El valenciano Arcadi España (Carcaixent, 1974), ha tomado posesión esta mañana como nuevo ministro de Hacienda del Gobierno de España en sustitución de María Jesús Montero, que deja el cargo camino de Andalucía, donde se batirá en las próximas elecciones.
No ha estado solo. Además de la ministra valenciana y secretaria de Ciencia, Diana Morant, otros valencianos en Madrid se han desplazado al intercambio de carteras, como el presidente del ICO, Manuel Illueca o la secretaria de Estado de Comunicación, Lydia del Canto, Julio Monreal, jefe de gabinete en esta secretaría de estado, o Salva Almenar, director de gabinete de presidencia de Adif.
También ha habido desembarco de cargos y amigos desde Valencia. En el acto han estado la delegada del Gobierno, Pilar Bernabé, Anaïs Menguzzato (exconcejala del Ayuntamiento de València y exgerente de FGV), o el asesor del grupo municipal socialista Rafa Villalba, que también trabajó con España.
El nuevo ministro, durante su intervención, ha hecho gala de la ironía ante algunos de los retos más complicados que afronta, como encajar todas las posiciones ante el nuevo modelo de financiación. O algunos consejos de su antecesora para hacer frente al aluvión de peticiones de fondos que llegarán de sus compañeros de Consejo de Ministros: “De entrada no, pero lo veremos con cariño”.
El exconseller de Hacienda en los gobiernos de Ximo Puig y hasta ayer secretario de Estado de Política Territorial, reconoció el «vértigo» ante las nuevas responsabilidades: “Te enfrentas a la incomprensión, a la soledad en ocasiones, a la obligación de pensar en el conjunto”. “Hay días en que el destino te alcanza. Uno de esos momentos en que uno busco el centro de gravedad permanente”, dijo rememorando a Franco Battiato.
No era día de grandes discursos. Más bien de rendir tributo a la memoria de su padre, a su pueblo, Carcaixent, y a su madre, pero España dejó clara algunas ideas de calado político como ministro. Se comprometió a “ser educado, útil y ser humilde”, aspectos que no debería ser destacados pero que “por desgracia hay que remarcar” en el contexto político actual. “La política no puede ser un diálogo estéril entre elites”. También subrayó su propósito de operar con “diálogo, empatía, respeto al diferente y saber que uno no tiene siempre tiene la razón”.
En clave de actualidad, España ratificó su defensa del “No a la guerra”, tirando de la metáfora del manual de economía de Paul Samuelson, entre cañones o mantequilla: “Ahora que nos quieren imponer gasto en defensa, reivindicar el coste que significa y a donde tenemos que destinar los recursos”.
También hizo una llamada sutil a los barones autonómicos para tratar de abordar el reto de la financiación autonómica. “Si todas las comunidades pensaran no en la situación de la que parten sino a la que podrían llegar, pensarían en unas reglas más justas”, dijo citando el velo de la ignorancia de Rawls.
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