A Cádiz había que ir y ganar. Ganar de verdad. Porque una cosa es decirlo y otra mucho más difícil, hacerlo. David Navarro lo logró en su estreno con un triunfo merecido, superando al rival en su propio campo, con varios argumentos futbolísticos interesantes y reabriendo, al menos un poco, esa puerta de la esperanza que parecía casi cerrada. Seguramente, el Cádiz que se encontró el Real Zaragoza fue el enemigo más propicio. Su momento era especialmente bajo. Pero había que ganar. Y el equipo ganó.
David Navarro consiguió la primera victoria en su primer partido de esta temporada en el banquillo. Fueron tres puntos imprescindibles para que el futuro todavía tenga sentido. No valía ni empatar. Fue también un triunfo que daba carpetazo al debate de la interinidad del entrenador. Este martes, la SAD hizo oficial que el técnico aragonés será el encargado de dirigir las trece jornadas que restan del campeonato.
Navarro se ganó ese derecho en Cádiz. A pesar de que la coyuntura es extremadamente crítica, el preparador aragonés está ante una oportunidad de oro en su carrera profesional: dirigir al Real Zaragoza es un honor y algo que no le sucede a cualquiera ni cualquier día. Por todo ello, su motivación será máxima, también por la complejidad del reto. Esa moneda tiene un envés: el equipo puede descender a Primera RFEF y una mancha así no se borra jamás de un currículum por muy imposible que fuera el imposible.
En Cádiz, Navarro utilizó a los futbolistas más comprometidos con la causa y apostó por dos hombres de ataque (Kodro, que será fundamental de aquí a finales de mayo, y Dani Gómez) junto a la creatividad de Rober y Hugo Pinilla. El resto eran habas contadas a la espera del regreso en condiciones de Keidi Bare. El equipo salió bien al campo, hincó el diente en la yugular de un rival malherido y totalmente confuso, le apretó cuando tocó e hizo gol. Con uno bastó aunque hubo alguna oportunidad para haber celebrado al menos otro.
La continuidad de Navarro ha sido la primera gran decisión de Lalo Arantegui. Se trata de un movimiento coherente con la situación, sobre todo tras la confianza recobrada con el 0-1 y por la buena actitud de la plantilla ante el relevo en el banco. Una vez que la vía de JIM se cerró, esta era la bala que la SAD debía usar de aquí a mayo. Si se puede hacer es con el corazón en la mano. No hay ninguna garantía de que vaya a salir bien, tampoco de que vaya a salir mal, simplemente el momento lo pedía. Ni Navarro ni Arantegui tendrán mucha responsabilidad si el barco finalmente se hunde. Pero sí tendrán todo que ver si milagrosamente consiguen reflotarlo.








