En Mónaco cayó el Barça en el play off de la pasada temporada y en Mónaco ha vuelto a caer en el play in. Ni con Joan Peñarroya en el quinto partido entonces, ni con Xavi Pascual ahora en el único y decisivo duelo. El Barça se ha despedido antes en la Euroliga en una cancha que tiene atravesada pese al escaso pedigrí histórico que posee en el concierto europeo, pero frente a un equipo muy completo, agresivo en defensa y talentoso en ataque.
Han sido tantas las derrotas del Barça ante el mismo rival que la inferioridad del equipo es manifiesta. No da para más frente a un adversario de la clase media que va escalando hacia la nobleza mientras el club azulgrana sigue descendiendo peldaños. Xavi Pascual nunca había fallado a la cita de las eliminatorias desde que es entrenador: 12 veces en 12 oportunidades, nueve con el Barça, el antiguo Barça. Con el nuevo, el heredado, no ha sido capaz de evitar el pinchazo.
Jaron Blossomgame se desequilibra en presencia de Jan Vesely. / SEBASTIEN NOGIER / EFE
Tal como Pascual temía
Tal como se temía. Pascual había alertado de que el Barça debía evitar que el Mónaco adquiriera una buena ventaja inicial por las dificultades para remontar el marcador y reclamaba a los suyos “un paso más en defensa”. Ni una ni otra.
El primer cuarto se cerraba con un 26-14, lo que reflejaba la facilidad con que el quinteto local encarrilaba el partido: un 10 de 13 en tiros de dos denunció la blandura azulgrana que iba a condenarles, mientras Kevin Punter se desesperaba con la fogosidad de Strazel que le impedía tanto tirar en condiciones. La salida de Darío Brizuela compensó la carestía de puntos del Barça que secundara a Clyburn, pero nadie elevó la intensidad defensiva. El cambio de Pascual a una zona 2-3 fue breve por inútil.

Joel Parra intenta salvar la oposición de Mike James en un ataque del Barça. / SEBASTIEN NOGIER / EFE
Menos 14 al descanso
El Mónaco se atrevió en el segundo cuarto a adornar sus canastas aprovechando la facilidad con que podía ejecutar tiros y penetraciones, de ahí que no se disparara en el tanteador, aunque llegó a disponer de 17 puntos de ventaja (47-30) después de que Clyburn se botara la pelota en el pie mientras subía un balón. Sin oposición siquiera, o mucho menor de lo que era habitual. El Mónaco tuvo bula de nuevo en exprimir la agresividad que le caracteriza.
Si las dificultades se presumían por las experiencias recientes (dos derrotas en la liga regular) y los precedentes (una solo victoria en las últimas siete visitas desde 2023), con el 49-35 del descanso era harto improbable que el Barça sorteara esa desventaja. El presumible cansancio del Mónaco, sin hombres para rotar -han sido ocho jugadores en las últimas semanas, diez esta vez- ni días para tomarse un respiro -este sábado por la tarde disputa la final de la Copa francesa- no sería un factor influyente, sino el orgullo.
Terry Tarpey, por ejemplo, anotó 7 puntos y cogió 4 rebotes en sus primeros cinco minutos recién salido de la enfermería. Y recién salidos del vestuario unos y otros, Strazel y James añadían cuatro puntitos más a remontar. Quedaba tiempo, pero se ampliaba el trecho para remar. A los jugadores les debía resonar el malhumor de Pascual y se emplearon al esfuerzo titánico que les exigía la empresa.

Daniel Theis y Mike James persiguen a Darío Brizuela. / SEBASTIEN NOGIER / EFE
Era prioritario reducir las facilidades concedidas al Mónaco y acotaron a nueve puntos su producción para que el ataque fuera efectivo. Shengelia y Vesely destacaron para que la diferencia se minimizara hasta el 58-53 y que se pudiera oteara el triunfo.
Con 68-61, Okobo le soltó un tremendo manotazo a Clyburn que se saldó con una técnica al banquillo azulgrana y una posterior falta en ataque al mismo Clyburn para corroborar que había mayores adversidades a las propiamente deportivas. El Mónaco se alivió (74-63) y con esa confortable renta pudo alcanzar el último minuto sin que el Barça arañara para evitar el destino presagiado.
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