La Gerencia de Urbanismo ha reactivado las negociaciones para que los vecinos de parte del Casco Histórico de Córdoba puedan colocar legalmente paneles solares fotovoltaicos, con la condición indispensable de que estos -los paneles, no los vecinos- sean invisibles. Se trata de una condición prodigiosa la de político municipal, que es capaz de poner en crisis el concepto de materia visible -de la Física misma-, que es producto de la refracción de las ondas de luz en las agrupaciones de átomos. Se nos han puesto platónicos en la municipalidad. La realidad inasible, el mito de la caverna y tal.
Urbanismo ha establecido que, para que colocar paneles solares sea posible, habrá que estar fuera de la zona Unesco (vale) y, además, que la placa no se vea desde la calle (bien), desde edificios y espacios anexos (ejem) y desde miradores o torres lejanas (oiga). La Gerencia podría escalar, digamos, y pedir que no se vea desde la estación espacial internacional, la siguiente misión Artemis o la red de satélites Starlink. Podríamos garantizar así una verdadera contemplación orbital del Casco, Patrimonio de la Humanidad y eso. Apresúrese a ver Córdoba desde el Cosmos, podría haber escrito Castilla del Pino.
El Ayuntamiento no ha establecido cuántos paneles podrían ponerse con esta regulación porque lo sabe de sobra: poquísimos. Anoten. Es la misma institución que considera una preciosidad los rótulos comerciales de la Judería, el cableado telefónico y eléctrico o la que crea nuevos barrios, todos ellos iguales, donde los vecinos se meten en casa de otro porque las calles y los edificios cebra son idénticos. La misma que va a ampliar la superficie exenta de balcón para que la gente pueda acristalarla extendiendo el salón sin pagar contribución urbana. La misma que pretende elevar las plantas de altura sin su correlato razonable en dotaciones comunitarias. Los que llaman parques a lo que siempre conocimos como picaderos. Los que han votado sí a financiar con dinero público pasarelas peatonales en urbanizaciones recién acabadas por sus privados promotores, al parecer, con una muy deficiente conexión de movilidad. Aplausos.
Yo estoy dispuesto a aplicar la invisibilidad como criterio si empezamos por los aparatos de aire acondicionado de casa del alcalde y del resto de concejales que apoyen esta soberana mamarrachada. No, el papel no lo aguanta todo. Pongamos por caso que la climatización y la energía asequible no son un capricho sino una dotación doméstica básica, como en su día lo fueron la chimenea, la conexión del Procono o las alarmas antiokupas.
Todo lo que existe realmente puede ser visible salvo que sea un criterio municipal, que puede o no existir, en función de la cercanía de unas elecciones. De hecho, no le pedimos al alcalde que ponga ventiladores antes del aire acondicionado, pero él sí quiere exigir que el panel fotovoltaico sea la última opción. Todo muy raro, la verdad. Para no caer en el exceso, se propone aquí una redacción alternativa a la de Urbanismo. Artículo único: «Se colocará el panel fotovoltaico donde jorobe menos porque la luz está cara de narices». Y fin.
*Periodista













