Donald J. Trump está atrapado. Necesita salirse de una guerra donde lo está perdiendo todo.
Según el resumen de docenas de sondeos de diferentes organizaciones desde su toma de posesión, que publica The New York Times este sábado, día 25 de abril, su nivel de aprobación ya cae por debajo del 40%, con un 58% que censura al presidente.
El 60 % desaprueba su gestión de la guerra con Irán, incluyendo un 30 % de afiliados al partido Republicano.
Y si se pasa a los niveles de aprobación de la política económica, está registrando nuevas caídas: solo el 31% -una caída de 8 puntos porcentuales en dos meses- se siente bien con la Trumpeconomics.
Que los republicanos perderán la Cámara de Representantes en las elecciones legislativas de medio término de noviembre próximo, se considera un hecho, pero ahora, incluso el Senado, no parece estar asegurado.
Sus bravuconadas están quedando al descubierto al enfrentarse a Irán día tras día.
Ayer sábado 25 de abril, tras anunciarse que los enviados de Trump -su yerno Jared Kushner y su amigo el magnate inmobiliario Steve Witkoff-salían hacia Islamabad, capital de Pakistán, para forzar un encuentro con el ministro de Asuntos de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, -de visita fugaz allí, rumbo a Moscú- el presidente pidió a la delegación norteamericana que deshiciera las maletas, habida cuenta de que Irán informó públicamente que no tenía previsto reanudar las negociaciones. De hacer el viaje, los enviados de Trump llegarían después de que Araghchi dejara Islamabad.
El ministro iraní publicó en las redes sociales al abandonar el país que había compartido con Pakistán, patrocinador de las negociaciones, un “marco viable para acabar permanentemente la guerra de Irán”. Añadió: “Está por ver si Estados Unidos es realmente serio en materia diplomática”.
Qué desplante. Un desplante anunciado, pero no menos espectacular.
El viernes pasado, 24 de abril, CentCom, el Mando Central de EEUU, con base en Tampa, Florida, difundió el siguiente comunicado con fotos de tres portaaviones. “Por primera vez en décadas, tres portaaviones están operando en Oriente Próximo al mismo tiempo. El Lincoln, el Gerald Ford y el George H.W. Bush incluyen más de 200 aeronaves y 15.000 soldados y marines”.
El secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, sacudió el avispero político cuando, cándidamente, admitió que Israel había conducido a la guerra de Irán al gobierno de Trump (ver corte de video). Más tarde intento matizar sus afirmaciones. Pero he aquí que hace unos días, el 21 de abril, Departamento de Estado, incluye un comunicado donde ese relato está negro sobre blanco.
“La Operación Furia Épica es solo la última fase de un conflicto armado internacional en curso con Irán… Estados Unidos participa en este conflicto a petición de su aliado israelí y en legítima defensa colectiva, así como en ejercicio de su propio derecho inherente a la legítima defensa”.

Comunicado en el que EEUU explica que atacó Irán por Israel. / EPC
Si el objetivo político declarado de Trump y Netanyahu era el derrocamiento del gobierno de los ayatolás –regime change o cambio de régimen- se ha conseguido que quien asuma el control sea el llamado Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), el aparato militar más radical en Irán.
Al tiempo, el objetivo de destruir la capacidad militar a través de la voladura de los misiles balísticos y drones iraníes-así como el freno a su producción- ha sufrido un fracaso estrepitoso.
Irán, en cambio, ha aplicado una estrategia militar que ha provocado daños materiales nunca antes experimentados en 15 bases militares norteamericanas instaladas desde hace décadas en los países del Golfo Pérsico. El Ejército de EEUU ha tenido que abandonar buena parte de esas bases donde ya no hay personal militar.
Y, además, el objetivo de robar el uranio ya enriquecido y almacenado por Irán en Isfahan, a través de una misión especial de la Fuerza Aérea norteamericana, resultó un fiasco.
Objetivos económicos
Si los objetivos políticos y militares han fracasado hasta el momento, ¿qué decir de los económicos?,
Los precios mundiales del petróleo se situaban en las transacciones físicas en la línea de 60/65 dólares barril en enero pasado. Ahora esas transacciones a futuro -lo que se llama “compras y ventas de papel”- se realizan a algo más de 100 dólares/barril.
Pero si compras para tener crudo inmediatamente, pagas 30 o 40 dólares más. Es decir: el precio escala a los 130 o 140 dólares por barril.
¿Por qué hay que señalar este precio? Porque es el que manda para los consumidores. Es lo que lleva a pagar por un galón de gasolina 4,02/4,05 dólares. Es decir: si un galón equivale a 3,7 litros y se convierte a euros, el litro de gasolina vale en EEUU menos de 1 euro.
Pero, claro, el precio que pagan los estadounidenses de 4,02 dólares por galón era de 2,94 dólares antes del comienzo de la guerra, el 28 de febrero pasado, lo que supone una subida del 37%. Y es el más alto desde 2022.
Ahora bien, no estamos hablando solamente de una estrechez de oferta de crudo. La resistencia de Irán ha supuesto ataques a decenas de refinerías en el Golfo Pérsico, que han quedado dañadas para producir, lo que exigirá meses de reconstrucción.
Y, finalmente, el estrecho de Ormuz. Nunca ha estado cerrado ni bajo control unilateral de Irán. La guerra provocó el cierre y le dio a Irán un arma de negociación sin precedentes. El bloqueo del bloqueo anunciado por Trump para barcos hacia y desde puertos iraníes no ha logrado reabrir esta vía de agua por donde circulan, normalmente, el 20 % del petróleo y gas mundiales, para no hablar del 35% de los fertilizantes.
Irán está cargando 2 millones de dólares a cada buque cisterna que quiere eludir el bloqueo para transportar petróleo por el estrecho de Ormuz según una ruta que la Guardia Revolucionaria Islámica establece. Según Lloyd’s, el mercado británico de seguros, 11 buques tanques iraníes con crudo han logrado saltarse el bloqueo del bloqueo de Trump hasta el 20 de abril.
Destruir Teherán, eso sí lo han conseguido Trump y Netanyahu, quien, además, está violando, como era previsible, el alto el fuego acordado en Líbano, cuyos territorios del sur pretende, como con Gaza y Cisjordania, anexionarse.
¿Reanudar los ataques? ¿Intentar una loca invasión terrestre?
Trump ha perdido esta guerra. Pero los costes hasta ahora pueden ser un aperitivo si opta por una locura a lo Hitler en el búnker de Berlín. Pueden ser todavía más devastadores para EEUU y para todo el mundo si para salvar la cara está preparando una escalada.
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