El Caesa Cartagena dejó escapar una de esas oportunidades que, a estas alturas de la temporada, pesan más que cualquier cálculo matemático. La derrota ante el Fuenlabrada (91-82) no solo supone un tropiezo más en la clasificación, sino que se siente como un golpe directo a las aspiraciones de permanencia en Primera FEB, cada vez más comprometidas.
El partido comenzó con un cuadro visitante valiente, consciente de lo que había en juego. Durante los primeros compases, el equipo local logró imponer un ritmo alto, apoyado en su intensidad defensiva y en rápidas transiciones que sorprendieron a su rival. Sin embargo, esa energía inicial fue diluyéndose con el paso de los minutos. Fuenlabrada, con mayor oficio, supo esperar su momento, ajustó en defensa y comenzó a encontrar ventajas en el juego interior.
El segundo cuarto marcó un punto de inflexión. El equipo de Roberto Blanco entró en una fase de imprecisiones, con pérdidas de balón y decisiones precipitadas en ataque que permitieron a los visitantes abrir brecha en el marcador. La falta de acierto exterior también pasó factura, convirtiendo cada posesión en un ejercicio de desgaste sin recompensa. Mientras tanto, Fuenlabrada castigaba con paciencia, moviendo el balón y encontrando tiros liberados.
Tras el descanso, lejos de reaccionar, el conjunto cartagenero se mostró atenazado por la presión. Cada error parecía multiplicarse y el aro se hizo cada vez más pequeño. Aunque hubo intentos de remontada, con algunos destellos individuales que devolvieron momentáneamente la esperanza a la grada, la sensación general era de impotencia. Fuenlabrada, sin necesidad de exhibirse, controló el ritmo y administró su ventaja con solvencia.
En el último cuarto, el empuje final de la escuadra albinegra fue más emocional que efectivo. La ansiedad por recortar distancias llevó a precipitar ataques y a descuidar la defensa, justo lo contrario de lo que requería el momento. Así, el tiempo fue consumiéndose entre errores y urgencias, hasta confirmar una derrota que duele más por lo que significa que por cómo se produjo.
Con este resultado, el Caesa Cartagena ve reducidas sus opciones de permanencia. No es una sentencia definitiva, pero sí una oportunidad perdida que obliga a rozar la perfección en las jornadas restantes. El margen de error se ha agotado y cada partido será, a partir de ahora, una final.












