Capas que arropan el casco antiguo

Silencio respetuoso en el barrio de Olivares que se iría extendiendo por el resto del casco antiguo de la capital, según avanzara la comitiva. Tras las doce campanadas que resonaron desde lo alto de la iglesia de San Claudio de Olivares, no se volvieron a escuchar más sonidos, salvo el quejido de las matracas y los lamentos del bombardino, banda sonora zamorana en la noche de cada Miércoles Santo.

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