald Trump, le empodera y da alivio en un momento de fuerte crisis de liderazgo dentro y fuera de casa.
Todo un Manual de Resistencia, de Sánchez, que enseña a convertir un golpe, en una oportunidad.












