Lamine Yamal se tiró al suelo después de marcar de penalti y no hubo manera entonces de recuperar la normalidad. Bien pudo acabar todo ahí.
Mientras los médicos del Barça trataban de entender qué le había pasado al pantocrátor azulgrana, con problemas en el isquiotibial, los del Celta agarraban su maletín y corrían hacia el lateral de la grada. La inmensidad del estadio quedó en silencio. Un aficionado acababa de sufrir un problema de corazón en la grada. Tuvo que ser evacuado después de que le atendieran durante cerca de 20 minutos, ya con Lamine en el vestuario y sus compañeros sin saber muy bien qué hacer. No fue una noche sencilla.
Pudo el Barça, al menos, sacar adelante un partido que el Celta, muy bien digido por Claudio Giráldez más allá de sus últimos disgustos en la Europa League, le discutió durante un buen tramo del primer acto. Con nueve puntos de diferencia respecto al Real Madrid, el título de Liga continúa teniéndolo en su mano el equipo de Flick. Dio la impresión de que está deseando que esto acabe cuanto antes.
Mientras el Real Madrid se enreda en un debate delirante discutiéndose si Mbappé mejora o empeora al equipo –el fútbol es un deporte ciertamente extraño–, en el Barça es imposible tener la tentación de intuir una vida mejor sin Lamine. Ahora que Pedri está mustio, sin la chispa física necesaria para ejecutar con rapidez todo lo que su cabeza maquina, no hay manera de quitarle el ojo a Lamine Yamal. Incluso cuando está lejos de la pelota y se pone a murmurar por tener que correr cuando no debe.
Llevaba Lamine alrededor de media hora sin apenas intervenir cuando, cansado de presionar sin que el Celta perdiera la compostura, se alejó de la banda para arrimarse al centro. Iba a su aire. Y ese movimiento, que no fue advertido por los gallegos, le sirvió para detectar que por fin podría contactar con la pelota. Viendo el panorama, se dejó el delantero de arabescos y le dio un punterazo al balón que a punto estuvo de darle un disgusto al portero Radu. El ‘diez’ ya veía que él era alfa y omega.
El penalti y la lesión
Ya había comenzado Lamine buscando el gol a los diez segundos, después de que Ferran robara una pelota tras el saque de centro del Celta. Y también había intentado servir a Olmo un gol que no fue, porque el centrocampista, en eso de rematar de cabeza, muy ducho no es. Aunque el episodio que definió la noche fue el recorte con el que Lamine intentó deshacerse de Yago Lago, al que no le quedó otra que ponerse de espaldas y dejar el culo para que su rival no pasara por ahí. El árbitro, Munuera Montero, se lo pensó un poco, pero acabó señalando el punto de penalti. Lo chutó Lamine Yamal casi a pie parado. Y mientras el balón se dirigía a la red, los músculos del jovencito estallaban.
Trató el Barça de recomponerse como pudo –antes de la lesión de Lamine ya había caído Cancelo, sustituido por Balde–, teniendo en cuenta que el Celta, que se había quedado a un palmo de marcar con Durán y Jutglà en el primer cuarto de hora, no tiraría la toalla.
Flick dio cuerda a Roony y Fermín. Necesitaba un nuevo impulso. Aunque quien hubiera zanjado el asunto hubiera sido Ferran, que supo aprovechar a lo grande un centro de Pedri. Aunque su alegría acabó en chasco por fuera de juego.
El Celta nunca perdió la compostura, pero no le dio para ir más allá. Y el Barça, que acabó el día con De Jong y Rashford, pero no con Lewandowski, sólo podía pensar en Lamine. Porque, sin él, no hay manera de descifrar a este Barça.












