Tener una formación como la Orquesta de Cambra de Mallorca, con sede estable en Inca, es un auténtico privilegio que conviene subrayar sin ambages. No todas las localidades pueden presumir de una actividad musical de este nivel, sostenida en el tiempo y con propuestas que combinan repertorio, riesgo y criterio. El concierto ofrecido el sábado en el Teatre Principal d’Inca volvió a poner de manifiesto esa saludable realidad.
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