Tenía que ganarla; sí. Era mucho más que un acto de justicia. Era una traición al ciclismo, como que al mejor restaurante del mundo no le dieran tres estrellas Michelin. Se lo merecía y porque con Tadej Pogacar la historia de este deporte necesitaba que el mejor corredor del siglo XXI anotase su nombre como vencedor de la Milán-San Remo. A la sexta, la vencida. Ya tiene la carrera que se le resistía, cuatro de cinco monumentos a la espera de ganar este año la París-Roubaix, el quinto Tour y lo que se le presente delante.
Pogacar más que un ciclista es un artista, un genio de la bicicleta. Se podría perder mucho tiempo, mucha tertulia, debate y gráficos mirando si él es más grande que Eddy Merckx o viceversa. Y qué más da. Los dos, uno en el presente y otro en el pasado, se muestran como prodigios del ciclismo y, en los tiempos actuales, no hay carrera aburrida en la que participe el fenómeno esloveno con ansias de ganarla.
Pogacar ataca desde lejos. Para imponerse este sábado en la ‘classicissima’, el próximo mes en Flandes, Roubaix o Lieja y en octubre en Lombardía. Es el exterminador de las clásicas y el dominador del Tour, del Mundial o de lo que le salga de su chistera. El ciclismo gira en la época Pogacar y todos los integrantes del pelotón pueden sentirse dichosos de compartir pelotón e instantes de la historia con él, desde Tom Pidcock (segundo en San Remo) Wout van Aert (tercero) o Mathieu van der Poel, el vencedor saliente, el que esta vez no logró aguantar el ritmo del esloveno.
Con Pogacar no pueden ni las caídas. Si se va al suelo se levanta, aunque sea con el buzo roto y la pierna ensangrentada. Se pone encima de la bici como si pilotase un Fórmula Uno para que su amigo y compañero de entrenamiento por Mónaco, el piloto Carlos Sainz, sea de los primeros en abrazarlo en la meta de San Remo.
Pogacar, al asfalto, a 5 kilómetros del inicio de La Cipressa, donde reventó la Milán-San Remo hace un año y donde quería destrozar la prueba este sábado. Se cae con Van Aert pero logra enlazar 6 kilómetros después, con tiempo suficiente para que la fiesta y la historia no se vayan a hacer puñetas. Conecta con el pelotón cuando ya se sube por La Cipressa con tiempo para que Isaac del Toro, otro destacado de la bici, lo lance antes de acelerar como si uno hubiera un mañana. Lo aguanta Pidcock y también Van der Poel pero no Filippo Ganna, que lo sujetó en 2025, y que era el escogido por la afición local para que un italiano volviera a ganar la Milán-San Remo.
Victorioso esprint
Pero esta vez el más fuerte, el único que soportaría el martirio de rodar detrás de Pogacar fue Pidcock porque Van der Poel se descolgó subiendo el Poggio, el último obstáculo antes de la meta de San Remo. Así que dos corredores se jugaron la victoria mientras Van Aert sorprendía al grupo que buscaba una caza imposible de la pareja.
Hubo que esperar hasta el último suspiro, un esprint valiente, todo o nada. No le valía a Pogacar quedar segundo. Por poco superó al intrépido Pidcock que se ha apuntado este lunes a la Volta. Ya tiene una Milán-San Remo, dos Tours de Flandes, tres triunfos en Lieja, cinco en Lombardía, dos Mundiales, un Giro y cuatro Tours. Es la historia pura y cristalina del ciclismo del siglo XXI.
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