Cuando el repartidor entra en la pastelería de los hermanos No, a veces posterga un poco el momento de marcharse. «Se para un ratito en el local, porque dice que con el olor ya va alimentado. Todo el mundo que pasa por aquí está perdido«, cuenta entre risas Lucía, la maestra pastelera de uno de los obradores más antiguos de Bergondo.
San Isidro Bakery, ya una institución en el área coruñesa, tiene carretera en lo de conquistar con sus elaboraciones, algunas de las cuales se han convertido, con los años, en auténticas joyas históricas. Es el caso de A Ruliña, una tarta que este 2026 cumple la friolera de 120 años y que se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados del negocio.
«La receta lleva maíz y limón. La seguimos haciendo igual que mi bisabuelo, que la trajo de Venezuela cuando fue a aprender pastelería», explica Lucía, que se esfuerza por conservar el legado de sus antepasados. Porque el negocio que ahora regenta, y que comenzó a funcionar en 1906, ya pasó antes por sus abuelos y por sus padres. «Es una responsabilidad. Hay clientes que vienen de toda la vida y queremos que la gente se vaya contenta«, dice su hermano Fran, el experto en panes.
A Ruliña, la tarta centenaria de San Isidro Bakery. / San Isidro Bakery
Hoy, atenderles tiene para él un regusto de nostalgia, ya que muchos forman parte indivisible de sus recuerdos. «Me vieron crecer. Yo me subía al taburete para hacer tartas. Empecé de panadero, luego fui repartidor, pastelero y ahora llevo la gestión», indica.
Las otras dos hermanas, Dulce y Laura, se encargan de los despachos y de la oficina, y solo hay una, María, que no vive entre hornos y fermentos. «Está viajando por el mundo y dice que nunca la mencionamos en los reportajes», cuenta entre risas, mientras saca uno de sus pasteles de los fogones.
San Isidro Bakery, una pastelería llena de delicias centenarias
Aunque A Ruliña es una de las elaboraciones más icónicas de esta famosa pastelería coruñesa, no es la más antigua que sale de su horno. La Tarta Monasterio de Bergondo, una delicia del siglo XII con almendras, azúcar y hojaldre, es «una de las recetas más antiguas de Galicia», que el padre de los hermanos No decidió rebautizar en honor a su tierra.
Lo mismo hizo con otros de los éxitos del local, como el Mantecado Mariñán -en referencia al emblemático pazo que esconde el municipio-, y que compite con otras recetas más personales. Por ejemplo, la famosa empanada de la abuela Antonia -con huevo, chorizo y atún-, o las milhojas que les preparaba a sus nietos cada cumpleaños para que celebraran la vida entre lo que parecían ser infinitas capas de crema dulce.
A Lucía, aquellos pasteles le siguen sabiendo a infancia y la trasladan directamente a su tiempo de aprendiza. «Los fines de semana siempre estábamos aquí, llevo el merengue en la sangre. Me enseñaron a cocinar desde pequeña y eso es lo que estudié, aunque luego me quedé en la pastelería», dice.
Cuando se acercó el momento de tomar las riendas, se pasaba horas diligentemente con su padre para poder seguir, con acierto, cada coma de las preparaciones. «Me dijo: Ahí te sientas hasta que te aprendas toda la receta, que no se puede perder», recuerda con cariño la repostera, que también ha dejado su huella con sus propios caprichos dulces.
El mejor panettone de la Península Ibérica se hace en Bergondo

La repostera Lucía No, en 2022, celebrando su victoria en el Concurso al Mejor Artesano del Panettone en Ibérica. / San Isidro Bakery
Además de recetas centenarias, Lucía No también puede presumir de hacer uno de los mejores panettones de toda la Península Ibérica. Así lo determinó hace unos años el Concurso al Mejor Artesano del Panettone en Ibérica, en el que consiguió un doble podio: el oro al mejor panettone de chocolate y el bronce con otro inspirado en el Camino de Santiago.
Entre los sabores de este último incluyó algunos de los que se pueden encontrar en el recorrido, como la castaña, la manzana e incluso la cerveza Estrella Galicia. Desde su victoria en 2022, los preparan todo el año, llegando a ofrecer hasta seis variedades distintas durante la época navideña.
Su empanada de berberechos con algas y porco celta también fue finalista en Madrid Fusión 2025, porque, en San Isidro Bakery, la tradición y la innovación no están reñidas. Sus panes, que sus bisabuelos Francisco y Antonia repartían antes en burro, llegan ahora a toda la comarca coruñesa, en variedades tan especiales como el pan de miel y centeno que Fran trajo de sus viajes por Alemania.
El equipo también ha crecido, pasando «de las cuatro personas que había cuando estaban mis padres a las 20 que somos ahora». Y es que a Bergondo, y al resto de A Coruña, tanto el pan como el postre le saben mejor si lleva un ingrediente estrella: la paciencia artesana que solo puede dar la historia.













