El pasado 4 de marzo sobre las nueve de la noche, una patrulla de tráfico de la policía del Condado de Ventura, en Los Ángeles, dio el alto a un vehículo que circulaba a gran velocidad y de manera errática por la autopista. Al volante iba la superestrella Britney Spears, de 44 años. Como se resistió a la identificación, fue esposada y detenida por conducir bajo los efectos del alcohol y otras sustancias, una noticia que dio la vuelta al mundo y no extrañó a nadie. Suma y sigue en el currículum de la Princesa del Pop, que ha batido todos los récords de ventas de discos y de calamidades personales desde que debutara en el show business a los seis años para ser niña Disney.
Tras pasar la noche en comisaría y ser fichada, salió en libertad con la obligación de acudir ante la justicia el 4 de mayo. En un comunicado, su agente aseguró que «ha sido un incidente desafortunado y totalmente inexcusable», a la vez que aseguró que «Britney va a tomar las medidas adecuadas y cumplir con la ley, y esperamos que esto pueda ser el primer paso hacia un cambio muy necesario que debe producirse en su vida». No se puede decir que la temeraria conductora hiciera un acto de contrición inmediato, pues han transcurrido cinco semanas hasta que la voz de Baby One More Time y Toxic ingresó voluntariamente en un centro de rehabilitación.
De la controvertida tutela de su padre a la preocupación de sus descendientes, Britney Spears no consigue rematar un lustro como dueña y señora de su vida. Por algo el segundo disco de quien es considerada la mejor artista adolescente de todos los tiempos se llamaba Oops!… I Did It Again (‘Vaya, lo he vuelto a hacer’). Según ha confirmado su círculo íntimo, fue necesaria la presión de los dos hijos habidos de su tormentoso matrimonio de tres años con el bailarín Kevin Federline, Sean Preston, de 20 años, y Jayden James, de 19, para que la cantante accediera a poner coto a su problema de adicciones.
Con ambos jóvenes se había reconciliado meses atrás, en el transcurso de un crucero en el que los tres exhibieron sus deseos de retomar una relación en condiciones tras años de desencuentros. Criados por su padre, que logró la custodia completa en 2008 tras acusaciones contra Spears de drogarse embarazada, quieren restablecer el vínculo con su madre y han prometido pasar tiempo con ella para acompañarla en esta nueva etapa.
Icono dosmilero de la cultura pop, tan imposible olvidar su beso con Madonna sobre el escenario de los MTV en 2003 como la descoordinación que exhibió en su desastrosa actuación en los mismos premios de 2007, cuando un ataque de pánico evidenció el sufrimiento mental que padecía. Ese fue su annus horribilis, que incluyó el ingreso un solo día en un centro de rehabilitación, otro episodio que dio la vuelta al mundo cuando se rapó el pelo ante docenas de cámaras y un altercado a paraguazos con paparazzis. En septiembre tenía que presentar el primer single de Blackout, que con posterioridad sería calificado por la crítica como uno de los discos más relevantes de la historia del pop. Spears había dado a luz a su segundo hijo hacía solo unos meses y no se sentía preparada para cantar en la gala más importante de la música de su país. Tal y como relataría luego en sus memorias, La mujer que soy, por las que recibió un anticipo de 15 millones de dólares y que se convertirán en biopic, en la puerta del camerino se cruzó además con su ex, Justin Timberlake, lo que acabó de hundirla. El resultado fue funesto y ella se convirtió en blanco del escarnio mundial. Poco después, su padre, James Parnell Spears, pedía y obtenía su tutela legal que se prolongaría por espacio de 13 años.
Britney Spears describiría luego esta etapa de custodia en plena adultez como un infierno en el que fue obligada a tomar anticonceptivos, se le prohibió casarse o tener más hijos y tuvo que realizar giras agotadoras y una residencia musical, todo con el acceso a su fortuna vedado. Cuando solicitó judicialmente recuperar su autodeterminación, una campaña internacional bajo el lema #FreeBritney la apoyó con manifestaciones de fans hasta que logró su propósito. En los casi cinco años transcurridos desde su emancipación se casó por tercera vez, se divorció, grabó una canción con Elton John y se ha apartado por completo de una familia por la que dijo sentir miedo. «Quiero ser una buena madre», sentenció hace unos meses, justo antes de pisar de nuevo demasiado fuerte el acelerador.













