Los festejos sardineros vivieron su punto álgido este sábado por la noche con el gran Desfile del Entierro y Murcia concluye así, al menos de forma oficial, las Fiestas de Primavera. De forma oficial, porque las barracas aún continúan abiertas este domingo.
Aunque murcianos y visitantes hacían sonar sus pitos y lucían accesorios luminosos mucho antes del día grande de los festejos sardineros, que este año conmemoran su 175 aniversario.
En concreto, los pitidos inundaban las calles de la ciudad desde el miércoles, cuando el Bando de la Huerta dio el relevo al Entierro y los 23 grupos sardineros comenzaron a repartir regalos e ilusión por toda la ciudad.
De hecho, los sardineros desarrollaron su labor durante toda la jornada del sábado: desde las 11.00 horas, cuando comenzaron a recorrer las calles de la ciudad para entregar juguetes en mano, y ya por la tarde, a partir de las 20.30 horas, cuando el gran Desfile del Entierro partió de la avenida de San Juan de la Cruz.
Amenaza de lluvia
Aunque las carrozas dedicadas a los dioses griegos no salieron hasta la tarde del sábado, parecía que los regidores del Olimpo llevaban todo el día paseando por las calles de la ciudad: Momo repartiendo alegría y risas; Baco y Eros embriagando el ambiente con vino y amor; y Júpiter amenazando desde el cielo con lluvia en una noche en la que Selene, diosa de la luna, abandonó su trono en el firmamento nocturno para desfilar por las calles de Murcia.
Aunque la amenaza de lluvia no disuadió las ganas de festejar: las barracas estuvieron llenas al mediodía y las plazas céntricas de Murcia no se vaciaron ni siquiera cuando comenzó a chispear, apenas pasadas las 19.00 horas.
Tras una breve pausa, las nubes descargaron un poco más de agua sobre la ciudad, pero sobre las 21.00 horas ya habían cesado y no habían causado ningún daño: las plazas seguían abarrotadas y casi todas las sillas dispuestas a lo largo del recorrido del desfile estaban ya ocupadas.
Los espectadores esperaban a que el cortejo hiciese su aparición con pitidos y aperitivos, entre los que no faltaron pasteles de carne, y portaban tantos accesorios de luces que las calles rivalizarían con cualquier discoteca.
«Hasta la caja nos vale»
El público recibió con aplausos el inicio del cortejo, que arrancó con la caravana publicitaria, aunque los anuncios se sucedieron a lo largo de todo el pasacalles.
Las primeras en desfilar fueron un grupo de patinadoras, seguidas de un camión equipado con un gran cargamento de balones.
«¡Aquí!», gritaba el público a la par que extendía los brazos, antes incluso de que el camión pasase por delante.
Seguidamente, pasaron más camiones y grupos de patinadoras repartiendo chuches y bolsas. «Si hay que pedir, se pide, que se nos da muy bien», exclamó un joven. «Hasta la caja nos sirve», agregó.
Y es que las bolsas son un bien preciado en este festejo, en el que no dejan de llover juguetes y caramelos sobre los espectadores.
«Esto es genial: es mejor que los Reyes Magos», dijo un joven toledano que se estrenaba este año en el Entierro al paso de la caravana publicitaria, que repartió incluso bayetas.
También un grupo de animales hinchables salieron de Terra Natura para deleite de los más pequeños.
«Esto es genial: es mejor que los Reyes Magos», exclamó un joven toledano
Pasacalles
Tras el paso de la caravana publicitaria -que se alargó durante una media hora-, se produjo una pausa de unos veinte minutos, en la que el público especuló sobre si había pasado algo.
Poco después empezó a llover, aunque muchos ya venían prevenidos y sacaron a relucir sus paraguas.
Otros, menos precavidos, emplearon las bolsas que repartió la caravana publicitaria a modo de gorro.
Los primeros en aparecer en escena fueron agentes de Policía y trabajadores del servicio de limpieza, que recibieron una merecida ovación del público.
Y la unidad motorizada de la Policía Local cedió sus vehículos a los más pequeños para que se dejasen fotografiar, llenos de ilusión.
El desfile a su paso por la Gran Vía / Israel Sánchez
Espectáculos
Desfilaron entonces la banda musical Murciinsectos y personajes populares como E.T. y los Simpson encarnados por cabezudos. Tras ellos, animó el ambiente la primera comparsa de baile, que llegó acompañada de música y un sin fin de plumas, como si marchasen en el carnaval de Río de Janeiro, y la pandilla de Drilo les tomó el relevo.
Tras una comparsa inspirada en el fantasma de la ópera, el ambiente se llenó de burbujas, zancudos y acrobacias circenses de la mano de lo que parecían trolls.
Después, un grupo de hechiceros danzaron con alas de cuervo y calaveras sobre sus cabezas. Todos excepto uno, que estaba ocupado con el caldero mágico.
Irrumpió entonces una escultura de sardina que escupía llamas por la boca y poco después desfiló la mascota de la Agrupación Sardinera, escoltada por hachoneros.
Y, seguidamente, llegó otro de los protagonistas del desfile: el dragón de Conte, al que sucedieron patinadores con globos gigantes, decorados con motivos florales, que flotaban sobre un público embelesado. Público que siguió encandilado ante los espectáculos de fuego que subieron, literalmente, la temperatura.
Otro parón tuvo lugar entonces y los más pequeños aprovecharon para estrenar sus pelotas en el recorrido del desfile, aunque hicieron paso a la llegada de una gran sirena acompañada de números circenses.
Tras ella, marchó la carroza de la Sardina, llegada este año de San Javier, y entonces los dioses griegos, recién llegados del monte Olimpo, desfilaron por las calles de la ciudad en las 23 carrozas de los grupos sardineros para repartir ilusión entre murcianos y visitantes. Y, quien dice ilusión, dice juguetes, abalorios de luces y los tan ansiados balones.
Tras el paso de las comparsas de baile, música festiva, los ya conocidos hachoneros y más de una veintena de carrozas, los sardineros, que partieron cargados de regalos, llegaron a Díez de Revenga con las manos vacías, aunque llenos de alegría por haber llenado Murcia de ilusión durante las Fiestas de Primavera.
Aunque los festejos hayan concluido, aún queda tiempo para reponer fuerzas con una última comida en las barracas, si el tiempo lo permite.











