‘Autoridad presidencial’, el as en la manga que Trump puede invocar para sacar a EEUU de la OTAN sin pasar por el Congreso

La animadversión del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, hacia la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha alcanzado el punto de no retorno. El mandatario ya plantea abiertamente un futuro en el que EEUU no forme parte de la Alianza Atlántica.

La renuncia de varios países miembros a prestar sus bases y espacios aéreos para la operación ‘Furia Épica’ -una operación militar que fue consensuada con Israel y determinados países del Golfo Pérsico, pero no con la OTAN- ha acabado con la paciencia de Trump.

El carácter volcánico del magnate neoyorquino es conocido en Washington. Ya en su primer mandato, el establishment era consciente de los efectos profundos que sus cambios de humor podían tener en la política internacional.

En su primera administración, Trump se vio obligado a trabajar con funcionarios de carrera que contrarrestaban activamente sus decisiones arbitrarias. El legendario periodista Bob Woodward contó que llegaban a ocultarle documentos en el Despacho Oval para evitar que los firmase.

La situación actual es diferente, con un Gabinete elegido a dedo y formado por fieles incondicionales. Anticipando esta situación, el Congreso se dotó de una herramienta para evitar lo que muchos temían: que Trump sacase unilateralmente a EEUU de la OTAN.

Así, en 2023, se presentó un proyecto bipartidista según el cual el presidente de los Estados Unidos debía obtener una mayoría de dos tercios del Senado para «suspender, terminar, denunciar o retirar» su participación en la OTAN. Alternativamente, debía obtener aprobación del Congreso.

Esta propuesta se convirtió en ley bajo la Sección 1250A del Acta de Autorización de Defensa Nacional de 2024, firmada por Joe Biden. Así, según especifica el texto, Trump debería obtener primero el apoyo de una mayoría cualificada de parlamentarios.

Pero el Capitolio esconde vericuetos para quien sabe aprovecharlos. Como muestra, el demócrata que impulsó la ley para blindar la participación de EEUU en la OTAN fue Tim Kaine. Su contrapartida republicana fue Marco Rubio, hoy Secretario de Estado y uno de los principales defensores de castigar a la OTAN por lo que consideran un desplante.

Plan A: Invocar la ‘autoridad presidencial’

La Constitución de los EEUU está plagada de ambigüedades sobre los poderes y atribuciones que corresponden a su presidente. Tanto la responsabilidad última de dirigir la política exterior de su país como la necesidad de recurrir a la aprobación parlamentaria son algunas de ellas.

Así, Trump podría optar por invocar el concepto de ‘autoridad presidencial‘ y remitir de su puño y letra la notificación de retirada a la OTAN, que según el Artículo 13 de la organización sería efectiva un año después. Hay precedentes: así es como Estados Unidos se retiró de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El Congreso de los Estados Unidos podría alegar que el Acta ha sido vulnerada, pero tendría que reclamar en los tribunales. Y se abre un escenario incierto, porque Demócratas y Republicanos deberían alcanzar un acuerdo para llevar al presidente ante el Tribunal Supremo. E incluso entonces, el Alto Tribunal tiende a mostrarse favorable al mandatario.

No es una opción imposible, porque muchos conservadores abogan por mantenerse dentro del paraguas de la Alianza Atlántica. Pero tal y como explica Ilaria Di Gioia, jurista de la Universidad de Birmingham en Time, el resultado más probable sería un «enfrentamiento entre el Legislativo y el Ejecutivo con el Judicial como árbitro».

La realidad es que a Trump le bastaría con declarar que la retirada de EEUU de la OTAN es una materia indiscutible de Seguridad Nacional. Y para ello, citando el Artículo Segundo de la Sección Segunda de la Constitución, podría investirse de los poderes de Comandante en Jefe, desarrolla Di Gioia.

Plan B: Reducir la OTAN a la irrelevancia

Pero hay otra clase de problemas legales que podrían derivarse de la ruptura unilateral de la OTAN. Las empresas y entidades que mantienen contratos vinculados a la Alianza Atlántica podrían denunciar al propio Trump, como han hecho algunas perjudicadas por los aranceles.

Además, el proceso de notificar la retirada de Estados Unidos tiene un plazo de un año, durante el cual todavía estarían obligados a cumplir las obligaciones del Tratado. Una forma de represalia «blanda» sería entonces arrastrar los pies y dejar de cumplir los compromisos.

Según explicaban legisladores demócratas a Político, Trump podría dejar de reconocer a los representantes, retirar sus tropas de las operaciones conjuntas y dejar de compartir inteligencia y logística con sus aliados.

Al mismo tiempo, el republicano tendría las manos libres para coquetear con los enemigos declarados de la OTAN como medida de presión. En su entrevista con The Telegraph, Trump subrayaba que no sólo él consideraba a la Alianza un ‘tigre de papel’: Vladimir Putin, señalaba, también lo hace.

Fuente