A lo largo de sus trece temporadas en el Real Oviedo, Juan Manuel Fernández (Orillés, 1940) vivió todo tipo de situaciones. En la 63/64, la de su debut, deparó un desenlace que recuerda al actual: el Oviedo ganó 4 de sus últimos 7 partidos y acabó salvándose en la promoción ante el Hércules. Ahora, el clásico defensa azul da su opinión sobre el momento y ofrece algunas claves.
¿Va siempre al fútbol?
Con mi nieta Paula, que es muy fan. A veces preferiría no ir y verlo por la tele, pero le presta a ella.
¿Es optimista?
Nunca fui especialmente optimista, pero mientras haya posibilidades… No hay que poner una venda en los ojos, no es sencillo. Tardamos demasiado en reaccionar, pero mirar hacia atrás no sirve de nada. Pienso que hay posibilidades, aunque habrá que apelar a todo. Mientras haya puntos, esta afición, que cree siempre, se agarrará a lo que sea.
¿Hace cálculos o aún no?
Todavía no. Suelo ser más bien realista, tampoco pesimista. Si el Madrid hubiera ganado al Mallorca hace dos jornadas… estaríamos ahí. Pero hay muchos equipos metidos, algunos pueden fallar, y tenemos que seguir ganando como en Vigo.
¿Está mejor el equipo con Almada?
Sí, está mejorando. Mire los dos últimos partidos. Es complicado porque jugar con la soga al cuello te condiciona. Pero merecemos estar mucho más arriba; mirándolo objetivamente, merecimos ganar alguno más. Dos o tres, por lo menos. Incluso ante los grandes damos la cara, se vio ante el Atlético de Madrid. Eso me da más confianza. Hay altibajos, claro, pero la línea últimamente es muy buena.
La gente quiere creer.
La afición es una bendición. No creo que haya ninguna igual. A mí me ayudaron mucho. Yo era un jugadorín y la gente me quiso y me ayudó. Eso no lo olvido en la vida. Nos empujaban y lo siguen haciendo.
¿Hay algún jugador que le guste especialmente?
No me gusta resaltar a nadie porque soy del equipo, así en general. Lo importante es que entre ellos digan: «Hay que comerse la hierba…». Tienen que salir a tope. Eso es clave. Nosotros teníamos tres o cuatro que se dormían un poco y había que ir avisándolos por el camino. Todo suma cuando tienes un objetivo tan importante. Hay que animarse, ayudarse y saber tu función en el equipo.
Ha cambiado mucho el fútbol.
Muchísimo. Mire, jugar con el portero es una cosa normal. Todos los equipos se la juegan mucho; como la pierdas… ye fuegu. Y el vestuario. Antes éramos una familia, más cercanos; no había tanta gente de fuera, que eso para cohesionar es más complicado.
¿Cuál fue la clave de la salvación del 63?
Estábamos muy unidos, quizás más compenetrados. Lo que veo fundamental es que en el campo tienen que hablarse y ayudarse, eso es el primer paso en una situación así. Y salir desde la caseta cada uno sabiendo lo que tiene que hacer. No se puede improvisar nada.
¿Qué sintió con el homenaje que le hizo el club?
Entre Vicente y la nieta me engañaron. Me lo dijeron el viernes. Yo por el Oviedo lo doy todo. Un guajín de un pueblo de Aller que juegue en el Oviedo… Para mí es un éxito. Lo tengo que agradecer a todos los que me ayudaron.
¿Y qué supone el centenario?
Se pasó una época mala, ¿quién soñaba con llegar a 100 años? Siempre fuimos un club muy respetado. Ese paréntesis fue impensable. El centenario es un motivo de orgullo.
281 partidos, ¿es posible hoy en día?
Parece imposible. Yo tuve suerte, no era un fenómeno, sino un jugadorín de club. Me cuidé, tuve fortuna con las lesiones. Vivía para ello, había que trabajarlo. Resistí todo lo que pude. Quería servir al Oviedo y a su afición.
¿Su mejor recuerdo del Oviedo?
En Buenavista contra el Zaragoza, era mi debut en casa, y vino todo el pueblo. Primero fue contra el Atlético allí, marqué a Marcelino y ganamos 2-1. El segundo, en casa, fue más especial. El sentimiento al salir al campo no hay dinero que lo pague. Es indescriptible. Bajó todo el pueblo a verlo y fue una emoción muy grande. Yo no esperaba jugar en el Oviedo, había mucha competencia. En el Vetusta había fenómenos que no llegaron al primer equipo. No sé cómo no llegaron.
¿Y cuál fue la clave para mantenerse?
Vivía para ello, me cuidé mucho, hice lo que creía conveniente: descansar, estar preparado, entrenar a tope. Físicamente estaba muy bien. En verano hacía monte, dormía la siesta, lo normal… Las lesiones me respetaron y los compañeros me ayudaron mucho.
¿Echa de menos el fútbol?
Ahora ya con los años… Pero siempre lo echas de menos cuando lo viviste tanto tiempo. Tengo compañeros a los que quiero como hermanos. Fue mucha convivencia, proximidad. Lo guapo es eso: encontrarte con un compañero que es como un familiar.
Un consejo para los chavales que empiezan.
Que vivan para ello, que trabajen día tras día. Puede ser que no llegues, pero tienes que poner los medios para al menos intentarlo. Aunque ahora tienen más acceso a todo, gracias a Dios.












