Expectante y con ganas de ver que planteaba el Sporting tras el varapalo ante el Burgos con el que se esfumaban casi todas las opciones de alcanzar el play-off. Así entró la afición rojiblanca a El Molinón que, pese a las incertidumbres del equipo, volvió a demostrar que es la única certeza en el club, dejando una entrada de 19.106 espectadores, espectacular para las pocas opciones que le quedan al equipo. A estos hubo que sumar la representación de seguidores gaditanos, mermada por los desastrosos resultados que venía arrastrando el Cádiz, pero que dejó muy buena sensación durante las horas previas. Un cuarto de hora antes del pitido inicial, la primera gran ovación del día se la llevó Víctor Hugo Doria, el homenajeado en las celebraciones por el 120 aniversario del Sporting.
«El pibe, el Mazinger Z», relató el periodista gastronómico, David Fernández-Prada, dando paso al zaguero argentino. Con 216 partidos como rojiblanco, Doria es el cuarto extranjero con más encuentros con el Sporting y miembro de la generación dorada de los 70 y 80, aquella que quedó subcampeona de Liga y de Copa del Rey, en dos ocasiones. Los más veteranos del lugar, si entrecerraban los ojos, todavía podían ver el trío Doria-Joaquín-Redondo como en sus grandes años. Sin olvidarse de Ferrero, que disfrutó del encuentro junto a su compatriota. Con los sentimientos a flor de piel, el central argentino se guardó unos minutos para observar alrededor y agradecer el sincero cariño de la afición.
Una vez echó el balón a rodar, fue la Grada de Animación la que llevó la voz cantante como de costumbre. En el resto del municipal gijonés la sensación era de que las tornas habían cambiado. El mazazo de Burgos dejaba claro que era el equipo el que tenía que merecer esos cánticos, aplausos y gritos de ánimo. Y en los primeros minutos, bien pudo recibir la ovación ante varias ocasiones de peligro. Sin embargo, la realidad fue que solo una pillería de Yáñez, tirando de veteranía y yéndose al suelo para que dejaran entrar a Pablo Vázquez, puso de pie por primera vez al respetable.
Los minutos pasaban y se respiraba una calma tensa que incluso le vino bien al Cádiz para atacar. Solo un error de Yussi y el golazo fabricado por Gaspar, Gelabert, Otero y Dubasin desatascó la tranquilidad para que El Molinón volviera a rugir. Una tregua en manos del rendimiento del equipo en la siguiente hora. Tras el descanso, lo cierto es que el equipo certificó esas ganas de contentar a sus seguidores y con dos ocasiones puso el segundo para tranquilidad y alegría de los miles de seguidores. Quién sabe si alguno miraría la clasificación para pensar, «pues todavía se puede». Tanto el resultado, como el control del Sporting y la falta de interés del Cádiz en sumar algo de su visita a Gijón dejó un segundo tiempo plácido y sin sobresaltos. Igual era eso lo que llevaba demandando tanto tiempo la parroquia rojiblanca. Un partido de dominio y sin sustos finales. Un encuentro balsámico para aplacar todo el ruido de fuera del campo y no olvidar en abril que todavía quedan jornadas por jugarse.
El tercer tanto, obra de Dubasin, selló la paz, por lo menos para esta semana, entre equipo y afición. La muestra quedó clara con el doble cambio de Otero y Dubasin. Con el público en pie, se vivió una de las grandes ovaciones de la temporada. No faltó la dosis de polémica arbitral, con una roja anulada por el Var al Cádiz que indignó al respetable al verla repetida en las pantallas. Se cantó el himno, se entonó el «Gijón del alma» y se cerró una victoria tranquila para mantener viva la esperanza de promoción una semana más.











