La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, ha sido quien más lejos ha llevado su rechazo a trasladar temporalmente el Guernica a Bilbao – idea que ha calificado de «catetada» nacionalista-, pero no es la única que se opone. Voces tan autorizadas como el departamento de conservación del Museo Reina Sofía, donde se halla el cuadro de Picasso desde 1992, han elaborado recientemente un informe sobre el estado de la obra que, entre otras conclusiones, «desaconseja rotundamente su traslado«.
El Gobierno vasco comunicó la semana pasada al ministro de Cultura, Ernest Urtasun, su solicitud para la mudanza temporal del Guernica al Museo Guggenheim Bilbao entre el 1 de octubre de 2026 y el 30 de junio de 2027. La petición se enmarca en la conmemoración del 90º aniversario de la constitución del primer Gobierno Vasco y del bombardeo de Gernika, ocurrido en abril de 1937, cuando la Legión Cóndor alemana arrasó la ciudad desde el aire.
En el documento, fechado el pasado 25 de marzo, los técnicos del Reina Sofía sostienen que, aunque la obra se mantiene hoy en condiciones estables gracias a un “riguroso control” ambiental, un movimiento volvería a someterla a un riesgo que consideran inasumible: las vibraciones inevitables del transporte. Dicha exposición, apuntan podría provocar nuevas grietas, levantamientos, pérdidas de capa pictórica e incluso desgarros en el soporte de la pintura.
Los conservadores subrayan que el lienzo arrastra un largo historial de daños ligados, precisamente, a sus antiguos desplazamientos. En este sentido, el informe recuerda que una de las claves para entender su estado actual está en los numerosos traslados sufridos en los años posteriores a su ejecución, y señala que muchas de las alteraciones visibles – «grietas, craquelados y microfisuras»- se atribuyen en gran medida a los enrollados, manipulaciones y viajes de su etapa itinerante. A esto se suman «lagunas pictóricas» repartidas por toda la superficie y «pérdidas de policromía» que, en muchos casos, llegan hasta dejar la tela a la vista.
El documento añade además otros factores que agravan la vulnerabilidad de la pintura. Por un lado, los bordes de soporte presentan numerosas alteraciones por los múltiples clavados y desclavados del bastidor a lo largo de su historia. Por otro, el cuadro conserva abundante cera-resina procedente de antiguas intervenciones de restauración en el MoMA de Nueva York, un material que aflora en la superficie y se concentra especialmente en los laterales. Todo ello sin contar la propia técnica empleada por Picasso: la mezcla de óleo con pinturas industriales oleorresinosas, que, según el informe, aporta una “fragilidad añadida” a la capa pictórica y aumenta con el tiempo la rigidez y la posibilidad de craquelado, un aspecto “crítico” cuando la obra se expone a vibraciones.
La posición del museo enlaza, además, con una cautela histórica. El informe recuerda que, tras un nuevo tour por Estados Unidos y ante la preocupación por el deficiente estado del Guernica, se decidió no volver a moverlo hasta su regreso a España. El pintor malagueño avaló aquella decisión, y también se rechazaron después peticiones para su préstamo a Londres y París. Con ese precedente y con el balance actual de daños sobre la mesa, el Reina Sofía concluye que el tamaño del lienzo, la naturaleza de sus materiales, su estado de conservación y los deterioros acumulados convierten cualquier traslado en una amenaza directa para una de las obras más emblemáticas del siglo XX.













