Los de la mar sabemos que el salario es a la parte, pero la ley exige un asalariado; yo voy solo en el barco, no puedo contratar, no me es viable; cómo pagamos esos meses que no salimos a pescar

La situación de los pescadores artesanales en Lanzarote ha alcanzado un punto crítico. Así lo ha manifestado el pescador Juan Francisco en una entrevista concedida a María Pilar Dancausa donde ha expuesto las dificultades que ahogan al sector. 

La principal traba es una legislación laboral que choca frontalmente con el sistema retributivo tradicional de la pesca, conocido como «a la parte», que se basa en la participación de los trabajadores en los beneficios de las capturas.

Un modelo de trabajo insostenible

El sistema «a la parte» implica que tanto el armador como los marineros comparten riesgos y ganancias. «Si pescamos mucho, ganamos mucho; si pescamos poco, ganamos poco», explica Juan Francisco en @elparocreavagospodcast. 

Sin embargo, la ley actual exige un contrato con un salario fijo, una condición inviable para los pequeños barcos.

 «¿Cómo pagamos esos meses que no salimos a pescar?», se pregunta el pescador, quien faena en el norte de la isla, donde el viento impide salir a la mar durante el verano.

EFE

Varias merluzas expuestas para su venta en una pescadería de un mercado de abastos de la localidad de Viveiro

Tengo que trabajar el doble para ganar menos»

Juan Francisco

Pescador artesanal

Esta realidad lo ha obligado a tomar una decisión drástica. «Ahora voy solo en el barco, no me es viable contratar a nadie, tengo que trabajar el doble para ganar menos», lamenta. 

Además, la normativa choca con la propia naturaleza del oficio, que carece de horarios fijos. «El que va al mar sabe que sale por la mañana, y si no ha cogido pescado y el pescado está por la tarde, no se va a venir a tierra», señala, cuestionando cómo se puede aplicar un sistema de fichaje en un barco.

La burocracia y las cuotas europeas

A la precariedad laboral se suma una carga burocrática que no para de crecer. «En los últimos 12 años nos han ahogado con la burocracia», afirma. A esto se añaden las cuotas de pesca impuestas por la Unión Europea, como las del atún, que perjudican a las embarcaciones pequeñas. 

A muchos barcos sin un histórico de capturas en años anteriores se les prohíbe pescar atún, «aunque lo veas, no puedes capturarlo», denuncia.

Barcos de pesca de arrastre

Junta de Andalucía

Barcos de pesca de arrastre

La pesca artesanal no debería tener ningún tipo de cuota»

Juan Francisco

Pescador artesanal

Juan Francisco defiende que este tipo de limitaciones no tienen sentido para su modelo de trabajo. «La pesca artesanal no debería tener ningún tipo de cuota. Es un hombre, un anzuelo. 

Es imposible que tú vacíes la mar», argumenta. Sostiene que la pesca artesanal es selectiva, ya que permite devolver al mar las piezas pequeñas, a diferencia de la pesca de cerco industrial, donde el pescado «ya está muerto».

Sin relevo generacional a la vista

El futuro del sector es incierto. La dureza del trabajo y la falta de rentabilidad no atraen a los jóvenes. 

Pero, además, existe una barrera legal que impide la transmisión del oficio: la prohibición de que los menores acompañen a sus familiares en el barco. «Yo con 8 o 9 años iba con mi padre […], deseando que llegara el fin de semana. Hoy no se me ocurre llevar a mis hijas», explica.

Esta situación crea un círculo vicioso, como describe el propio pescador: «Se muerde la pescadilla». Si los jóvenes no pueden tener un primer contacto con la mar para saber si es su vocación, es imposible que surja una nueva generación de pescadores. «¿Cómo aprenden?», se cuestiona.

Como solución para la supervivencia del sector, Juan Francisco y otros compañeros apuestan por la creación de «reservas de interés pesquero». 

Estas áreas, gestionadas por los propios pescadores en colaboración con la administración, prohibirían las artes de pesca más agresivas y actuarían como un «pulmón» que regenere los caladeros y asegure un futuro sostenible para la pesca artesanal.

Fuente