¿Cómo será en un futuro el 8M? No se vayan dentro de muchos años. Solo dentro de tres o cuatro años. Este texto sería diferente según cuál de las dos opciones ocurra.
En una de ellas, este artículo podría decir que estamos más cerca de que deje de celebrarse este día porque la igualdad ha avanzado, ha disminuido el número de violaciones y mujeres asesinadas, o la conciliación ya no es una ilusión. La otra opción es que tenga que decir que hemos vuelto al pasado, que se han eliminado leyes feministas o, en caso de que no se eliminen, los presupuestos de sus partidas se han reducido a cero para que dejen de tener efecto. Una etapa en la que todo lo construido por nuestras abuelas, madres y compañeras durante tantos años acabe pisado de un plumazo. Todo esto, ante una sociedad en silencio, porque años antes ya les habían convencido en decenas de discursos, declaraciones y supuestos programas de entretenimiento cargados de desinformación contra los derechos, que todo esto debía de ser eliminado del Estado, porque la violencia machista era un invento.
No es exageración, es un panorama realista ante los datos que tenemos sobre la juventud, ante las encuestas electorales de aquí a un año vista y ante lo que ya estamos viendo en los países donde la derecha ultra tiene poder. Asumamos el desafío que tenemos enfrente. Porque vienen a atacar la ley del aborto y la ley de violencia de género. A hacernos creer que solo servimos si somos madres. A asfixiar a las madres con una conciliación imposible. A decir a las jóvenes que dejen de estudiar. A asegurar que somos exageradas. A cuestionar todos los servicios a las víctimas. A alimentar a la opinión pública de odio. A desinformar sobre el feminismo. A señalarnos y a decirnos que nos callemos. Porque la igualdad no es real, por mucho que lo repitan como justificación para sus planes futuros.
Y por mucho que digan, por mucho que intenten convencernos de lo contrario, por mucho que nos hagan dudar, espero que nunca perdamos la capacidad de ver la realidad tal y como es. Porque los asesinatos machistas continúan. Porque la ultraderecha amenaza con retrocesos. Porque no buscamos venganza, sino justicia. Porque queremos niñas libres y niños libres. Porque no queremos nuevas víctimas ni nuevos agresores. Porque la juventud merece referentes igualitarios. Porque el cuidado debe ser compartido. Porque nuestros cuerpos nos pertenecen. Porque la memoria importa. Porque la democracia exige igualdad real. Porque el miedo no puede ser norma. Porque el silencio no nos protege. Porque el futuro se construye hoy.
Apoyar el 8M no es un gesto simbólico vacío. En estos tiempos oscuros que vivimos es una declaración de principios. Es un acto de responsabilidad entre generaciones y de agradecimiento a las que dieron la cara por nosotras. Es un recordatorio de que los avances son frágiles. El futuro del 8M no se decidirá dentro de unos años, se decidirá ahora. Porque los derechos no desaparecen de golpe: desaparecen cuando dejamos de defenderlos.
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