Rita vive en Barcelona, tiene 18 años y desde los 14 ha ido a un sinfín de conciertos con su madre y sus amigas. Ahora lleva unos días insistiendo en que le compren una de las nuevas entradas que han salido a la venta para ir a ver a El Último de la Fila: no le importa en absoluto, afirma, ir al Estadi Olímpic junto a sus padres y amigos que no bajan de los 50. Aunque no sea la primera vez, a la madre de Rita no deja de sorprenderle la manga ancha intergeneracional de su hija: para la gente de su generación, recuerda, salir con sus padres era una suerte de anatema. A Rita, sin embargo, no le chirría compartir momentos de ocio con gente que le triplica la edad. “He crecido con ellos, estoy a gusto en su compañía y me gusta la música de los 80 y 90, con lo que todo cuadra”, explica.
El caso de Rita no es un hecho aislado. Que padres e hijos disfruten del ocio intergeneracional es cada vez más frecuente en conciertos, fiestas e incluso botellones. De hecho, hay artistas que tienen un público muy joven, como Aitana, Rosalía o Shakira, y en sus conciertos es habitual ver a familias enteras. Algunos padres van para llevar y acompañar a sus hijos adolescentes o preadolescentes, pero también hay muchos que disfrutan tanto como los chavales de la experiencia, ya que los gustos son compartidos.
Nos gustaría seguir compartiendo espacios de ocio con ellas, cuando sean más mayores, por lo que creemos que hay que inculcarlo desde que son más pequeñas
Por ejemplo, Adriana y Juan, que viven en Madrid, llevaron a sus dos hijas, de 10 y 14 años, a finales de marzo a un concierto organizado por la Cadena 100. Para los cuatro fue una experiencia “inolvidable”. “Fue alucinante ver las caras que ponían las niñas, estaban entusiasmadas. Escuchamos habitualmente la radio en casa, a veces nos gustan las mismas canciones y fue un momento único. Nos gustaría seguir compartiendo espacios de ocio con ellas, cuando sean más mayores, por lo que creemos que hay que inculcarlo desde que son más pequeñas”, explica Adriana.
Tolerancia
Más allá de los conciertos, también es habitual ver a padres e hijos disfrutando juntos de momentos festivos. Un ejemplo es lo que ocurre cada 25 de diciembre en el ya conocido macrobotellón de la calle Mandri, en Barcelona. A este encuentro acude América Gámez (de 50 años), madre de tres hijos, dos de ellos de 19 y 23 años. Desde hace tres años asiste junto con otros 14 matrimonios, a los que conoció en el colegio de sus hijos. Los chavales también van. “Es un ‘win-win’, los padres nos metemos en el bar y los chicos están en la calle, pero a veces entran para que les invitemos a copas. Les hace gracia vernos de fiesta, cantando y bailando, en un ambiente festivo y sano. Somos una generación que tenemos más tolerancia a que nuestros hijos beban. Les invitamos a cañas. Se ha roto el tabú de ver a los hijos beber. Somos más cercanos, menos formales y más tolerantes que nuestros padres, y eso se ve en el botellón”, comenta.
El modelo de relación tradicional basado en la autoridad y la distancia generacional ha dado paso a vínculos más cercanos y horizontales
Son tres ejemplos de cómo se ha normalizado el ocio intergeneracional y familiar. Los motivos son variados y hunden sus raíces en las profundas modificaciones que ha experimentado la sociedad. De entrada, en el siglo pasado las principales motivaciones de las familias eran «trabajar y ahorrar», pero hoy día «el ocio ocupa un lugar prioritario en el presupuesto vital y económico de las familias». «Su menor tamaño, con menos hijos, facilita aún más que los adultos puedan dedicar tiempo y dinero a estas experiencias”, opina Eva Sanz, catedrática y rectora de la Universidad de La Rioja, investigadora en temas de ocio y educación en el grupo Desafío (siglas de Desarrollo, Educación Social, Actividad Física y Ocio).
El ocio se ha convertido en una puerta para poder comunicarnos más con nuestros hijos, sobre todo cuando llega la adolescencia y se vuelven más independientes
También se ha producido un cambio en el ámbito educativo: “El modelo tradicional basado en la autoridad y la distancia generacional ha dado paso a vínculos más cercanos y horizontales”, añade. En este contexto, el ocio se ha convertido en “una puerta para poder comunicarnos más con nuestros hijos, sobre todo cuando llega la adolescencia y se vuelven más independientes”. “Si descubrimos una actividad que gusta a ambas partes, es una manera de generar esa conexión con los hijos, lo que motiva a los padres a pasar más tiempo con ellos”, opina a su vez Diana Al Azem, profesora, divulgadora y fundadora de la plataforma Adolescencia Positiva.
Los padres pertenecen a una generación que quiso romper con los roles etarios tradicionales y viven una adultez que recupera algunas actividades juveniles, desde el deporte a la ropa o al ocio nocturno
Volver a la juventud
También influye que “los padres actuales pertenecen a una generación que quiso romper con los roles etarios tradicionales y viven una adultez que recupera algunas actividades juveniles, desde el deporte a la ropa o al ocio nocturno. Los adultos quieren volver a su juventud y, sobre todo cuando tienen hijos criados, les gusta volver a salir. Al mismo tiempo, quieren tener una relación con sus hijos de igual a igual, y como en casa no pueden, buscan alternativas en el ocio”, apunta Carles Feixa, catedrático de Antropología social de la Universitat Pompeu Fabra y experto en culturas juveniles.
A este respecto, Sanz añade que “muchos adultos no se sienten mayores y siguen disfrutando de las mismas actividades que arraigaron en su juventud”. “No han abandonado esa parte de sí mismos al llegar la paternidad. Y un progenitor que valora la música, abre espontáneamente esa puerta a sus hijos, de forma que el ocio se convierte en una herramienta poderosa para fortalecer vínculos afectivos entre generaciones. Desde el punto de vista de los jóvenes, el beneficio principal es que tienen acceso a una experiencia emocionalmente intensa con la red de seguridad que supone ir acompañado de los progenitores”.
Han proliferado multitud de espacios de ocio intergeneracional, desde artistas que conectan por igual con jóvenes y adultos hasta festivales que han incorporado zonas infantiles
Por ello, han proliferado multitud de espacios y actividades diseñados para el ocio intergeneracional. Desde artistas que conectan por igual con jóvenes y adultos hasta festivales que han incorporado zonas infantiles o incluso ‘raves’ diseñadas para el disfrute de toda la familia.
No obstante, según advierte Al Azem, aunque asistir con los hijos a fiestas nocturnas y conciertos es beneficioso porque “refuerza el vínculo y puede reconducir conductas de riesgo si los padres dan buen ejemplo, también puede ser contraproducente si el modelo es de unos adultos que beben y fuman o se igualan en exceso con los hijos y pierden la autoridad». «Lo ideal -añade- es el equilibrio, poner límites y ser su referencia adulta”.
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