L’Alcora volvió a rendirse este sábado a una de sus citas más singulares, festivas y, desde luego, contundentes: el ya tradicional Sopar de Fartons, que alcanzó su duodécima edición convertido en una celebración donde la gastronomía, la competición y las risas se dan la mano. Organizado por San Jorge Events, el evento reunió en el recinto festivo de la Pista Jardín a participantes llegados de distintos puntos de España dispuestos a medirse en una prueba tan peculiar como exigente: ver quién era capaz de salir de la mesa con más kilos de más.
La jornada arrancó a mediodía con el recibimiento a los asistentes, amenizado por una charanga que puso desde el primer momento el ambiente festivo a una cita que ya se ha hecho un hueco propio en el calendario más alternativo de la provincia. Después del reparto de camisetas y acreditaciones, llegó uno de los momentos clave del día: el primer pesaje de los participantes, antesala de la gran batalla gastronómica.
Momento del pesaje. / R. D. A.
Menú a prueba de estómagos
A las dos de la tarde comenzó la esperada gran fartà, el corazón de una jornada en la que no faltó de nada sobre la mesa. El menú de este año no se anduvo con medias tintas: piparras, guiso de manitas de cerdo, albóndigas enfogonadas, codillos al horno y olla de garbanzos para los más carnívoros y valientes del banquete. También hubo alternativa vegana, con escalivada, hummus, ensalada y canelones de espinacas, para que nadie se quedara fuera de esta particular fiesta del comer.

El suculento menú. / R. D. A.
Concurso de tragaflanes
Tras el festín, el público disfrutó de otro de los clásicos del evento, el concurso de tragaflanes, una prueba tan delirante como celebrada en la que los concursantes debían devorar cinco flanes grandes sin cuchara. El más rápido fue Fran Pruñonosa Rubio, de les Useres, que se llevó la victoria con un tiempo de 15,9 segundos.
Pero una de las grandes novedades de esta edición fue el concurso de velocidad con codillo de un kilo, otra prueba llamada a quedarse en el imaginario del Sopar de Fartons. El vencedor fue Jon Iglesias Alonso, de Bilbao, que firmó una marca de 1,46 segundos, desatando la sorpresa y las carcajadas entre los presentes.
El veredicto final llegó a las 16.30 horas con el pesaje definitivo, el instante de la verdad para conocer quiénes se llevaban los codiciados premios de esta edición. En categoría masculina, el Puchero de Oro fue para el alcorino Enrique Gascón, que logró aumentar 5,1 kilos durante la comida. En féminas, la vencedora fue también una representante local, Sofía Fornés, que se impuso con una ganancia de 2,1 kilos.

Los dos ganadores de la edición de este año del Sopar de Fartons. / R. D. A.
En el lado opuesto de la clasificación, la ya célebre Cullera Plana, que distingue a quienes menos peso ganan, recayó en Kiko Briceño e Ivania Morte, ambos con apenas 0,3 kilos de aumento.
La jornada no terminó con el pesaje. Después de la parte puramente gastronómica, la fiesta siguió con la actuación de la Xaranga Salsa Rosa, la entrega de premios y una discomóvil a cargo de Pub Manhattan. Y, por si alguien se había quedado con hambre, todavía quedaba el ya clásico resopar de fartons para cerrar un día que volvió a demostrar que en l’Alcora saben convertir una comilona en todo un espectáculo.
El principal promotor del evento, Jorge Traver, resumió así el espíritu de la cita: se trata de “una experiencia que no se mide solo en kilos consumidos, sino en la cantidad de risas compartidas”. Porque, más allá de la competición, el Sopar de Fartons se ha consolidado como una exaltación de la buena mesa, la amistad y ese placer tan nuestro de alargar la sobremesa entre bromas, comida y bebida.

La animación ha corrido a cargo de una charanga. / R. D. A.
Un evento con historia
Para entender el éxito del Sopar de Fartons hay que remontarse a sus orígenes. Todo empezó en 2014, cuando un grupo de amigos decidió recuperar el espíritu de aquellas reuniones tradicionales en casetas de campo y paranys, encuentros marcados por la cocina casera, la música y la camaradería. Eran las antiguas jornadas de “fer comboi”, esas comidas interminables que forman parte de la memoria rural de la zona.
Aquel 13 de diciembre de 2014 nació la primera edición de un evento que, con los años, ha ido creciendo hasta convertirse en una tradición con personalidad propia. Hoy, el Sopar de Fartons es mucho más que una competición para ver quién come más: es también una reivindicación festiva de las costumbres compartidas y del valor de reunirse alrededor de una mesa.
En esta edición, además, hubo un guiño emotivo al pasado con la proyección de un vídeo con imágenes antiguas de almuerzos y comidas típicas celebradas en paranys, casas de campo y masets de l’Alcora, en homenaje a los antepasados y a una forma de entender la convivencia que sigue muy viva.
Entre el espectáculo y la tradición
Parte del encanto del Sopar de Fartons reside precisamente en esa mezcla entre competición disparatada, homenaje a la cultura popular y ganas de pasarlo bien. Aquí no solo cuentan los kilos: también hay espacio para el espectáculo, la habilidad y el humor, ya sea frente a una montaña de flanes, ante un codillo XXL o empuñando cuchara y jarra con la solemnidad que exige la ocasión.
En definitiva, l’Alcora volvió a demostrar que hay tradiciones imposibles de imitar. Y esta, entre pucheros, básculas y carcajadas, es una de ellas.
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