El Papa León XIV ha presidido este sábado una Vigilia de oración por la paz en la Basílica de San Pedro, desde donde ha lanzado un contundente mensaje contra la guerra. En su reflexión, ha afirmado que la fe es capaz de mover montañas y ha agradecido la respuesta a su invitación para invocar la paz desde Roma y otros lugares del mundo.
El Pontífice ha descrito la oración no como un refugio para eludir responsabilidades, sino como «la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte«. «¡Somos un pueblo que ya resucita!«, ha exclamado, instando a la humanidad a levantarse de entre los escombros porque, según sus palabras, «nada puede encerrarnos en un destino ya escrito«.
El eco de sus predecesores
Haciendo suyo el llamamiento de San Juan Pablo II durante la crisis de Irak en 2003, el Papa ha recordado sus palabras: «Yo pertenezco a la generación que vivió la segunda guerra mundial y sobrevivió«. En aquel entonces, el Papa polaco instó a los jóvenes con un mensaje que León XIV ha hecho suyo: «¡Nunca más la guerra!«.
En su discurso, también ha evocado la sencillez evangélica de San Juan XXIII y las palabras categóricas de Pío XII para subrayar una verdad fundamental en la búsqueda de la concordia. Ha recordado con firmeza la máxima de que «nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra«, una frase que resume el coste insuperable del conflicto.
Basta ya de la idolatría de uno mismo
El Papa ha denunciado con dureza el «delirio de omnipotencia» que, a su juicio, se vuelve «cada vez más impredecible y agresivo» en el panorama actual. Ha lamentado que, como resultado, desaparece «un mundo de hermanos y hermanas» y «la realidad se llena de enemigos«, advirtiendo contra la idolatría del poder que sacrifica todo valor.
Con una serie de exclamaciones contundentes, el obispo de Roma ha exigido el fin de las causas que alimentan los conflictos. «¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero!«, ha clamado, continuando con un «¡Basta ya de la exhibición de la fuerza!» y culminando con la petición central de su homilía: «¡Basta ya de la guerra!«.
El mensaje más directo del Papa ha sido para los gobernantes de las naciones, a quienes les ha suplicado que pongan fin a las hostilidades. «¡Deténganse!«, les ha gritado, para después añadir: «¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!«, y no en aquellas donde se planifica el rearme y la muerte.
Una artesanía que nos involucra a todos
Sin embargo, León XIV ha subrayado que la responsabilidad no recae únicamente en los líderes mundiales. Ha señalado que existe una «responsabilidad no menos importante para todos nosotros«, refiriéndose a la «inmensa multitud que repudia la guerra, con hechos, no sólo con palabras» y que debe convertir la violencia en sus corazones.
Citando a su predecesor, el Papa Francisco, ha introducido el concepto de que se necesitan «artesanos de paz» dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia. Ha distinguido entre la «arquitectura de la paz«, propia de las instituciones, y una «artesanía de la paz que nos involucra a todos«.
Esta artesanía, ha explicado, se construye «día a día, en los hogares, en las escuelas, en los barrios«, quitándole terreno a la polémica con la amistad y la cultura del encuentro. Ha usado la imagen del Rosario como metáfora del ritmo paciente y constante con el que se debe edificar la paz, palabra tras palabra y gesto tras gesto.
Finalmente, el Papa ha reafirmado el papel de la Iglesia como un pueblo al servicio de la reconciliación y de la paz que anuncia el Evangelio incluso cuando le cuesta incomprensión. La vigilia ha concluido con una súplica a Jesús para que «la locura de la guerra llegue a su fin» y la tierra sea cuidada por quienes saben amar la vida.













