En la caseta Los 8 de Chicuelo, las mesas ya estaban cogidas, las sillas ocupadas y las jarras de rebujito corrían de mano en mano este domingo a eso de las cuatro de la tarde. Abuelos, padres, tíos y primos compartían unos garbanzos que habían preparado, pese a los 30 grados al sol, para cumplir con una tradición intocable: el fin de semana de preferia. Soledad, una de las socias de la caseta, lo resumió así: «Estos días son sagrados. Son los únicos en los que podemos disfrutar con tranquilidad de quienes formamos parte de la caseta, que para nosotros es como nuestra casa«.
Para muchos sevillanos, la Feria de Abril ya ha comenzado. No oficialmente, claro, pero sí a efectos prácticos. Bastaba darse una vuelta este fin de semana por Pepe Luis Vázquez o Juan Belmonte para comprobarlo. Se podía caminar con tranquilidad por el Real, todavía lejos del ritmo de la semana grande, en una tarde agradable y propicia para alargar la sobremesa.
Los socios de la caseta Albero y Son disfrutan cantando por sevillanas en la preferia del Real. / El Correo
Las más pequeñas de las familias estrenaron sus trajes de flamenca; las señoras lucieron conjuntos primaverales y los señores dejaron la americana en casa. Ya habrá tiempo de ponérsela. En las calles, los coches de montaje y de catering sustituían todavía a los jinetes y a los coches de caballos. Hubo casetas cerradas, sí, pero fueron muchas más las que estuvieron abiertas de par en par. En algunas, incluso, se arrancaron por sevillanas animando a las casetas vecinas. No hubo lugar a dudas: el prólogo de la semana más alegre del año también se vivió desde dentro.
Y entre manzanilla, cervezas y jamón, el bolsillo empezaba a asumir que esta será una de las ferias más caras de la historia. «El plato de jamón, el del bueno, ha subido dos o tres euros. Aquí cuesta unos 24 euros. Hace unos años pagábamos 16; yo lo recuerdo», comentó Soledad desde la entrada de su caseta. «¿Qué vamos a hacer? Todo ha subido. Lo que está claro es que eso no nos quita las ganas de venir. Aquí estamos. Es nuestra semana y llevamos todo el año esperándola», afirmó.

Foto de la familia de los socios de la caseta Los 8 de Chicuelo. / El Correo
A escasos metros, María José García, de 24 años, disfrutaba de la sobremesa junto a su familia. Como ella, son miles los jóvenes que cuentan los días para que se enciendan las luces del Real. Eso sí, la subida de los precios obliga a vivirlo todo «con un poquito de control». «Venir a comer o cenar a la Feria todos los días es imposible siendo joven. No te puedes gastar 40 o 50 euros cada día en comer o cenar. Ya no es solo eso: el rebujito y el alcohol también están muy caros», reconoció.
Una de las conversaciones más repetidas entre los corrillos de mujeres giró en torno a los trajes de flamenca nuevos, los pendientes o el color de la flor con el que se atreverían este año. «Eso también es un gasto que tenemos las mujeres antes de la Feria. Cada año todo es más caro. Antes te comprabas una flor por cinco o seis euros y ahora te puedes gastar 25. Llegamos a esta semana con la cuenta en rojo y eso hace que el presupuesto sea más ajustado», añadió María José.
A media tarde, en la calle Juan Belmonte, los socios de la caseta Los Agustines colgaban las guirnaldas de papel y colocaban los últimos cuadros que decoraban su espacio. Allí, Francisco José Jiménez disfrutaba con su familia de una copa de manzanilla. En una caseta con más de 90 años de historia como la suya, estos días de previa eran casi tan importantes como los que están por venir.

Una niña pasea junto a su familia por el Real vestida de flamenca durante el fin de semana de preferia. / El Correo
«Estos días recuerdan a cómo se vivía antiguamente la Feria, cuando todo era mucho más artesanal. Antes eran los propios socios quienes montaban la caseta en todos los sentidos. Hoy eso ya no se puede hacer», explicó el que fue presidente de la entidad durante más de 12 años.
Aunque la preparación de las casetas se ha profesionalizado, este economista insistió en que los pequeños detalles siguen quedando en manos de los socios. «Mira, este cuadro, que reúne varios azulejos con las portadas de distintos años, lo hemos hecho nosotros y nosotros lo vamos a colgar». Como ese, eran muchas las obras que llevan toda una vida atesorando para engalanar la que, durante una semana, también sienten como su casa.
El alza de los precios no es cosa de una caseta o dos, sino una realidad que alcanza a todo el que pisa el albero. Jiménez incidió en que la subida se nota «en todos los sentidos», y no solo en los platos de jamón o en las jarras de rebujito. «También han subido las tasas municipales, los costes de la energía eléctrica, el transporte, la custodia, la empresa de vigilancia e incluso las compañías de seguros», apuntó. Por eso, tal y como explicaba, el esfuerzo económico que han tenido que hacer los socios para sostener la caseta este año «ha sido mayor». «Pero no es nada tan significativo como para pensar que haya gente que no pueda mantener su estatus de socio por una cuestión de presupuesto», matizó.
Son días que exigen un esfuerzo económico a quien decide acercarse al Real, y la subida paulatina de la comida y la bebida puede llevar a más de uno a pensarse dos veces lo de comprar otra jarra de rebujito para ahorrarse 15 euros. Pero de ahí a perderse la Feria hay un paso que pocos están dispuestos a dar.











