«Seguridad y solidez hoy para la transición de mañana»

Europa ha aprendido en los últimos años que la seguridad energética no es una variable secundaria en el proceso de transición, sino una condición indispensable para que esta sea viable. La reducción de emisiones es irrenunciable, pero debe caminar al mismo ritmo que la autonomía estratégica, la estabilidad del suministro y la competitividad industrial. Sin seguridad energética no hay política climática sostenible en el tiempo.

España cuenta con un sistema gasista que ejemplifica cómo la visión a largo plazo, la inversión sostenida y la excelencia en la gestión permiten construir infraestructuras robustas y preparadas tanto para la transición energética como para dar respuesta a escenarios críticos inesperados de oferta y demanda.

Los datos más recientes lo confirman. En 2025, la red gasista transportó 372 TWh, sumando consumo nacional y exportaciones, un 7,4% más que el año anterior. El mercado interior absorbió 331,4 TWh, reflejo de la importancia del gas en hogares, comercios e industrias y, por supuesto, la generación eléctrica. Y las exportaciones crecieron un 17,4%, consolidando a España como un nodo gasista clave en el contexto europeo.

Pero más allá de las cifras, lo relevante es la arquitectura técnica que lo hace posible: una elevada capacidad de regasificación, una red mallada y flexible de gasoductos de transporte y distribución de gas, una diversificación real de orígenes y un sistema de almacenamiento gestionado con rigor. Esta combinación permite absorber incrementos súbitos de demanda y responder ante situaciones operativas excepcionales sin comprometer la seguridad ni la calidad del suministro.

“Sin seguridad energética no hay política climática sostenible en el tiempo”

Joan Batalla

— Presidente de la Asociación Española del Gas (Sedigas)

El pasado año ofreció dos ejemplos claros. El 28 de abril, durante el denominado «cero eléctrico», la disponibilidad del sistema gasista fue decisiva para restablecer el equilibrio del sistema eléctrico y garantizar el funcionamiento de los ciclos combinados. Meses antes, la ola de frío elevó la demanda convencional de hogares e industria por encima de las previsiones. El suministro se cubrió con absoluta normalidad gracias a los niveles de reservas en los tanques de gas natural licuado (GNL) y en los almacenamientos subterráneos. Esa capacidad de respuesta no se improvisa: se planifica con tiempo.

La fiabilidad que hoy ofrece el sistema gasista español es el resultado de décadas de planificación, inversión y coordinación técnica. Es también una condición imprescindible para acompañar la descarbonización. Las redes actuales son la infraestructura sobre la que pueden integrarse progresivamente gases renovables como el biometano o el hidrógeno renovable, especialmente relevantes para sectores industriales donde las alternativas energéticas no son técnicamente viables o económicamente asumibles a corto plazo.

Por ello, la próxima revisión del modelo retributivo para el periodo 2027–2032 resulta determinante. El marco que adopte la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) no solo afectará a un sector concreto: condicionará la sostenibilidad económico-financiera de infraestructuras críticas y enviará señales claras a la inversión en modernización, digitalización e integración de nuevos vectores energéticos. Un entorno regulatorio estable, predecible y equilibrado no es una aspiración corporativa; es una garantía para los consumidores, la industria y la seguridad energética del país.

Preservar y fortalecer estas infraestructuras no simboliza anclarse en el pasado, significa dotarse de las herramientas necesarias para afrontar el futuro con mayor seguridad, con realismo, ambición y responsabilidad. La transición energética no puede construirse sobre la fragilidad ni sobre la obsolescencia prematura de activos estratégicos. Debe apoyarse en una adaptación progresiva y eficiente, sostenible para el sector gasista y asumible para los hogares y el tejido productivo nacional.

Reforzar la capacidad del sistema gasista para asegurar el suministro, contribuir a la descarbonización y sostener la competitividad industrial es una decisión de país. En ella se juega no solo el equilibrio energético, sino el bienestar económico y social de las próximas décadas.

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